Dispositivos de agregación pesquera: eficiencia productiva y sostenibilidad bajo la lupa

0
65

La expansión global de los dispositivos de agregación de peces, conocidos internacionalmente como FAD por sus siglas en inglés, se ha convertido en uno de los temas centrales del debate pesquero contemporáneo. La más reciente evaluación de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) plantea una conclusión clara: estas tecnologías pueden fortalecer la producción, mejorar los ingresos de la pesca artesanal y optimizar el esfuerzo extractivo, pero también pueden transformarse en un factor de presión adicional sobre los ecosistemas marinos si no están acompañadas por una gestión adecuada.

En un escenario internacional en el que la sostenibilidad de los recursos pesqueros ocupa un lugar estratégico, el debate ya no se centra en si estos dispositivos deben utilizarse o no, sino en bajo qué criterios técnicos, ambientales y regulatorios deben operar.

Una herramienta que cambia la lógica de la pesca artesanal

Los dispositivos de agregación pesquera son estructuras flotantes diseñadas para atraer peces pelágicos y facilitar su localización. En la pesca de pequeña escala, su impacto puede resultar determinante.

La FAO documentó experiencias relevantes en Mozambique y en diversos Estados insulares del Pacífico, donde la disminución sostenida de las poblaciones costeras venía comprometiendo la seguridad alimentaria y los ingresos de miles de pescadores artesanales.

Frente a esa realidad, la instalación de dispositivos anclados al fondo marino permitió modificar el patrón tradicional de explotación. En lugar de concentrar el esfuerzo sobre especies costeras sometidas a alta presión, los pescadores comenzaron a acceder a especies oceánicas más abundantes y de mayor valor comercial, especialmente el atún.

Sin embargo, el éxito de la iniciativa no dependió únicamente del despliegue de infraestructura. El proceso comenzó con consultas a las comunidades locales y evaluaciones técnicas para definir zonas adecuadas de instalación. Posteriormente, se desarrollaron programas de capacitación dirigidos a pescadores y técnicos gubernamentales sobre construcción, mantenimiento, operación de los dispositivos y seguridad en el mar.

Ese enfoque integral permitió no solo mejorar el acceso al recurso, sino también generar capacidades permanentes en el territorio.

Michael Savins, alto funcionario de pesca de la FAO y responsable del proyecto FishFAD desarrollado junto a gobiernos del Pacífico, sostuvo que estos dispositivos constituyen hoy la herramienta más importante para el desarrollo de la pesca atunera de pequeña escala. No obstante, advirtió que los resultados positivos de largo plazo dependen de una adecuada planificación y del fortalecimiento sostenido de capacidades locales.

La otra cara: los riesgos en la pesca industrial

La misma tecnología que en la pesca artesanal puede abrir nuevas oportunidades económicas, en la pesca industrial plantea desafíos mucho más complejos.

Actualmente, cerca de un tercio de la captura mundial de atún tropical, estimada en alrededor de cinco millones de toneladas anuales, proviene de buques cerqueros que operan con dispositivos de agregación a la deriva, equipados con boyas satelitales y ecosondas que transmiten en tiempo real información sobre ubicación y biomasa.

En el Océano Índico operan entre 40 y 50 de estos buques, responsables de aproximadamente 300.000 toneladas anuales, lo que equivale a cerca de una cuarta parte de las capturas regionales de atún tropical.

La elevada eficiencia de estos sistemas, sin embargo, tiene costos potenciales.

El uso desregulado de dispositivos a la deriva puede favorecer la captura de ejemplares juveniles que aún no alcanzaron la madurez reproductiva, incrementar la mortalidad incidental de especies vulnerables y provocar daños físicos en arrecifes de coral cuando los artefactos quedan abandonados o se pierden en el mar.

Paul De Bruyn, secretario ejecutivo de la Comisión del Atún del Océano Índico, explicó que uno de los principales problemas es la falta de selectividad biológica. Estos dispositivos no atraen únicamente atunes adultos, sino una amplia variedad de especies marinas, lo que ha generado creciente preocupación en numerosos países ribereños.

Un nuevo marco regulatorio en el Índico

Ante este escenario, la Comisión del Atún del Océano Índico, organismo regional de ordenación pesquera creado bajo el marco de la FAO, avanzó en una de las medidas regulatorias más relevantes adoptadas hasta el momento.

En 2024, 28 de sus 29 Estados miembros aprobaron una disposición jurídicamente vinculante que limita el número de dispositivos de agregación a la deriva que puede desplegar cada buque pesquero.

La medida representa un punto de inflexión en la gobernanza pesquera internacional.

Además de establecer topes operativos, incorpora el primer sistema global de trazabilidad digital para este tipo de dispositivos. Cada unidad debe registrarse en una plataforma electrónica y recibir un identificador único, lo que permite conocer prácticamente en tiempo real cuándo una boya es activada, desactivada o retirada de operación.

La normativa también establece una meta ambiental concreta: antes de 2030, las flotas deberán sustituir progresivamente los dispositivos convencionales por modelos biodegradables y de diseño antienredos.

Innovación tecnológica con menor impacto ambiental

Paralelamente a la regulación, la FAO impulsa soluciones orientadas a reducir la huella ecológica de esta práctica sin sacrificar eficiencia operativa.

Junto con la International Seafood Sustainability Foundation y en el marco del proyecto Common Oceans Tuna, se desarrolla actualmente un nuevo modelo conocido como jelly FAD.

Inspirado en la forma de una medusa, este diseño reemplaza materiales sintéticos por componentes biodegradables como bambú, algodón, cáñamo y hojas de palma. Además, elimina las redes que habitualmente generan enredos de especies no objetivo.

El concepto combina simplicidad estructural, bajo costo y facilidad de réplica, tres factores esenciales para su eventual adopción a escala global.

La propuesta recibió en 2025 el premio a la innovación responsable otorgado por la Global Seafood Alliance.

Gala Moreno, científica sénior de la International Seafood Sustainability Foundation, explicó que el objetivo central es que cualquier comunidad pesquera pueda construir este tipo de dispositivo utilizando materiales disponibles localmente, reduciendo así costos y dependencia tecnológica.

La discusión de fondo: gobernanza y sostenibilidad

La principal conclusión que deja el análisis de la FAO es contundente.

Los dispositivos de agregación pesquera no constituyen por sí mismos ni una amenaza ni una solución automática. Son una herramienta de gran potencial cuya contribución final depende del modelo de gestión que los acompañe.

Bien administrados, pueden mejorar la productividad, fortalecer la pesca artesanal, reducir la presión sobre los recursos costeros y contribuir a una explotación más racional de especies oceánicas.

Sin controles adecuados, pueden profundizar la sobrepesca, aumentar la captura incidental y agravar la degradación ambiental de ecosistemas marinos ya sometidos a fuertes tensiones.

En un contexto global marcado por la creciente demanda de proteínas marinas, la verdadera discusión ya no pasa únicamente por capturar más, sino por hacerlo mejor.

Ese equilibrio entre eficiencia productiva y responsabilidad ambiental será el que termine definiendo el futuro de las pesquerías oceánicas.

.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí