El super El Niño amenaza la navegación amazónica y puede encarecer la logística fluvial en Brasil

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El fenómeno climático podría alcanzar una intensidad excepcional entre octubre y diciembre y generar condiciones más secas en el norte de Brasil. Una eventual caída de los niveles de los ríos podría limitar calados, reducir la capacidad de carga de las embarcaciones y aumentar los costos de una red logística fundamental para la Amazonía.

La navegación por la cuenca amazónica comienza a mirar con atención la evolución de un factor que puede determinar buena parte de su actividad durante los próximos meses: el fortalecimiento de El Niño.

Las proyecciones climáticas disponibles a mediados de agosto anticipan una intensificación del fenómeno durante la primavera austral, con posibilidades de alcanzar una magnitud excepcional hacia finales de 2026.

Para el transporte fluvial brasileño, el riesgo se concentra especialmente en el norte del país. Las condiciones más secas previstas para parte de la Amazonía pueden traducirse en una disminución de los niveles de los ríos y, con ello, en restricciones para la navegación.

El problema es directo: cuando baja el nivel del agua, también disminuye el calado disponible para las embarcaciones.

Eso puede obligar a reducir la cantidad de carga transportada por cada barcaza, modificar itinerarios, incrementar la cantidad de viajes necesarios y elevar los costos logísticos.

EL AGUA ES LA INFRAESTRUCTURA DE LA AMAZONÍA

En buena parte de la Amazonía brasileña, los ríos cumplen una función equivalente a carreteras y ferrocarriles.

Por sus vías navegables circulan alimentos, combustibles, productos industriales, materiales de construcción y bienes destinados a comunidades que cuentan con conexiones terrestres limitadas.

Los ríos también permiten transportar grandes volúmenes de producción agrícola desde las regiones interiores hasta los puertos del norte.

Por eso, una reducción importante de los niveles hidrológicos no representa únicamente un fenómeno ambiental.

También constituye un problema de infraestructura y logística.

Cuando disminuye la profundidad de un río, una embarcación que normalmente opera con determinada carga puede verse obligada a navegar parcialmente cargada.

El efecto acumulativo puede ser considerable: para movilizar el mismo volumen de mercancías se necesitan más viajes y más tiempo operativo.

EL ANTECEDENTE DE 2023

Brasil todavía tiene presente lo ocurrido durante la severa sequía de 2023.

La caída de los niveles de los principales ríos amazónicos afectó la navegación, complicó el abastecimiento de numerosas comunidades y generó dificultades para el transporte de mercancías.

En determinados corredores, las embarcaciones tuvieron que reducir sus cargas para adaptarse a las condiciones de profundidad.

La experiencia demostró que las dificultades pueden comenzar mucho antes de que una vía fluvial quede completamente cerrada.

Primero aparecen restricciones de calado.

Después disminuye la capacidad de carga.

Más tarde aumentan los tiempos y costos de transporte.

Y, si las condiciones continúan deteriorándose, determinados tramos pueden dejar de ser operativos para embarcaciones de mayor porte.

Ese antecedente es uno de los principales motivos por los que el nuevo episodio climático genera preocupación.

LAS BARCAZAS AGRÍCOLAS, ENTRE LAS MÁS EXPUESTAS

Uno de los sectores que observa con mayor atención la evolución de los niveles de los ríos es el agroexportador.

Brasil utiliza sus corredores fluviales para transportar grandes volúmenes de soja y maíz desde las regiones productoras del centro-oeste hacia las terminales portuarias del norte.

El sistema del río Tapajós es particularmente importante dentro de esa estructura.

La vía conecta zonas productoras con terminales desde las cuales los granos pueden continuar hacia los mercados internacionales.

Una reducción del calado disponible puede afectar directamente la cantidad de carga que cada convoy puede transportar.

El resultado sería una menor eficiencia del corredor.

Si una barcaza que habitualmente moviliza determinado volumen debe reducir su carga, será necesario aumentar la cantidad de viajes para trasladar la misma producción.

Eso repercute sobre combustible, tripulaciones, tiempos de navegación y costos operativos.

EL PROBLEMA TAMBIÉN PUEDE LLEGAR A LOS PUERTOS

Los efectos de una eventual sequía amazónica no necesariamente terminarían en los ríos.

También podrían alcanzar a los terminales portuarios del norte brasileño.

Los puertos que reciben cargas procedentes de los corredores fluviales dependen de un flujo constante de mercancías.

Si la navegación pierde capacidad, puede producirse una alteración en los volúmenes que llegan a las terminales.

En el caso de los productos agrícolas, una menor capacidad de transporte durante períodos de cosecha puede generar acumulación de producción en las zonas interiores.

Al mismo tiempo, los puertos pueden recibir los cargamentos con una frecuencia diferente a la prevista originalmente.

La hidrología termina así influyendo sobre una cadena que comienza cientos de kilómetros río arriba y termina en un buque oceánico.

EL COMBUSTIBLE ES OTRO PUNTO CRÍTICO

La importancia de los ríos amazónicos también aparece en el suministro de combustibles.

Numerosas localidades de la región dependen del transporte fluvial para recibir diésel, gasolina y otros productos energéticos.

En áreas aisladas, esos cargamentos son fundamentales para el funcionamiento del transporte local, la maquinaria, los servicios públicos y los sistemas de generación eléctrica.

Una reducción prolongada de los niveles de los ríos puede dificultar la llegada de embarcaciones con suficiente carga.

Ante una eventual situación de este tipo, los operadores pueden verse obligados a anticipar despachos, aumentar inventarios locales o utilizar embarcaciones con menor calado.

La planificación previa adquiere entonces una importancia decisiva.

MÁS PRESIÓN SOBRE EL TRANSPORTE TERRESTRE

Cuando el transporte fluvial pierde capacidad, una parte de la carga puede intentar trasladarse hacia las carreteras.

Pero esa alternativa no siempre existe o resulta económicamente viable.

La Amazonía presenta enormes distancias, infraestructura vial limitada y zonas donde el transporte terrestre es considerablemente más costoso.

El transporte por río tiene precisamente una ventaja estructural: permite movilizar grandes cantidades de mercancías con un costo por unidad relativamente bajo.

Si esa capacidad disminuye, las alternativas disponibles son más caras.

Por eso, una sequía que comienza en la cuenca puede terminar afectando el precio final de productos y servicios en localidades alejadas.

NO TODA LA AMAZONÍA RECIBIRÁ EL MISMO IMPACTO

El comportamiento de El Niño no es uniforme.

El fenómeno modifica los patrones de precipitación y temperatura de manera diferente según la región.

Mientras determinadas zonas del sur de Brasil y otros países del Cono Sur pueden registrar períodos con mayores precipitaciones, el norte brasileño enfrenta perspectivas más secas.

Esta distribución desigual es especialmente importante para el transporte fluvial.

Una crecida extraordinaria puede generar problemas en determinados corredores por exceso de agua, mientras que una sequía puede producir restricciones en otros.

La planificación de la navegación depende, por tanto, de un seguimiento permanente de las condiciones hidrológicas.

EL TAPAJÓS EN EL CENTRO DE LA ATENCIÓN

El corredor del Tapajós adquiere especial importancia por el crecimiento de los volúmenes agrícolas que utiliza esta vía.

La conexión entre las zonas productoras del centro-oeste y los terminales portuarios del norte permitió reducir distancias terrestres y mejorar la competitividad de las exportaciones.

Pero esa ventaja depende de una condición básica: que exista suficiente profundidad para mantener la navegación.

La posibilidad de un período seco más intenso obliga a prestar especial atención a los puntos donde históricamente aparecen restricciones de calado.

El desafío para los operadores será mantener la continuidad de los servicios sin comprometer la seguridad de las embarcaciones.

UN RIESGO QUE SE SUMA A OTROS PROBLEMAS LOGÍSTICOS

El eventual impacto de El Niño llega además en un momento en que el transporte marítimo y fluvial latinoamericano enfrenta otros desafíos.

Los operadores están lidiando con variaciones en los costos de combustible, cambios en las rutas internacionales, congestión en determinados puntos y una creciente necesidad de adaptar las cadenas logísticas a fenómenos climáticos extremos.

La Amazonía agrega una particularidad: el propio medio por el que se transportan las mercancías puede cambiar de manera significativa según las condiciones meteorológicas.

Una carretera puede sufrir daños por una inundación, pero un río puede perder capacidad de transporte simplemente porque tiene menos agua.

Esa dependencia hace que la planificación sea especialmente compleja.

PANAMÁ Y AMAZONAS, DOS CORREDORES DEPENDIENTES DEL AGUA

La evolución de El Niño permite observar un fenómeno llamativo a escala regional.

El Canal de Panamá también depende de la disponibilidad de agua dulce para mantener sus operaciones.

En los últimos años, las autoridades panameñas tuvieron que administrar cuidadosamente el recurso hídrico debido a períodos de sequía.

En la Amazonía, la situación es diferente porque se trata de una red natural de ríos y no de un canal artificial.

Sin embargo, existe un elemento común: el agua determina la capacidad de transporte.

En Panamá, la disponibilidad del recurso condiciona el número y las características de los buques que pueden atravesar el canal.

En la Amazonía, determina el calado y la cantidad de carga que pueden transportar las embarcaciones fluviales.

Dos sistemas logísticos completamente diferentes pueden quedar expuestos, por lo tanto, a una misma variable climática.

TODAVÍA ES UNA AMENAZA, NO UNA CRISIS GENERALIZADA

La precisión es importante.

A mediados de agosto, las previsiones apuntan a un riesgo creciente para la Amazonía, pero no existe todavía una paralización generalizada de la navegación atribuible al nuevo episodio de El Niño.

El mayor desafío está en anticiparse.

Si las condiciones secas se intensifican durante los próximos meses, los operadores tendrán que ajustar progresivamente sus planes en función de los niveles de los ríos.

La experiencia de 2023 ofrece un antecedente concreto sobre las consecuencias que puede tener una sequía extrema.

Por eso, el seguimiento hidrológico será tan importante como las propias previsiones meteorológicas.

LA PREPARACIÓN SERÁ DETERMINANTE

Las empresas de navegación y logística pueden adoptar diferentes medidas para reducir el impacto de una eventual caída de los niveles.

Entre ellas aparecen la programación anticipada de cargas, el uso de embarcaciones con menor calado, la redistribución de mercancías y el aumento preventivo de inventarios en determinadas localidades.

Para los productos esenciales, especialmente combustibles y alimentos, esa planificación puede marcar la diferencia entre una dificultad operativa y una interrupción del abastecimiento.

Para las exportaciones agrícolas, en cambio, será fundamental coordinar la salida de la producción con la capacidad efectiva de los corredores fluviales.

LA AMAZONÍA DEPENDE DE SUS RÍOS

El posible fortalecimiento de El Niño vuelve a poner en evidencia una vulnerabilidad estructural de la logística amazónica.

Los ríos son una de las principales infraestructuras de transporte de la región, pero también son infraestructuras cuyo funcionamiento depende directamente del clima.

Si el nivel del agua disminuye, se reduce la capacidad logística.

Si la reducción es suficientemente intensa y prolongada, los efectos pueden alcanzar a las comunidades, la generación eléctrica, el abastecimiento de combustibles, la agricultura y las exportaciones.

Por ahora, el desafío consiste en anticiparse a ese escenario.

El próximo período de aguas bajas será una prueba para la capacidad de Brasil de mantener operativa una red fluvial que resulta indispensable para la Amazonía y que, al mismo tiempo, tiene un peso cada vez mayor en la logística y el comercio exterior del país.

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