La UE acelera con India y frena al Mercosur: dos acuerdos, dos velocidades en la política comercial europea

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Unión Europea e India acuerdan

Por Redacción Internacional
27 de enero de 2026

Mientras la Unión Europea celebra la firma del que ha bautizado como “la madre de todos los acuerdos” comerciales con India, el reciente tratado con el Mercosur permanece atrapado en los laberintos judiciales y políticos del bloque comunitario. Dos acuerdos estratégicos, negociados durante años, avanzan hoy a velocidades radicalmente distintas y exponen las prioridades geopolíticas de Bruselas en un escenario global cada vez más competitivo.

Este martes, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, confirmó junto al primer ministro indio, Narendra Modi, el cierre formal del acuerdo comercial entre la UE e India, tras casi dos décadas de negociaciones iniciadas en 2007. El pacto creará una zona de libre comercio que abarcará a unos 2.000 millones de personas, con un impacto directo en sectores clave y un ahorro estimado de 4.000 millones de euros anuales en aranceles para los exportadores europeos.

“Hemos creado una zona de libre comercio que beneficiará a ambas partes”, afirmó Von der Leyen, subrayando el carácter estratégico del acuerdo en un contexto marcado por la competencia con China y la prolongada guerra arancelaria impulsada por Estados Unidos.

El acuerdo con Nueva Delhi no es casual ni improvisado. La presencia de Von der Leyen y del presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, en los actos del Día de la República de la India, y la cumbre celebrada esta semana en Nueva Delhi, reflejan una apuesta política clara de Bruselas por diversificar mercados, asegurar cadenas de suministro y consolidar alianzas con economías emergentes de gran escala.

La Unión Europea espera que India abra su mercado a productos como el vino y los lácteos, mientras que el gobierno indio busca ampliar su acceso al mercado europeo con textiles y productos agrícolas. Para Bruselas, el pacto representa una herramienta defensiva frente a un orden comercial global cada vez más fragmentado.

El contraste con el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur resulta evidente. El sábado 17 de enero, ambos bloques firmaron un tratado que representa entre el 20 % y el 25 % del PIB mundial y que involucra a cerca de 800 millones de personas. Sin embargo, el entusiasmo inicial duró poco.

En cuestión de días, el Parlamento Europeo activó mecanismos legales que derivaron el acuerdo al Tribunal de Justicia de la Unión Europea, congelando su ratificación y dejando en suspenso un pacto largamente esperado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.

Para los países del Mercosur, la situación ha sido interpretada como un golpe inesperado. El acuerdo, que prometía ampliar exportaciones agroindustriales y mejorar el acceso al mercado europeo, quedó atrapado en objeciones vinculadas a estándares ambientales, cláusulas laborales y presiones internas de sectores agrícolas europeos.

Mientras el Mercosur digiere el freno y busca una estrategia común, Europa avanza sin estridencias en otros frentes. El contraste no pasa desapercibido en el bloque sudamericano, donde la falta de una reacción coordinada expone debilidades estructurales y una limitada capacidad de influencia política en Bruselas.

La diferencia de trato también revela una lógica pragmática de la Unión Europea: priorizar acuerdos que refuercen su posición geopolítica inmediata y ofrezcan beneficios comerciales rápidos, incluso si ello implica postergar compromisos ya firmados con socios tradicionales.

El congelamiento del acuerdo no solo retrasa beneficios económicos, sino que introduce incertidumbre para los sectores productivos del Mercosur, especialmente el agroindustrial. La demora afecta decisiones de inversión, planificación exportadora y credibilidad internacional del bloque como socio comercial confiable.

Además, la comparación con India deja una señal clara: la UE está dispuesta a cerrar acuerdos ambiciosos cuando percibe alineamiento estratégico, estabilidad política y capacidad de respuesta rápida. En ese espejo incómodo, el Mercosur aparece fragmentado, reactivo y sin una hoja de ruta clara para destrabar el proceso.

El cierre del tratado UE-India y el freno judicial al acuerdo con el Mercosur ilustran que, en la política comercial europea, los tiempos no son neutros ni automáticos. Son decisiones políticas, atravesadas por intereses internos, presiones sectoriales y prioridades geoestratégicas.

Para el Mercosur, el desafío ya no es solo defender el acuerdo firmado, sino repensar su estrategia de inserción internacional en un mundo donde los platos no esperan demasiado tiempo servidos sobre la mesa.

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