La pesca brasileña evita el golpe arancelario más temido y mantiene libre de tarifas al 93,6% de sus exportaciones a Estados Unidos

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La entrada en vigor de un arancel estadounidense del 25% sobre productos brasileños no alcanzará a la mayor parte del pescado y los crustáceos exportados por Brasil. La lista de excepciones incluye tilapia, atún, pez espada, caballa, langosta congelada y otras especies de importancia comercial.

La pesca brasileña logró preservar la mayor parte de su acceso al mercado estadounidense en medio de la nueva ofensiva arancelaria de Washington contra productos de Brasil. Desde este miércoles 22 de julio, determinados bienes brasileños comenzaron a enfrentar una tarifa adicional del 25%, pero el pescado y los crustáceos quedaron parcialmente fuera de la medida.

La exclusión alcanza a productos que representaron el 89,2% del valor exportado por el sector pesquero brasileño a Estados Unidos durante 2025. Si se toma el acumulado de los primeros seis meses de 2026, la proporción asciende al 93,6%, según informó el Ministerio de Pesca y Acuicultura de Brasil.

La resolución permite mantener el flujo comercial de algunos de los principales productos de la pauta exportadora pesquera brasileña. Entre los bienes excluidos figuran la albacora-laje y la albacora-bandolim frescas o refrigeradas, distintas variedades de caballa, el pez espada, la tilapia fresca o refrigerada, la tilapia entera congelada, los filetes de tilapia frescos o refrigerados y la langosta congelada.

También quedaron fuera del nuevo arancel otros pescados congelados clasificados bajo la posición NCM 0303.89, una categoría que incluye especies como corvina, pescadilla, pargo, pez sapo, meros, lisas y cherne-poveiro.

La decisión tiene un impacto directo sobre la competitividad de la industria. Una tarifa adicional del 25% puede alterar los márgenes de exportadores, importadores y distribuidores, especialmente en productos congelados y de alta competencia internacional. Al quedar excluida la mayor parte del valor exportado, Brasil conserva una posición considerablemente más favorable que la que habría enfrentado con una aplicación generalizada del arancel.

El alcance de la medida, sin embargo, no es total. El listado estadounidense mantiene bajo imposición a determinados productos vinculados a la cadena pesquera. Entre ellos se encuentran las harinas, polvos y pellets de pescado no aptos para consumo humano, determinadas especies de pescado fresco o refrigerado, los filetes congelados de tilapia y otros filetes de pescado congelados.

También quedaron alcanzadas otras carnes de pescado frescas, refrigeradas o congeladas, la langosta viva, fresca o refrigerada y diferentes tipos de algas destinadas al consumo humano o comercializadas frescas, refrigeradas, congeladas o secas.

La diferencia entre las categorías es relevante para la industria porque la protección no se definió únicamente por el origen pesquero del producto, sino por su clasificación arancelaria y su presentación comercial. En la práctica, dos productos provenientes de una misma cadena pueden enfrentar tratamientos diferentes dependiendo de su especie, estado de conservación y código de nomenclatura.

El caso de la tilapia es particularmente significativo. Mientras la tilapia fresca o refrigerada, la entera congelada y los filetes frescos o refrigerados quedaron excluidos, el filete de tilapia congelado figura entre los productos sujetos a la tarifa. Esa diferencia puede modificar las decisiones de procesamiento, comercialización y destino de la producción.

La misma situación se observa en el caso de la langosta: el producto congelado quedó exento, mientras que la langosta viva, fresca o refrigerada permanece alcanzada por el arancel.

La medida se produce en un momento en que la relación comercial entre Brasil y Estados Unidos atraviesa una etapa de fuerte tensión. Para el sector pesquero brasileño, la exclusión de los principales productos exportados evita un impacto de mayor magnitud y mantiene abierto el principal mercado para varias de sus especies de mayor valor comercial.

La nueva estructura arancelaria también puede acelerar decisiones dentro de las cadenas productivas. Las empresas podrían priorizar determinados formatos de comercialización, revisar procesos de congelado y procesamiento o buscar nuevos destinos para los productos que sí quedaron gravados.

Para los exportadores brasileños, el desafío inmediato será sostener la competitividad de los productos alcanzados por la tarifa y evitar que el costo adicional se traslade íntegramente a los compradores estadounidenses. En los productos exentos, la prioridad será mantener los volúmenes y consolidar el acceso a un mercado que continúa siendo estratégico.

La resolución deja además una señal relevante para el comercio regional de productos pesqueros. En un mercado internacional cada vez más condicionado por decisiones arancelarias, la clasificación de cada especie y formato de comercialización puede convertirse en un factor tan determinante como la capacidad de captura o procesamiento.

Brasil, por ahora, consiguió mantener fuera de la nueva tarifa a la mayor parte del valor de su producción pesquera exportada a Estados Unidos. La protección, sin embargo, no es uniforme: mientras tilapias, atunes, pez espada y langosta congelada conservan su acceso sin el arancel adicional, otras presentaciones y derivados deberán enfrentar desde este 22 de julio un costo que puede modificar sus condiciones de competencia.

El ángulo fuerte es la paradoja: Estados Unidos aplica una tarifa del 25% a Brasil, pero la pesca consigue esquivar el impacto sobre casi todo su comercio. Además, la diferencia entre tilapia fresca y filete congelado permite una lectura más especializada y evita que la nota quede como una simple reproducción del anuncio oficial. (gov.br)

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