Mar Negro, 4 de septiembre de 2026. — Un antiguo buque mercante de origen griego, hundido hace aproximadamente 2.400 años frente a las costas de la actual Bulgaria, constituye uno de los hallazgos más relevantes de la arqueología marítima de aguas profundas por el excepcional estado de conservación de su estructura.
El pecio fue localizado durante las investigaciones desarrolladas por el proyecto Black Sea Maritime Archaeology Project, una iniciativa internacional que entre 2015 y 2017 realizó prospecciones extensivas sobre el fondo del Mar Negro para estudiar tanto el patrimonio naval sumergido como la evolución ambiental de la región.
La tecnología como herramienta arqueológica
El hallazgo fue posible mediante sistemas de exploración de aguas profundas y técnicas de documentación digital.
Una de las herramientas fundamentales empleadas durante la investigación fue la fotogrametría, mediante la cual numerosas imágenes obtenidas desde diferentes posiciones permiten generar modelos tridimensionales de estructuras sumergidas.
Esta metodología ofrece una alternativa de bajo impacto frente a la extracción física de grandes elementos del pecio. El modelo digital permite registrar geometrías, dimensiones y relaciones entre componentes sin necesidad de alterar sustancialmente el sitio arqueológico.
En el caso del buque griego, la documentación tridimensional permitió visualizar la configuración general de la embarcación y conservar digitalmente información que puede ser analizada posteriormente por especialistas en arquitectura naval, arqueología y navegación antigua.
Un archivo naval bajo dos kilómetros de agua
El pecio forma parte de un conjunto mucho mayor de evidencias localizadas durante las campañas de investigación.
El proyecto examinó más de 2.000 kilómetros cuadrados de fondo marino y permitió identificar 65 pecios, correspondientes a diferentes períodos históricos. El conjunto abarca embarcaciones que van desde la época romana hasta restos de naves del siglo XVII.
La concentración de naufragios convierte al fondo del Mar Negro en un registro excepcional de la evolución de la navegación regional.
Cada embarcación aporta información diferente sobre las rutas comerciales, los sistemas constructivos, las tecnologías de propulsión y gobierno, las cargas transportadas y las condiciones ambientales existentes en el momento del hundimiento.
Un hallazgo que no requiere ser recuperado
Una de las particularidades de este pecio es que su estudio no depende necesariamente de extraer la embarcación del fondo.
La conservación in situ permite mantener el objeto arqueológico dentro del entorno que ha contribuido a preservar sus materiales durante más de dos milenios.
Además, la documentación mediante imágenes y modelos tridimensionales proporciona una forma de investigación que reduce la intervención física sobre el sitio.
La estrategia resulta especialmente relevante en arqueología subacuática profunda, donde la recuperación de una estructura de madera de estas dimensiones implicaría importantes desafíos técnicos y de conservación posteriores.
Qué aporta a la historia de la navegación
La importancia del pecio no reside únicamente en su antigüedad.
Su valor científico está relacionado con la posibilidad de analizar directamente una embarcación del período clásico cuya estructura conserva elementos que rara vez sobreviven en contextos arqueológicos terrestres o en pecios de aguas menos favorables para la preservación de la madera.
La información obtenida puede contribuir al estudio de las técnicas de construcción naval empleadas en el mundo griego, de la organización de los espacios de una embarcación comercial y de los sistemas de navegación utilizados en las rutas del Mediterráneo oriental y el Mar Negro.
El hallazgo también permite establecer una relación entre las representaciones artísticas de barcos y la evidencia material procedente de una embarcación real.
Patrimonio marítimo preservado en profundidad
El pecio constituye además un ejemplo de cómo las condiciones naturales del medio marino pueden convertirse, bajo determinadas circunstancias, en un mecanismo excepcional de conservación del patrimonio.
La ausencia de oxígeno a gran profundidad ha permitido que una estructura de madera de aproximadamente 24 siglos permanezca reconocible, mientras que las tecnologías modernas hacen posible estudiarla sin necesidad de alterar significativamente el sitio.
La combinación de arqueología subacuática, exploración robótica, fotogrametría, datación científica y análisis histórico está transformando la manera en que se investigan los restos de navegación antigua.
Más que un objeto aislado, el buque representa una ventana hacia las prácticas marítimas de la Antigüedad y hacia las redes comerciales que conectaron durante siglos las costas del Mediterráneo con las del Mar Negro.
Su conservación en profundidad convierte al sitio en un archivo arqueológico de extraordinario valor y demuestra que, en determinadas condiciones, el fondo marino puede preservar información sobre la tecnología naval antigua que difícilmente habría sobrevivido en superficie.



