CHAU, DESENCUENTROS

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En un par de horas, un par de abrazos, un buen asado uruguayo y buena voluntad, parece que las nubes de tormenta desaparecieron del cielo uruguayo-argentino. De pronto, vamos a la FIFA para organizar en conjunto el Campeonato Mundial 2030, para celebrar el triunfo celeste (y el vicecampeonato argentino) de 1930. De pronto, todos los problemas de construcción de la regasificadora desaparecen por el solo anuncio de que Argentina comprará el gas. De pronto, todo era cuestión de que se encontraran dos presidentes que sintieran en la piel la histórica hermandad. Ayer se reunieron Tabaré Vázquez y Mauricio Macri. Apenas un mes –casi– después de la salida de Cristina Fernández del poder, las relaciones bilaterales parecen retornar rápidamente al estadio anterior a Botnia (UPM). Antes de venir a Uruguay, Macri derogó la prohibición adoptada en noviembre de 2013 que impedía que los buques provenientes de puertos de la vecina orilla hicieran trasbordo en terminales uruguayas. Esta había provocado que el tráfico que venía habitualmente a Montevideo fuera a puertos de Río Grande del Sur. Y se decidió también trabajar en conjunto en el monitoreo ambiental de ríos y espacios comunes, mediante la creación de un laboratorio para control medioambiental que sirva también al Mercosur. Por otro lado, desde que se desmoronan las posibilidades de comercio con Brasil y China, Argentina vuelve a tomar relevancia para Uruguay a nivel de interés económico y comercial.  Más allá de los abrazos y las buenas definiciones, es claro que las cosas llevarán cierto tiempo para realmente normalizarse, pero este comienzo necesitaban las cosas e implican un notorio avance desde que durante la primera presidencia de Tabaré Vázquez surgieron los primeros desencuentros con el gobierno argentino, en 2005, entonces con la presidencia de Néstor Kirchner. Sin dudas, las maltrechas relaciones con Argentina, que solamente estaban bien para los discursos de los embajadores, necesitaban de voluntad política clara y concreta para recomponerse. Aliados desde el fondo de la historia, los países hermanos no podían pasar indefinidamente alejados, de la misma manera que en una familia siempre se terminan resolviendo los desencuentros, por aquello que la sangre tira. Quedan aún temas sin resolver y habrá para discutir por mucho tiempo. Uno de los más importantes: que se cancele el proyecto argentino de crear una nueva vía navegable, el llamado Canal Magdalena, que cambiaría la ruta fluvial en favor de Buenos Aires y, según algunos expertos, sería una sentencia de muerte para el puerto de Montevideo.  Uruguay, además y de todas maneras, deberá continuar diversificando mercados adonde vender porque la experiencia vivida no debe olvidarse. Pero, al menos, los hermanos volvemos a caminar por la misma senda. Y con suerte, dentro de algunos años, veremos el Mundial en casa, enfrentados únicamente en la cancha de fútbol.- (El Telégrafo)

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