El inquilino de las aguavivas: cangrejos sorprenden a bañistas en las playas de Punta del Este

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Medusas traen un visitante llamativo: unos cangrejos que viven en ellas. Mientras que no se ponga ningún dedo entre sus pinzas, nadie correrá peligro por más que el encuentro sea cercano. Esa es la única advertencia que hizo Fabrizio Scarabino, docente del Centro Universitario Regional del Este (CURE), sobre la aparición de unos cangrejos “grandes como una mano”, según dijo un bañista a El País, en las playas de Portezuelo y Punta del Este .

La semana pasada se habló de las resacas de algas ; luego se oyeron protestas por las medusas y ahora le toca el turno a los cangrejos, en particular, los pertenecientes a la especie Libinia spinosa. Cada uno de estos fenómenos responde a eventos naturales propios de los ecosistemas costeros, aunque aquel que quiere hacer playa, solo piense que le están arruinando el día. ¿Pero es mala suerte que aparezcan medusas y cangrejos al mismo tiempo? Scarabino da la respuesta: “Estos cangrejos viven asociados a las medusas que se identifican a veces con el borde violeta (llamadas aguaviva de la cruz o Lychnorhiza lucerna); tienen una relación simbiótica”. Aquel bañista de la descripción ya lo sospechaba. “Muchos cangrejos los veo debajo de las medusas”, dijo. Esto se explica porque ejemplares de L. lucerna albergan a L. spinosa dentro de sus espacios subgenitales. La hipótesis de los biólogos que los han observado en la costa uruguaya es que las medusas les brindan protección (los cangrejos son más vulnerables a la depredación en las etapas de su vida en la que tienen caparazón blando) y posible acceso a alimento a los cangrejos. No está claro el beneficio que reciben las aguavivas pero no son dañadas por sus huéspedes.

Simbióticos.

  1. lucerna es una clásica veraneante en Uruguay aunque no es bienvenida. Es una de las medusas más comunes, de toxicidad moderada, que causa molestias entre los bañistas cuando un leve roce hace que desenrollen el filamento que carga una sustancia tóxica y que funciona como un arpón. Pueden medir de cinco a 38 centímetros y su borde violeta azulado en la campana es característico. Su compañero simbiótico es aquel que los pescadores llaman “araña de mar” o “cangrejo araña”. Scarabino contó que es frecuente confundirlos con las centollas pero estas viven en zonas mucho más profundas, tienen un tamaño mayor y su color es diferente. “Es un cangrejo muy importante en las redes tróficas de las aguas costeras uruguayas. Muchas especies se alimentan de él”, señaló el experto. En cuanto a los beneficios relacionados con la alimentación, se ha sugerido que los cangrejos pueden alimentarse de organismos adheridos a la mucosa de los tentáculos, a las gónadas o a la campana de sus anfitriones. Algunos autores, además, sugieren que los cangrejos pueden ganar mayor movilidad y dispersión al convivir con las medusas, conservando energía que, de otra manera, gastarían en locomoción; este hecho no está comprobado.

Hace unos años, un grupo de biólogos del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras de Argentina y de la Universidad Nacional de Mar del Plata estudiaron la relación simbiótica entre ejemplares de Libinia spinosa y L. lucerna en el Río de la Plata (en costas argentinas y uruguayas). En el artículo científico que publicaron se lee que L. lucerna es una habitué del estuario desde fines de diciembre a mayo y generalmente se la encuentra cerca del fondo marino, donde los cangrejos se enganchan fácilmente.

Por su parte, las llamadas “araña de mar”, en su estado adulto, habitan en profundidades de entre dos a 15 metros.

Gelatinosas.

La L. lucerna no es el único animal gelatinoso que veranea en Uruguay. Quien haya pisado muchas Liriope tetraphylla recuerda la picazón que le ha amargado ese día de verano. Es la tapioca común, una medusa que no supera los tres centímetros de diámetro. También se encuentran ejemplares de Chysaora lactea y de Physalia physalis o fragata portuguesa, fácilmente reconocibles por su color azul intenso y tentáculos que pueden alcanzar los 10 metros. Su encuentro no es apetecible puesto que su toque provoca un dolor intenso. La Velella velella (velita) y la Porpita porpita (monedita del mar) son similares a la fragata portuguesa pero más chicas (de uno a cuatro centímetros), del mismo color pero inofensivas. El aumento de medusas en las playas de Maldonado ha sido significativo durante los últimos días. “Es muy probable que en Uruguay tengamos poblaciones de L. lucerna que estén cumpliendo todo el ciclo de vida aquí y las condiciones de agua cálida y alta salinidad les favorezca y aparezcan en grandes cantidades”, dijo a El País Valentina Leoni, magíster de la Universidad de la República. Leoni, experta en medusas, agregó: “Faltan muchos estudios para determinar si hay una sola población de L. lucerna o varias poblaciones, ya que la especie se distribuye en toda la costa de Brasil y llega hasta Argentina”. La temperatura es un factor clave. Durante el verano, la intrusión de aguas cálidas superficiales aumenta debido a una mayor influencia de aguas de la Corriente de Brasil y una menor descarga del Río de la Plata. Esto es un fenómeno natural. No obstante, el aumento de la temperatura media, que podría asociarse al cambio climático, puede favorecer la reproducción de las aguavivas y la llegada de especies como la Tamoya haplonema o cubomedusa. Otro factor que incide en el aumento de medusas es la sobrepesca. Estas consumen larvas de peces o pequeños crustáceos. Al sacar un competidor del mar, las medusas tienen más alimento disponible: comen más, crecen más, se reproducen más. Al mismo tiempo, las construcciones humanas cercanas a la orilla o inclusive los barcos hundidos les ofrecen una superficie dura para que se sujeten los pólipos. ¿Y qué sucede con la contaminación? En algunas zonas como sistemas lagunares o costas muy contaminadas, el agua se vuelve más turbia. Las medusas tienen la ventaja frente a los peces, ya que no buscan visualmente a su presa. Algunas especies, incluso, soportan bajos niveles de oxígeno. https://www.elpais.com.uy/

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