Mortandad inusual de ballenas en Península Valdés: investigan dos posibles amenazas y buscan determinar el alcance del fenómeno

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La temporada 2026 de ballena franca austral en Península Valdés atraviesa un escenario sanitario inusual, con un incremento de la mortalidad de ballenatos y la aparición, durante las últimas semanas, de ejemplares juveniles y adultos muertos en distintos sectores de la costa de Chubut. Los registros preliminares indican que el fenómeno podría superar ampliamente antecedentes históricos, aunque todavía no existe una cifra definitiva ni una causa única confirmada.

El Instituto de Conservación de Ballenas (ICB), a través de su Programa de Monitoreo Sanitario de Ballena Franca Austral, advirtió en septiembre que la cantidad de crías muertas observada durante 2026 podría configurar un evento de una magnitud superior al máximo registrado hasta entonces: 113 ballenatos muertos en 2012. La institución señaló que será necesario consolidar el número de ejemplares y relacionarlo con la cantidad de nacimientos de esta temporada para dimensionar correctamente el impacto sobre la población.

Durante octubre, además, comenzaron a registrarse casos de ejemplares juveniles y adultos, un elemento que adquiere especial importancia para los investigadores porque podría responder a mecanismos diferentes de los que afectan a las crías.

Una mortandad que presenta dos patrones

Uno de los principales aspectos que estudian los equipos científicos es la diferencia entre las muertes de los ballenatos y las de los ejemplares de mayor edad.

En el caso de las crías, una de las líneas de investigación está relacionada con la bacteria Erysipelothrix rhusiopathiae, un microorganismo que puede provocar infecciones sistémicas graves. El antecedente científico más relevante en Península Valdés corresponde a investigaciones realizadas sobre ballenatos durante temporadas anteriores.

La doctora Carla Fiorito, del Centro para el Estudio de los Sistemas Marinos (CESIMAR-CONICET), identificó en un estudio publicado en 2016 la presencia de esta bacteria en lesiones asociadas a ataques de gaviotas en dos ballenatos examinados durante la temporada 2013. Sin embargo, el propio Instituto de Conservación de Ballenas advierte que aquel trabajo no permitió demostrar que la infección hubiera sido la causa de muerte de esos animales.

Las lesiones provocadas por las aves podrían constituir una vía de entrada para microorganismos, pero los investigadores buscan establecer qué factores ambientales, epidemiológicos o relacionados con la condición de los animales podrían estar favoreciendo actualmente las infecciones y su gravedad.

Víctor Fratto, licenciado en gestión ambiental y uno de los profesionales que participa en las necropsias del Programa de Monitoreo Sanitario, explicó que la bacteria constituye un antecedente conocido y que los ejemplares jóvenes pueden resultar particularmente vulnerables debido al menor desarrollo de su sistema inmunitario.

Marea roja, una de las hipótesis para adultos y juveniles

En los ejemplares juveniles y adultos la investigación apunta principalmente hacia otra posibilidad: la exposición a biotoxinas producidas por floraciones algales nocivas, conocidas habitualmente como «marea roja».

Estas floraciones se producen cuando determinadas microalgas alcanzan concentraciones elevadas y algunas especies liberan toxinas que pueden ingresar en la cadena alimentaria. Especialistas del CESIMAR-CONICET explicaron que en los golfos patagónicos la biomasa del fitoplancton alcanza habitualmente uno de sus máximos durante la primavera, período que coincide con una mayor disponibilidad de alimento para las ballenas francas australes.

El mecanismo que se analiza es el de transferencia de las toxinas a través de la alimentación. Las ballenas consumen zooplancton y este, a su vez, se alimenta de fitoplancton. Cuando intervienen organismos productores de toxinas, estas pueden acumularse en distintos niveles de la cadena trófica y llegar finalmente a los cetáceos.

El antecedente de 2022 resulta especialmente relevante. En aquella temporada, los estudios realizados por el Programa de Monitoreo Sanitario detectaron toxinas paralizantes asociadas con una floración algal nociva y valores elevados de biotoxinas en moluscos bivalvos y plancton del Golfo Nuevo.

Por esa razón, los científicos están analizando nuevamente esta hipótesis en 2026, aunque por el momento no corresponde afirmar que la marea roja sea la causa de las muertes.

Análisis de agua, organismos y tejidos

El operativo científico incluye necropsias de los animales encontrados en condiciones adecuadas, extracción de muestras y relevamientos de la costa destinados a establecer con precisión la cantidad de ejemplares afectados y evitar duplicaciones.

A estos estudios se incorporó el análisis del contenido estomacal de algunos ejemplares, con el objetivo de identificar los organismos presentes y determinar si existen microalgas potencialmente productoras de biotoxinas. También se enviaron muestras de tejidos al Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP) para investigar la eventual presencia de toxinas en los organismos de las ballenas.

En paralelo, el esquema de monitoreo prevé tomar muestras de agua y moluscos en los golfos Nuevo y San José. La información permitirá comparar las condiciones ambientales con los resultados obtenidos en las necropsias y determinar si existe una relación entre las características del ambiente y la mortalidad observada.

Los tiempos de laboratorio son otro factor que impide establecer por ahora una conclusión definitiva. Algunas muestras presentan distintos grados de deterioro debido al tiempo transcurrido desde la muerte hasta el varamiento, mientras que determinados análisis pueden requerir varias semanas.

El Niño y las condiciones ambientales también están bajo estudio

Los investigadores también consideran la posibilidad de que las condiciones oceanográficas y climáticas hayan contribuido indirectamente al fenómeno.

El comportamiento de variables ambientales puede modificar la disponibilidad de alimento, las características físicas y químicas del agua o las condiciones que favorecen determinadas floraciones algales. El fenómeno de El Niño forma parte de las variables que están siendo evaluadas, aunque los especialistas remarcan que todavía no existe evidencia suficiente para establecer una relación causal directa con la mortandad de 2026.

En ese sentido, la investigación procura determinar si existe una combinación de factores ambientales y biológicos capaz de explicar por qué durante esta temporada se observa una mortalidad particularmente elevada.

Un fenómeno que debe analizarse en perspectiva poblacional

La ballena franca austral (Eubalaena australis) es una especie longeva y de reproducción relativamente lenta. La población que utiliza Península Valdés como área de reproducción y cría ha mostrado un crecimiento sostenido durante las últimas décadas.

Los relevamientos del Laboratorio de Mamíferos Marinos del CESIMAR-CONICET muestran que la población visitante pasó de alrededor de 500 ejemplares a fines de la década de 1990 a cifras considerablemente mayores en los últimos años. En 2025 se alcanzó un máximo de 2.110 individuos contabilizados durante los relevamientos, de los cuales 816 eran crías.

Ese crecimiento constituye un elemento importante para interpretar la mortandad actual. El número absoluto de animales muertos es un indicador relevante, pero no permite por sí solo determinar cuál será la consecuencia demográfica del episodio.

El Instituto de Conservación de Ballenas señala que, debido a la longevidad de la especie y a que la mayoría de los individuos alcanza la madurez reproductiva alrededor de los nueve años, las consecuencias de un episodio de mortalidad no pueden evaluarse únicamente a partir de las cifras de una temporada. Es necesario analizar los datos durante períodos más prolongados y en una escala espacial amplia.

Por el momento, la investigación continúa abierta. La prioridad de los equipos científicos es establecer con precisión cuántos animales murieron, diferenciar los patrones de mortalidad según edad y condición, identificar los agentes patógenos o toxinas presentes y determinar qué condiciones ambientales pudieron haber contribuido al episodio.

Mientras avanzan los estudios, las autoridades y los especialistas recomiendan no acercarse ni tocar ballenas varadas, estén vivas o muertas, y mantener alejadas a las mascotas. Además de representar un riesgo sanitario, la manipulación de los ejemplares puede interferir con las tareas científicas destinadas a determinar las causas de la mortandad.

Nota de contexto: la cifra de más de 300 ejemplares que circula actualmente debe manejarse como estimación preliminar o extraoficial, no como un número oficial cerrado. El ICB ha confirmado que los registros preliminares de 2026 apuntan a una escala superior al récord de 113 ballenatos registrado en 2012, pero señala que la consolidación del dato requiere relevamientos sistemáticos y el cierre de la temporada.

 

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