Salven a nuestras toninas: la captura incidental amenaza al delfín en mayor peligro de extinción del Atlántico suroccidental

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Un trabajo que resume 20 años de investigación sobre esta especie sugiere un plan para su conservación y advierte especialmente sobre su situación en la Laguna de los Patos y el sur de Brasil, cuya población se conecta con las toninas residentes en Uruguay. Éramos felices y no lo sabíamos. Los uruguayos que pasamos los veranos de la infancia en los años 70 y 80 en la costa de Canelones vivíamos meses de calor en balnearios arbolados que se recostaban sobre el mar, con playas de arena blanca y fina que se extendían como sábanas anchísimas por decenas de kilómetros. En sus aguas se formaban comúnmente bancos de arena, revelados por una segunda línea de olas en la que, después de nadar unos cuantos metros, podías hacer pie igual que en la orilla. Detrás de aquellos bancos, a muy poquita distancia, solían aparecer las aletas de las toninas. Crecimos pensando que aquello era normal y que las toninas nos visitarían siempre, pero a partir de la década de 1990 todo cambió: la mayoría de los balnearios de la Costa de Oro se transformaron en ciudades-dormitorio, los pinos fueron cortados, los montes loteados, los cantos de las ranas menguaron y las toninas desaparecieron. No sabíamos realmente qué habíamos perdido. Por aquel entonces, creíamos que la tonina era una especie de delfín abundante, la misma que protagonizaba la serie de televisión Flipper (el delfín nariz de botella, Tursiops truncatus) y que se usa aún en los acuarios más famosos del mundo. En realidad, carecíamos de conocimientos para entender que teníamos la suerte de nadar con el delfín más amenazado del Atlántico suroccidental y que éramos testigos de un proceso de desplazamiento cuyas causas aún se desconocen. La desaparición de las toninas del Río de la Plata es solo uno de los secretos que guardan estos animales, a los que empezamos a ver con nuevos ojos desde que descubrimos que no son lo mismo que sus hermanas famosas que habitan aguas templadas y tropicales de todos los océanos del planeta.

El primero en darse cuenta de que había suficientes particularidades en las toninas costeras como para considerarlas una especie distinta fue el naturalista francés Fernando Lahille, radicado en Argentina, que en 1908 examinó dos ejemplares hallados en el Río de la Plata y los comparó con los de un espécimen de Tursiops truncatus capturado en aguas británicas. Notó las diferencias en la forma y tamaño de la cabeza, el cuerpo y la aleta dorsal, entre otras características. “No sería extraño que existiera una forma especializada frente al Río de la Plata”, escribió astutamente, y la bautizó como Tursiops gephyreus (el epíteto significa “puente”, ya que la consideraba una especie “intermedia” entre los géneros Tursiops y Sotalia). Sin embargo, hubo que esperar a 2018 para que el Comité Científico de la Comisión Ballenera Internacional la reconociera “oficialmente” al menos como subespecie, a la que se llama Tursiops truncatus gephyreus. Para nosotros siempre serán toninas, aunque el resto del mundo les llame delfines de nariz de botella de Lahille. La discusión no termina allí. Para muchos científicos y científicas, entre ellos varios investigadores que desde 2002 trabajan para su conservación en el Proyecto Toninas, se trata claramente de una especie distinta, no una subespecie (es decir, Tursiops gephyreus). Y es además una especie que está en serios problemas.

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