El incidente ocurrido frente a Rosario entre el buque panameño “Ginga Bobcat” y un convoy de 12 barcazas empujadas por el remolcador boliviano “HB Perseus”, que navegaba con destino a San Nicolás de los Arroyos, continúa siendo materia de investigación, aunque ya comenzaron a conocerse precisiones técnicas sobre lo ocurrido.
En diálogo con Visión Marítima, el Capitán de Marina Mercante y referente en Seguridad para la Navegación Alejandro Kalfayan aclaró varios aspectos que generaron confusión tras la difusión de videos y versiones preliminares del accidente fluvial registrado en la Vía Navegable Troncal del río Paraná.
Uno de los primeros puntos desmentidos fue la versión que indicaba que “el buque se había partido” tras el impacto. Según explicó, lo que realmente ocurrió fue la ruptura del tren de barcazas, algo esperable en este tipo de convoyes cuando se produce una colisión.
“El convoy estaba compuesto por 12 barcazas cargadas con mineral de hierro unidas mediante lingas de acero. Cuando un tren de barcazas impacta contra un objeto fijo o un buque, esas uniones pueden cortarse y las barcazas dispersarse”, señaló.
Además, remarcó que este sistema de empuje y amarre es utilizado internacionalmente, incluso en vías navegables de gran tráfico como el río Mississippi, en Estados Unidos.
Afortunadamente, ninguna de las barcazas se hundió ni perdió carga, y tampoco se registraron heridos, derrames de hidrocarburos ni contaminación ambiental.
El “Ginga Bobcat” estaba correctamente fondeado
Otro de los aspectos aclarados fue la situación del buque “Ginga Bobcat”, ya que en redes sociales y algunos medios surgieron dudas sobre si se encontraba fondeado o navegando al momento del impacto.
De acuerdo con el marino mercante, el buque estaba correctamente anclado en la denominada “Rada Rosario Norte”, un área habilitada específicamente para fondeo de embarcaciones a la espera de práctico, autorización de ingreso o salida portuaria.
“Si se observa bien el video puede verse claramente la cadena del ancla”, sostuvo.
También indicó que en ese sector el ancho de la vía navegable permite normalmente el cruce y franqueo seguro de embarcaciones, por lo que no existiría, en principio, un problema estructural relacionado con el canal de navegación.
La maniobra previa que habría desencadenado el incidente
Según la reconstrucción preliminar, el convoy de barcazas navegaba aguas abajo luego de franquear el puente Rosario-Victoria, una maniobra considerada delicada por las corrientes del Paraná.
Explicó además que navegar río abajo resulta más complejo debido a que la corriente empuja constantemente a las embarcaciones, reduciendo su capacidad de mantener el rumbo con precisión.
En ese contexto, el capitán del convoy habría coordinado por radio —junto al práctico de otro buque que también descendía por el canal— una maniobra habitual de cesión de paso.
Para permitir el sobrepaso seguro del otro buque, el remolcador redujo momentáneamente la potencia de máquinas. Esa disminución de velocidad habría provocado una pérdida parcial de gobierno sobre el convoy, permitiendo que la corriente desplazara las barcazas hacia el centro del canal hasta impactar contra el “Ginga Bobcat”.
“El barco no se quedó sin gobierno totalmente, pero sí con poco gobierno. Ahí empieza a actuar con fuerza la corriente y ya no logra recuperar el rumbo a tiempo”, explicó.
También destacó que todas las coordinaciones de navegación son realizadas mediante comunicaciones radiales grabadas y monitoreadas por los sistemas de control de tráfico de la Prefectura Naval Argentina.
“Una desgracia con suerte”
Aunque el episodio generó preocupación por las imágenes difundidas y por el antecedente reciente del mismo buque —que días atrás había protagonizado otra colisión menor en Campana—, consideró que el desenlace pudo haber sido mucho más grave.
Entre los riesgos potenciales mencionó el hundimiento de alguna barcaza cargada, contaminación ambiental, impactos contra otras embarcaciones o daños sobre la costa.
Sin embargo, destacó que la rápida recuperación de las barcazas a la deriva evitó consecuencias mayores.
“Fue una desgracia con suerte”, resumió, al remarcar que no hubo víctimas, contaminación ni afectación severa para la navegación en el principal corredor fluvial de la región.



