Alerta climática: la corriente marina de la Antártida se está frenando antes de lo previsto

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Entre 1992 y 2017 la velocidad de estas aguas se ha ralentizado un 30%, descubren los científicos.  Es una corriente básica para el resto de los océanos y el equilibrio climático en el planeta. La corriente marina que circula en el fondo de la Antártida se está frenando. Es un fenómeno que no se ve, pero que puede tener consecuencias devastadoras. Entre 1992 y 2017 la velocidad a la que discurren estas aguas, conocidas como aguas de fondo antártico (AABW en inglés) se ha reducido ya un 30%. Se trata de una circunstancia que ya está afectando a la disponibilidad de oxígeno en el fondo marino y que está desconectando poco a poco a esta región del resto del planeta. Esta desaceleración implica, por ello, profundas consecuencias en el clima, en el nivel del mar y en la vida marina. El freno de esta corriente del fondo antártico, que se planteaba como uno de los muchos peligros derivados del cambio climático, está sucediendo mucho antes de lo previsto. Así lo señala un grupo de investigación internacional que, en un estudio publicado en Nature Climate Change, ha advertido del efecto mariposa que este parón de la corriente puede tener en el resto del planeta. La corriente de la Antártida mueve trillones de toneladas de agua fría, densa y rica en oxígeno desde su plataforma continental hasta las profundidades del océano, como si fuera una gran cascada submarina. Luego, esta ‘agua de fondo’ antártica se extiende hacia el norte a través de los océanos Pacífico, Índico y Atlántico, a lo largo del lecho marino y a través de corrientes oceánicas profundas, antes de volver a ascender lentamente, a miles de kilómetros de distancia. Al igual que el pulmón bombea oxígeno a la sangre, la AABW redistribuye temperatura, carbono, oxígeno y nutrientes por todo el planeta. Por tanto, su funcionamiento es vital para mantener en buen estado el funcionamiento del clima y de los ecosistemas. También es la principal vía por la que el oxígeno llega a las profundidades del océano.

Las consecuencias de este hecho

Son varias las consecuencias de esa desaceleración. Por un lado, puede trastocar el sistema climático, por otro reducir el espacio habitable de las especies y, en última instancia, es capaz de limitar la capacidad del océano para ejercer como sumidero de carbono, lo que, en consecuencia, repercute en el actual proceso de cambio climático. Los científicos ya habían estimado que esta podría ser una de las consecuencias del cambio climático, pero nunca imaginaron que empezaría a ocurrir décadas antes de lo previsto. “La desaceleración puede interrumpir la conexión entre las costas antárticas y las profundidades del océano”, revelan los autores de esta investigación en un artículo en The Conversation donde divulgan sus resultados.

Ya se ha reducido un 30%

En concreto, los datos analizados muestran que en las últimas tres décadas la circulación de esta corriente se ha reducido casi un tercio (30%). Y ya tiene consecuencias, pues los niveles de oxígeno profundo ya se han visto mermados, tal y como predecían los modelos. Detrás de esta circunstancia está el propio deshielo que está sufriendo la región -fruto también del cambio climático-. Y es que el agua que se forma al derretirse el hielo se encuentra a menor temperatura que la que se encuentra normalmente en la superficie. “Las aguas más frías son menos densas y, por lo tanto, menos propensas a hundirse, lo que frena la circulación marina”, explican los científicos. En otras palabras, la capa de agua profunda y fría que es rica en oxígeno va siendo reemplazada por aguas más cálidas con menos oxígeno.

Sin oxígeno y con más CO2

La falta de oxígeno tiene implicaciones en toda la vida marina. Pues si bien la fauna de las profundidades oceánicas está adaptada a vivir en condiciones en las que el oxígeno escasea, no es lo mismo tener poco que no tener nada. Sin oxígeno suficiente las zonas habitables se van a ir reduciendo -se calcula que hasta un 25%- y las especies abisales se verán obligadas a adaptarse, desplazarse o morir. Pero los problemas no solo afectan a esta región concreta del mundo. Si la corriente se frena, también se convertiría en un elemento potenciador del cambio climático. Y es que, además de oxígeno y calor, la Corriente del Vuelco transporta dióxido de carbono por las profundidades del océano. Una vez allí se almacena y se elimina de la atmósfera. Sin embargo, a medida que se reduzca esa capacidad de almacenamiento del océano, más CO2 quedará en la superficie, lo que retroalimentará el calentamiento global. Se espera que la pérdida de hielo de la Antártida continúe, incluso se acelere, a medida que el planeta se calienta. “Estamos casi seguros de cruzar el umbral de calentamiento global de 1,5 ℃ para 2027”, señalan los firmantes del estudio. na mayor pérdida de hielo significará que el agua superficial se enfríe más y se mezcle menos. Por lo tanto, la desaceleración de esta corriente y sus consecuencias, se intensificarán. Y como insisten los investigadores, “las consecuencias de una desaceleración no se limitarán a la Antártida”. La circulación de vuelco se extiende por todo el océano global y un colapso de esta índole, solo empeorará la crisis climática. https://www.informacion.es/

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