El movimiento, registrado el 19 de febrero a más de 150 kilómetros de la costa, introduce un nuevo elemento en el debate técnico sobre el desplazamiento de agua que semanas atrás afectó playas de la zona de Mar del Plata y dejó una víctima fatal.
Un movimiento sísmico de magnitud cercana a 4.9 fue registrado el 19 de febrero en el Atlántico, a una profundidad considerable y a aproximadamente 150–180 kilómetros de la costa bonaerense, en el corredor marítimo frente a y .
El evento —confirmado por reportes sísmicos preliminares difundidos en medios especializados— ocurre semanas después del episodio costero de enero, cuando un repentino desplazamiento de agua invadió sectores de playa y provocó al menos una víctima fatal, generando debate sobre su origen.
Aunque no existe hasta el momento una vinculación oficial entre ambos hechos, el sismo introduce una variable geológica que no había sido considerada públicamente en los primeros análisis.
La hipótesis meteorológica bajo revisión
Tras el fenómeno de enero, distintas interpretaciones apuntaron a un posible meteotsunami, fenómeno asociado a variaciones abruptas de presión atmosférica.
Sin embargo, el capitán de la Marina Mercante argentina y especialista en Seguridad de la Navegación, Alejandro Kalfayan, sostuvo entonces que los datos meteorológicos disponibles no mostraban registros compatibles con ese mecanismo.
“No encontré registros de una diferencia abrupta de presión atmosférica que pudiera justificar un meteotsunami. Por eso hablé de una perturbación bajo el agua.”
Kalfayan subraya que su planteo es una hipótesis y no una afirmación concluyente.
“Es una teoría. Lo único probado es que ahora hubo un movimiento sísmico.”
Alteraciones en fondos marinos: un punto sensible
Semanas después del evento costero, navegantes que realizaron sondajes informales en la zona habrían detectado diferencias significativas respecto de las profundidades consignadas en cartas náuticas.
Según Kalfayan, esas variaciones oscilarían entre 20 y 22 metros. No obstante, esa información no cuenta con confirmación oficial ni ha sido respaldada hasta el momento por organismos hidrográficos.
En términos técnicos, los bancos de arena en el litoral bonaerense presentan dinámica natural y pueden sufrir desplazamientos horizontales y variaciones morfológicas. Sin embargo, cambios verticales de gran magnitud requerirían estudios batimétricos sistemáticos para ser verificados.
La posible alteración de fondos marinos no es un dato menor: impacta en la seguridad de la navegación, en la pesca y en la actualización cartográfica.
Una región de baja sismicidad histórica
El sector marítimo frente a la provincia de Buenos Aires no se caracteriza por una actividad sísmica frecuente de magnitud moderada o alta. No obstante, la prolongación submarina de los sistemas serranos de Tandilia indica antecedentes geológicos de larga data.
El sismo del 19 de febrero, aun de magnitud moderada, reabre preguntas sobre la dinámica tectónica del margen continental argentino y sobre la eventual capacidad de generar perturbaciones oceánicas localizadas.
Hasta el momento, no se ha informado oficialmente si el día del movimiento sísmico se registraron alteraciones significativas del nivel del mar en la costa.
Lo que se sabe y lo que falta
Hoy existen tres elementos verificables:
- Hubo un fenómeno costero anómalo en enero.
- Hubo un sismo el 19 de febrero en el área marítima general.
- No existe confirmación oficial que vincule ambos hechos.
Lo que permanece abierto es la relación —o ausencia de ella— entre un posible evento subacuático y el desplazamiento de agua registrado semanas antes.
En un escenario donde convergen variables meteorológicas, geológicas y morfodinámicas costeras, la prudencia técnica se impone. La eventual necesidad de estudios batimétricos actualizados, monitoreo sísmico oceánico más detallado y coordinación interinstitucional podría transformarse en uno de los efectos indirectos más relevantes del episodio.
Por ahora, el debate continúa entre hipótesis atmosféricas y procesos subacuáticos, en una región donde la interacción entre plataforma continental, bancos de arena y margen tectónico aún plantea interrogantes científicos y operativos.



