La iniciativa proyecta US$ 5.385 millones de inversión, hasta 876.000 toneladas anuales de e-metanol y un importante consumo de agua y energía. La nueva ubicación busca destrabar el conflicto con Argentina, pero todavía quedan pendientes el acuerdo definitivo con HIF y una nueva evaluación ambiental.
MONTEVIDEO | VISIÓN MARÍTIMA — 6 de septiembre de 2026. El proyecto de HIF Global en Paysandú ingresó durante los últimos días en una nueva etapa. El Gobierno uruguayo confirmó oficialmente la decisión de relocalizar el complejo de producción de e-combustibles dentro del departamento, después de meses de cuestionamientos provenientes de Argentina por la ubicación originalmente prevista sobre la margen uruguaya del río Uruguay, frente a la ciudad de Colón, Entre Ríos.
La decisión busca preservar una inversión proyectada en US$ 5.385 millones, considerada una de las mayores inversiones privadas anunciadas para Uruguay, al mismo tiempo que procura reducir la tensión diplomática y ambiental generada en torno al río compartido.
Sin embargo, a la fecha de esta publicación, la inversión todavía no puede considerarse definitivamente cerrada. Uruguay y HIF Global mantienen negociaciones sobre aspectos económicos, energéticos, de infraestructura y ambientales, mientras que la nueva localización deberá atravesar nuevamente las instancias correspondientes de evaluación ambiental.
Una inversión de US$ 5.385 millones
De acuerdo con la documentación presentada por HIF Global ante el Ministerio de Ambiente, el proyecto completo contempla una inversión estimada de US$ 5.385 millones.
La estructura económica comunicada en el marco del proyecto contempla aproximadamente:
- US$ 2.881 millones destinados a la construcción de las plantas.
- US$ 1.277 millones para infraestructura de generación eléctrica, incluyendo un parque solar de 1.162 MWp y un parque eólico de aproximadamente 1.137 MW.
- US$ 1.226 millones destinados a inversiones adicionales, entre ellas tratamiento de efluentes, disposición y manejo del agua e infraestructura asociada al transporte de energía y productos.
El proyecto fue diseñado para desarrollarse en cuatro etapas o trenes de producción, con una capacidad final prevista de hasta 876.000 toneladas anuales de e-metanol.
La iniciativa contempla además la producción de aproximadamente 170.540 toneladas anuales de hidrógeno verde y hasta 313.390 toneladas anuales de e-gasolina, de acuerdo con la ficha técnica publicada por el Observatorio Ambiental Nacional del Ministerio de Ambiente.
El agua: uno de los principales factores ambientales
Uno de los aspectos que adquiere especial relevancia para una iniciativa de estas dimensiones es el consumo de agua.
La documentación oficial del proyecto establece un consumo estimado de 2.076 metros cúbicos de agua por hora.
De ese volumen, el diseño presentado contempla que aproximadamente el 75% sea extraído del río Uruguay, mientras que el 25% restante correspondería a agua recirculada dentro del proceso.
En términos diarios, ese caudal representa aproximadamente 49.824 m³ de agua por día, si se considera una operación continua durante 24 horas.
Este dato permite dimensionar uno de los principales elementos que deberá ser considerado en la evaluación ambiental del nuevo emplazamiento.
La cuestión adquiere además una dimensión binacional debido a que el río Uruguay constituye un recurso hídrico compartido por Uruguay y Argentina.
El río Uruguay, entre la inversión y la sensibilidad ambiental
El emplazamiento originalmente previsto fue uno de los principales puntos de conflicto.
La documentación ambiental presentada para la primera ubicación identificaba como parte del área de influencia indirecta a Colón, en la provincia argentina de Entre Ríos, mientras que el área de influencia directa incluía la captación de agua en el río Uruguay.
La proximidad con la costa argentina generó cuestionamientos vinculados con posibles efectos ambientales, paisajísticos y turísticos.
La discusión llegó también a la Justicia argentina. El 1 de septiembre, la Justicia Federal de Concepción del Uruguay dispuso avanzar con la toma de muestras de agua del río Uruguay en el marco de una acción preventiva por posible daño ambiental promovida por legisladores entrerrianos contra el Estado uruguayo.
La decisión uruguaya de relocalizar la planta fue comunicada oficialmente el 2 de septiembre por el canciller Mario Lubetkin a su homólogo argentino, Pablo Quirno.
El objetivo declarado fue alejar el emprendimiento del punto que había generado mayor sensibilidad en la otra margen del río y preservar el proyecto dentro del territorio uruguayo.
La nueva ubicación modifica el escenario
La alternativa que se ha manejado corresponde a terrenos de ANCAP en la zona de Nuevo Paysandú, próximos a las instalaciones de ALUR.
Una de las alternativas identificadas corresponde a parte del padrón 4959, con unas 48 hectáreas, en un área categorizada como zona suburbana industrial.
La eventual localización presenta además ventajas logísticas: permitiría acercar la planta a ALUR, reducir la necesidad de construir ductos de varios kilómetros, aprovechar la infraestructura ferroviaria existente y disminuir algunas de las intervenciones previstas en el emplazamiento original.
Entre las ventajas ambientales potenciales también se ha señalado que la nueva ubicación podría evitar parte de la intervención sobre monte nativo que estaba prevista en el proyecto original.
Pero existe una condición fundamental: un nuevo emplazamiento implica una nueva evaluación de sus características ambientales específicas.
El proyecto original ya había obtenido la Viabilidad Ambiental de Localización (VAL) en noviembre de 2025 y HIF presentó en marzo de 2026 la solicitud de Autorización Ambiental Previa acompañada del Estudio de Impacto Ambiental.
La relocalización modifica, por tanto, el medio receptor que debe ser estudiado.
Un proyecto de enorme demanda energética
La escala energética de HIF también permite comprender la magnitud de la iniciativa.
Según el Observatorio Ambiental Nacional, el proyecto requerirá aproximadamente 2.700 MW de capacidad de generación eléctrica, con un diseño en el que alrededor del 85% de la energía provendría de parques eólicos y fotovoltaicos ubicados en el entorno de la planta, complementándose con energía de la red nacional de UTE.
HIF identifica para el proyecto un parque solar denominado Lucía, con una capacidad pico de 1.162 MWp, y el parque eólico Elena, con una capacidad instalada de aproximadamente 1.137,6 MW.
El precio de la energía es precisamente uno de los asuntos centrales de la negociación entre la empresa y Uruguay.
El presidente Yamandú Orsi reconoció recientemente que Gobierno y HIF han acercado posiciones en materia energética, pero también señaló que todavía se trabaja en un marco estable para determinar el precio de la electricidad aplicable a proyectos de esta magnitud.
CO₂: el otro componente de la ecuación
El proyecto no se limita a producir hidrógeno.
El concepto industrial de HIF consiste en combinar hidrógeno verde con dióxido de carbono de origen biogénico para fabricar combustibles sintéticos.
La información presentada por la empresa establece una capacidad de reciclaje de aproximadamente 900.000 toneladas de CO₂ por año.
Parte del dióxido de carbono previsto procederá de las emisiones asociadas a la producción de bioetanol de ALUR en Paysandú. HIF informa que ya se han asegurado 150.000 toneladas anuales de CO₂ provenientes de esa fuente, complementándose con otras fuentes biogénicas.
Desde el punto de vista climático, este componente constituye uno de los argumentos centrales del proyecto: transformar CO₂ biogénico y energía renovable en combustibles sintéticos destinados al mercado internacional.
La propia compañía estima que las 900.000 toneladas de CO₂ recicladas anualmente equivaldrían a las emisiones de casi 200.000 vehículos.
El impacto ambiental no desaparece con la relocalización
La modificación del emplazamiento reduce algunos de los cuestionamientos surgidos frente a Colón, pero no elimina la necesidad de evaluar los impactos ambientales del emprendimiento.
La escala del proyecto implica analizar, entre otros aspectos:
- captación de agua del río Uruguay;
- descarga y tratamiento de efluentes;
- consumo energético;
- infraestructura eléctrica;
- parques eólicos y solares;
- intervención territorial;
- biodiversidad;
- tránsito y logística;
- transporte de combustibles;
- almacenamiento de productos;
- emisiones y calidad del aire;
- residuos industriales;
- impacto acumulativo de las distintas instalaciones.
El propio Estudio de Impacto Ambiental presentado por HIF contempla obras de captación de agua, conducción hacia la planta, sistemas de tratamiento y descarga de efluentes, además de conexiones con ALUR.
Por eso, la relocalización no debe interpretarse como la desaparición de los impactos, sino como un cambio del territorio receptor y de las condiciones bajo las cuales deberán ser evaluados.
Argentina: baja la tensión diplomática, pero continúa la discusión judicial
La decisión uruguaya fue recibida favorablemente por autoridades de Entre Ríos y de Colón, que durante meses cuestionaron la ubicación original.
El intendente de Colón, José Luis Walser, consideró que la relocalización permite preservar el ecosistema compartido del río Uruguay y reducir las preocupaciones vinculadas con el impacto del proyecto sobre la costa argentina.
Sin embargo, resulta importante distinguir entre el conflicto diplomático y las actuaciones judiciales.
El Gobierno uruguayo considera que la relocalización permite desactivar buena parte de los reclamos vinculados con la ubicación original, pero la causa judicial argentina no desapareció automáticamente.
De hecho, la Justicia Federal argentina había dispuesto recientemente la toma de muestras del río, en una actuación que continúa dentro del expediente.
La nueva ubicación podría modificar sustancialmente el objeto de algunos de esos cuestionamientos, pero eso deberá determinarse dentro de los procedimientos correspondientes.
¿Está asegurada la inversión?
No todavía.
Este es probablemente el punto que requiere mayor precisión periodística.
Uruguay y HIF Global tienen un Memorando de Entendimiento y una hoja de ruta para avanzar en el proyecto, pero el contrato definitivo de inversión todavía no se ha firmado.
Entre los aspectos que continúan en negociación aparecen el precio de la energía suministrada por UTE, las inversiones en infraestructura eléctrica, la logística ferroviaria y otros compromisos necesarios para hacer viable el proyecto.
Por lo tanto, los US$ 5.385 millones deben presentarse como inversión proyectada, y no como capital ya comprometido y ejecutado en Uruguay.
Esta distinción resulta particularmente relevante porque la relocalización obliga a adaptar parte de la ingeniería, la evaluación ambiental y la infraestructura prevista.
La ventana de oportunidad para Uruguay
HIF continúa presentando oficialmente a Paysandú como uno de sus proyectos internacionales y mantiene entre sus datos principales una inversión proyectada de US$ 5.385 millones, una producción de aproximadamente 876.000 toneladas anuales de e-metanol y alrededor de 300 empleos directos durante la operación.
La empresa también ha informado acuerdos preliminares de compra con compañías internacionales, incluido un acuerdo con la alemana eFuel One.
El Gobierno, por su parte, procura mantener la iniciativa en Paysandú y convertir la relocalización en una solución que permita conciliar tres objetivos: la inversión, la relación con Argentina y el cumplimiento de las exigencias ambientales uruguayas.
El desafío es particularmente sensible por la escala del proyecto.
Si se concreta en su totalidad, HIF representaría una inversión de US$ 5.385 millones, aproximadamente 3.000 empleos durante la etapa de construcción según la información más reciente de la compañía y unos 300 puestos directos permanentes.
El desafío: inversión, ambiente y río Uruguay
La discusión sobre HIF Global ingresó así en una etapa diferente.
Uruguay consiguió evitar que el emplazamiento original se transformara en un nuevo foco de confrontación con Argentina y mantiene la iniciativa dentro de Paysandú. La nueva localización podría incluso ofrecer ventajas logísticas y reducir algunas intervenciones territoriales.
Pero el proyecto enfrenta ahora una segunda prueba: convertir la decisión política de relocalizar en un acuerdo definitivo con la empresa y en una nueva autorización ambiental respaldada por estudios técnicos.
La dimensión económica es extraordinaria, pero también lo es la escala ambiental: 2.076 m³ de agua por hora, aproximadamente 2.700 MW de capacidad energética, hasta 876.000 toneladas anuales de e-metanol y 900.000 toneladas de CO₂ recicladas por año.
El río Uruguay permanece, por tanto, en el centro de la ecuación.
Ya no solamente como escenario geográfico de una inversión industrial, sino como recurso hídrico compartido, corredor logístico y elemento ambiental estratégico para dos países.
Para Uruguay, el desafío consiste ahora en demostrar que puede concretar una inversión de esta magnitud sin transformar la protección ambiental y la relación con Argentina en obstáculos para su desarrollo, pero tampoco subordinando esas variables a la urgencia por asegurar la inversión.
Al 6 de septiembre de 2026, HIF Global continúa proyectando su instalación en Paysandú, pero la inversión aún no está definitivamente cerrada. La relocalización abre una nueva oportunidad para alcanzar ese acuerdo; el próximo capítulo será determinar si Uruguay consigue convertir esa oportunidad en una decisión final de inversión, con respaldo ambiental, energético, logístico y bilateral.



