Cuatro vehículos de superficie no tripulados recorrerán miles de millas en el Pacífico tropical para medir en tiempo real las condiciones del océano y la atmósfera. La misión busca comprender los procesos que están impulsando el fortalecimiento de un episodio de El Niño que podría encontrarse entre los más intensos registrados.
6 de septiembre de 2026 – La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) puso en marcha una nueva misión oceanográfica destinada a estudiar de cerca el desarrollo del actual fenómeno El Niño, utilizando cuatro vehículos de superficie no tripulados (Uncrewed Surface Vehicles, USV) de la compañía Saildrone.
La operación tiene como objetivo obtener observaciones directas de una de las regiones más importantes para comprender la evolución del fenómeno climático: el Pacífico tropical ecuatorial, particularmente dentro de la región denominada Niño 3.4.
Dos de los vehículos, identificados como Saildrone Explorer, partieron de Honolulu, Hawái, el 21 de agosto, rumbo a una extensa y remota zona del Pacífico oriental. Estas unidades se incorporaron a otros dos Saildrones que habían sido desplegados aproximadamente una semana antes, conformando una misión conjunta de ida y vuelta de unas 6.000 millas náuticas.
Una flota autónoma en el corazón de El Niño
La misión es desarrollada por investigadores del NOAA Pacific Marine Environmental Laboratory (PMEL), con participación del Cooperative Institute for Climate, Ocean, and Ecosystem Studies de la Universidad de Washington y científicos de otras unidades de NOAA.
Los vehículos están equipados con sensores capaces de registrar simultáneamente numerosas variables atmosféricas y oceanográficas, entre ellas temperatura superficial del mar, salinidad, presión atmosférica, viento, oleaje, intercambios de calor entre el océano y la atmósfera y dióxido de carbono.
La ventaja de estos vehículos radica en que pueden permanecer durante largos períodos en zonas oceánicas remotas sin necesidad de llevar tripulación a bordo, transmitiendo los datos obtenidos durante la navegación.
Los registros actualmente disponibles del sistema de observación de NOAA confirman que los Saildrones de esta misión se encuentran activos y transmitiendo datos desde el Pacífico tropical. Uno de los vehículos, el Saildrone 1077, registra información hasta el 5 de septiembre, mientras otras unidades de la misión también mantienen series de observación durante los primeros días de septiembre.
¿Por qué estudiar el «motor» de El Niño?
El Niño es producto de una compleja interacción entre el océano y la atmósfera en el Pacífico ecuatorial. Cambios en los vientos, la temperatura de la superficie marina, la circulación oceánica y el intercambio de energía entre el mar y la atmósfera pueden modificar su evolución y, posteriormente, generar impactos a gran distancia del Pacífico.
Por eso, los científicos buscan observar directamente los procesos que ocurren en las denominadas fronteras oceánicas, donde pueden producirse cambios importantes de temperatura y circulación.
En esta misión, los cuatro Saildrones trabajarán dentro de la región Niño 3.4, definida por NOAA como la franja comprendida aproximadamente entre 5°N y 5°S y desde 170°O hasta 120°O.
La estrategia contempla recorridos a lo largo de las líneas de observación 155°O y 140°O, además de transectas norte-sur y este-oeste. Posteriormente, los vehículos se reunirán sobre el ecuador y volverán a operar como un grupo.
Una red móvil de observación sobre el océano
Uno de los aspectos más relevantes de la operación es que los cuatro vehículos no solamente recopilarán datos de manera individual.
Cuando naveguen juntos, funcionarán como una especie de red móvil de observación oceanográfica y atmosférica, capaz de registrar fenómenos de escala grande, media y pequeña que pueden no quedar adecuadamente representados por satélites, modelos numéricos u otras redes tradicionales de observación.
Esta información permitirá analizar con mayor resolución las estructuras y frentes presentes en el Pacífico ecuatorial y su relación con el desarrollo del actual El Niño.
NOAA advierte sobre un posible episodio excepcional
La importancia de esta misión aumenta debido al comportamiento observado durante 2026.
NOAA había emitido en febrero una alerta de El Niño, posteriormente elevada a Advertencia de El Niño en mayo. Las previsiones apuntaban entonces hacia un episodio potencialmente muy fuerte durante el período noviembre-enero.
La discusión diagnóstica más reciente del Centro de Predicción Climática de NOAA señala que El Niño continúa fortaleciéndose y que existe una probabilidad superior al 90 % de un evento muy fuerte durante el otoño e invierno boreales de 2026-2027. Para el período octubre-diciembre, NOAA estima además un 69 % de probabilidad de un evento histórico, definido en sus criterios como uno que supere determinados niveles de intensidad que no se han registrado desde 1950.
Esto no significa que todos los impactos asociados a El Niño vayan necesariamente a producirse, ya que la intensidad del fenómeno y sus consecuencias regionales pueden variar.
El océano como laboratorio
La misión TPOS-2026 permitirá que los científicos observen el océano prácticamente en tiempo real en una región donde los cambios pueden producirse a escalas relativamente pequeñas.
Los Saildrones representan en este contexto una herramienta complementaria a los satélites, boyas, barcos oceanográficos y modelos de predicción.
La información obtenida permitirá mejorar el conocimiento de la interacción océano-atmósfera, analizar la evolución de las aguas cálidas del Pacífico y estudiar procesos vinculados con el intercambio de calor, carbono y energía.
Para NOAA, disponer de observaciones directas en estas zonas resulta especialmente importante cuando se desarrolla un fenómeno de gran escala como El Niño, debido a que sus efectos pueden extenderse mucho más allá del Pacífico y modificar patrones meteorológicos y climáticos en distintas regiones del planeta.
Una misión autónoma para observar un fenómeno global
Mientras los cuatro Saildrones avanzan por el Pacífico ecuatorial, sus sensores están construyendo una fotografía dinámica de las condiciones del océano y de la atmósfera.
La misión permitirá a NOAA seguir de cerca dónde se concentra el calor, cómo se desplaza, cómo interactúa con la atmósfera y qué procesos están contribuyendo al fortalecimiento de El Niño.
En un océano que cubre más de un tercio de la superficie del planeta, estas pequeñas plataformas autónomas se convierten así en verdaderos laboratorios científicos móviles, navegando durante miles de millas para estudiar uno de los fenómenos climáticos con mayor capacidad de alterar las condiciones meteorológicas a escala mundial.





