El 2 de diciembre se realizará en Maldonado el primer gran encuentro empresarial entre ambos bloques, en un momento en que el acuerdo comercial comenzó a aplicarse provisionalmente y Uruguay ejerce la presidencia del Mercosur. La agenda empresarial ya puso sobre la mesa la necesidad de ampliar la infraestructura logística para acompañar el crecimiento del comercio regional.
El acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea comenzó a atravesar una etapa diferente. Después de 25 años de negociaciones y con la aplicación provisional del capítulo comercial iniciada el 1.º de mayo de 2026, el desafío ya no pasa únicamente por cerrar un entendimiento político: ahora comienza la disputa por convertir las nuevas condiciones de acceso en inversiones, exportaciones y negocios concretos.
Uruguay quiere que ese pasaje tenga un escenario propio. El próximo 2 de diciembre, durante su presidencia pro tempore del Mercosur, Maldonado será sede del primer gran encuentro empresarial entre representantes de ambos bloques. La actividad fue anunciada por el canciller Mario Lubetkin durante una reunión con las cámaras empresariales uruguayas y tendrá como objetivo acercar a empresas, inversores y autoridades para transformar el acuerdo en oportunidades concretas.
La elección del momento no es casual. El Acuerdo Comercial Interino entre el Mercosur y la Unión Europea comenzó a aplicarse provisionalmente el 1.º de mayo y abre un mercado de más de 750 millones de personas. En su primera etapa, aproximadamente el 75% del comercio entre ambos bloques queda alcanzado por arancel cero, proporción que deberá ampliarse progresivamente hasta llegar al 92% del universo arancelario contemplado por el acuerdo en un plazo de diez años.
Para Uruguay, el impacto no se limita a una reducción de aranceles. El acuerdo modifica las condiciones de acceso para sectores exportadores y puede generar nuevas oportunidades en actividades como la producción agropecuaria, la pesca, los servicios, la tecnología y las industrias vinculadas a la transición energética.
Entre los productos uruguayos que ya cuentan con beneficios comerciales se encuentran determinados productos de la pesca, menudencias bovinas y ovinas, frutas, legumbres, frutos secos, bebidas, harina de soja, tops de lana peinada, fertilizantes y fungicidas. La carne vacuna también obtiene mejoras dentro de la cuota Hilton mediante la eliminación del arancel correspondiente.
El desafío, sin embargo, será que esa apertura comercial pueda ser acompañada por la capacidad física necesaria para mover mayores volúmenes. En la reunión con los empresarios, las preguntas no se concentraron solamente en los aranceles. También aparecieron cuestiones vinculadas al traslado de productos y a la infraestructura logística.
El propio canciller señaló la necesidad de mejorar las condiciones de la hidrovía Paraguay-Paraná, especialmente ante el aumento de los minerales provenientes de Brasil que podría incrementar la actividad en los puertos uruguayos. La discusión conecta directamente la agenda comercial del Mercosur con la capacidad de las rutas fluviales, los terminales portuarios y las conexiones terrestres para absorber nuevos flujos.
Ese punto resulta especialmente relevante para Uruguay. Una mayor apertura comercial no genera automáticamente más exportaciones. Para que una empresa pueda aprovechar un nuevo mercado necesita contar con capacidad de producción, financiamiento, certificaciones, transporte y una infraestructura que permita sacar la mercadería con costos competitivos.
La logística pasa así a ocupar un lugar central en la implementación del acuerdo. El acceso preferencial a la Unión Europea puede ampliar la demanda, pero la competitividad final dependerá también de la capacidad de los países del Mercosur para mover las cargas hasta los puertos y conectar sus territorios con las principales rutas internacionales.
La presidencia uruguaya del bloque ofrece al país una oportunidad para colocar esa discusión dentro de la agenda regional. Durante el segundo semestre de 2026, Montevideo tendrá la responsabilidad de conducir los trabajos del Mercosur y buscará avanzar en la implementación del acuerdo con la Unión Europea, además de impulsar nuevas negociaciones comerciales con otros mercados.
El canciller también mencionó las conversaciones con Canadá, India y Emiratos Árabes, así como el diálogo con países asiáticos. La intención del Gobierno es que el Mercosur avance hacia una mayor apertura comercial y una agenda de acuerdos que permita diversificar sus vínculos internacionales. (Gub.uy)
En ese marco, el encuentro empresarial de diciembre puede funcionar como una prueba de la capacidad del acuerdo para pasar de la diplomacia a la actividad económica. La expectativa oficial es que las empresas no solamente conozcan las nuevas reglas comerciales, sino que puedan identificar socios, proyectos y oportunidades de inversión.
La agenda europea también se vincula con sectores en los que Uruguay busca ampliar su transformación productiva. Energía, infraestructura, logística, servicios e innovación forman parte de las áreas en las que la inversión europea ya tiene una presencia relevante y que podrían adquirir mayor importancia con el nuevo marco comercial.
El encuentro de Maldonado tendrá lugar apenas un día antes de la reunión del Consejo del Mercado Común, prevista para el 3 y 4 de diciembre, antes de la Cumbre de Jefes de Estado. La coincidencia permitirá que la agenda empresarial se desarrolle en paralelo a las principales instancias políticas del bloque.
Para Uruguay, la apuesta es que la nueva relación con Europa no quede limitada a la reducción de aranceles. El objetivo es utilizar el acuerdo como una plataforma para atraer capital, ampliar exportaciones y fortalecer sectores productivos capaces de competir en mercados de mayor exigencia.
La condición será resolver una cuestión que el propio sector privado ya puso sobre la mesa: el comercio necesita infraestructura. La expansión de las oportunidades comerciales con Europa y el crecimiento de los flujos regionales, especialmente los vinculados a Brasil, requerirán puertos, hidrovías y conexiones logísticas capaces de acompañar la nueva escala.
El 2 de diciembre, Uruguay intentará que la primera gran reunión empresarial Mercosur-UE marque precisamente ese cambio de etapa. Después de décadas de negociación, el acuerdo comienza a medirse por su capacidad de generar operaciones reales.
La nueva fase del Mercosur no se definirá únicamente en los documentos firmados entre los bloques. También se jugará en las fábricas, los campos, las empresas de servicios y los corredores logísticos que deberán transformar el acceso preferencial en comercio efectivo.

