Empleo, tripulaciones y competencia: la disputa que expone una crisis estructural en la pesca uruguaya

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La movilización de la Intergremial Marítima contra el uso de tripulaciones extranjeras abrió La movilización de la Intergremial Marítima contra el uso de tripulaciones extranjeras abrió una discusión que excede el conflicto sindical. Mientras los trabajadores denuncian la pérdida de miles de puestos y diferencias salariales que consideran desleales, la industria sostiene que no cuenta con suficiente personal uruguayo para mantener operativa toda la flota pesquera.

El conflicto que atraviesa a la actividad marítima uruguaya llegó este martes a los accesos del Puerto de Montevideo, pero la disputa que enfrenta a los trabajadores con las empresas pesqueras se extiende mucho más allá de una movilización. En el centro de la controversia se encuentra una pregunta que el sector viene postergando: ¿hay suficientes marinos uruguayos para sostener la flota nacional o la actividad depende cada vez más de trabajadores extranjeros para mantenerse operativa?

La Intergremial Marítima volvió a movilizarse el 21 de julio y denunció la pérdida de empleo nacional como consecuencia de la autorización de tripulaciones extranjeras en buques que operan en aguas uruguayas. El reclamo apunta especialmente al régimen de waivers, permisos que habilitan excepciones a las exigencias de nacionalidad de las tripulaciones.

Según los trabajadores, en los últimos dos años fueron concedidas 231 autorizaciones de este tipo. Para la organización sindical, el mecanismo dejó de ser una herramienta excepcional y pasó a transformarse en una vía habitual para sustituir mano de obra uruguaya. La estimación planteada por la Intergremial es que más de 4.000 puestos de trabajo fueron desplazados.

El planteo sindical no se limita a cuestionar la nacionalidad de quienes trabajan a bordo. La denuncia central es que la contratación de personal extranjero puede realizarse bajo condiciones laborales y salariales inferiores a las previstas en Uruguay, generando una diferencia de costos que favorece a quienes optan por esa modalidad.

Por ese motivo, la Intergremial reclama mayores controles y una regulación que obligue a los buques que operan de manera permanente o recurrente en aguas nacionales a incorporar un porcentaje de tripulantes uruguayos. También cuestiona que trabajadores formados en el país encuentren dificultades para acceder a puestos mientras empresas recurren a personal extranjero.

La respuesta empresarial parte de un diagnóstico completamente diferente. La Cámara de Industrias Pesqueras sostiene que el problema no es la sustitución de trabajadores uruguayos, sino la falta de personal suficiente para cubrir las necesidades de la flota. Según la información difundida por el sector, Uruguay cuenta con 53 buques de bandera nacional y necesita aproximadamente 100 maquinistas, 800 marineros y un número suficiente de patrones de pesca para mantener la actividad.

La consecuencia de esa escasez, según las empresas, es concreta: buques que no pueden completar sus tripulaciones y, por lo tanto, no pueden salir a operar. Desde esa perspectiva, la contratación de trabajadores extranjeros no representa una ventaja competitiva buscada, sino una alternativa para evitar que parte de la flota permanezca inactiva.

Ese es el punto en el que ambas posiciones chocan con mayor fuerza. Para los sindicatos, la falta de marinos uruguayos es, en parte, el resultado de un mercado laboral que perdió oportunidades para los trabajadores nacionales. Para la industria, la escasez existe y constituye una limitación inmediata para una actividad que necesita contar con tripulaciones completas.

El problema tiene además una dimensión de largo plazo. Si la formación marítima no se traduce en oportunidades laborales suficientes, el país puede perder capacidad para renovar sus tripulaciones. Pero si la flota no dispone hoy del personal necesario para operar, las empresas enfrentan una limitación que no puede resolverse únicamente con una política de formación que dará resultados dentro de varios años.

La discusión sobre los waivers expone, por lo tanto, una tensión entre dos necesidades que el sector no ha logrado compatibilizar: proteger el empleo marítimo nacional y garantizar que los buques puedan operar.

El conflicto ya comenzó a tener consecuencias sobre la operativa portuaria. Las medidas sindicales generaron interrupciones en los accesos al Puerto de Montevideo, mientras el sector empresarial advirtió sobre el impacto que una escalada de la conflictividad podría tener sobre la salida de buques, la actividad pesquera y la continuidad de las operaciones.

La preocupación adquiere mayor dimensión porque la pesca depende de una cadena que no admite fácilmente interrupciones: tripulaciones, permisos, salida de los buques, captura, desembarque, procesamiento y exportación. Una demora en cualquiera de esos eslabones puede traducirse en costos para toda la actividad.

La posibilidad de que algunas empresas evalúen alternativas portuarias si la conflictividad se prolonga agrega otro elemento a la discusión. Montevideo no compite únicamente por atraer cargas: también necesita garantizar condiciones de operación previsibles para las actividades que utilizan su infraestructura.

El Ministerio de Trabajo comenzó a participar en instancias de diálogo con la Intergremial Marítima y las cámaras empresariales. El desafío será encontrar una solución que no convierta el régimen de excepciones en una sustitución permanente del empleo nacional, pero que tampoco deje a la flota sin la cantidad de trabajadores necesarios para funcionar.

La disputa que llegó al Puerto de Montevideo deja así expuesto un problema que excede a los sindicatos y a las empresas. Uruguay necesita definir cómo quiere sostener su actividad marítima: con una mayor protección del empleo nacional, con mecanismos flexibles para cubrir la falta de tripulantes o con una combinación de ambas herramientas.

 

 

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