A poco más de 70 km de São Paulo, el puerto de Santos, el más grande de América Latina, mueve el 30 % del comercio exterior de Brasil y envía un 22 % de sus exportaciones a Estados Unidos. Ahora, enfrenta un momento de incertidumbre: el presidente Donald Trump anunció un arancel del 50 %, encendiendo la alarma en la industria brasileña.
Los productos más afectados son verdaderos símbolos de la exportación: café y jugo de naranja. Por Santos pasa el 74 % del café y el 95 % del jugo de naranja de Brasil, y casi el 60 % de la naranja que beben los estadounidenses viene de estas costas. Con el nuevo arancel, la tonelada de jugo podría subir de 1.600 a 2.400 dólares. Aunque el presidente de la Autoridad Portuaria de Santos, Anderson Pomini, reconoce que el impacto será inmediato, confía en la capacidad de Brasil para encontrar nuevos compradores y ajustar su logística. Mientras tanto, algunas empresas se apresuran a adelantar embarques para evitar pagar el nuevo impuesto.
El gobierno brasileño, encabezado por Lula da Silva, busca negociar para frenar la medida. Pero si no hay acuerdo, ya anunció que responderá con aranceles similares. En medio de viejos barcos y modernos cargueros refrigerados, el puerto de Santos sigue siendo un gigante que, entre la preocupación y la esperanza, mantiene su proa firme hacia nuevos horizontes.
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