El sismo de magnitud 7,4 que sacudió el occidente colombiano el 10 de agosto mantiene bajo presión la principal puerta marítima del país sobre el Pacífico. Las restricciones en las rutas de acceso, la congestión y los retrasos en los embarques llevaron a las navieras a evaluar alternativas, mientras parte de las exportaciones de café comienza a ser derivada hacia puertos del Caribe.
Cinco días después del terremoto de magnitud 7,4 que golpeó el occidente de Colombia, las consecuencias sobre el sistema marítimo y logístico del país continúan extendiéndose. El principal foco para el comercio exterior está en Buenaventura, donde las dificultades en los accesos terrestres están afectando el movimiento de cargas hacia y desde las terminales portuarias.
El sismo, ocurrido el 10 de agosto con epicentro próximo a San José del Palmar, en el departamento del Chocó, provocó graves daños en distintas zonas del occidente colombiano. Al 16 de agosto, la cifra de víctimas se acercaba a 290 fallecidos, más de 140 personas permanecían desaparecidas y alrededor de 4.200 habían resultado heridas, según el balance difundido por Reuters.
Para el sector marítimo, sin embargo, uno de los efectos más relevantes se encuentra en las interrupciones de las conexiones terrestres que alimentan al puerto de Buenaventura.
BUENAVENTURA, BAJO PRESIÓN
Las operaciones portuarias no quedaron completamente paralizadas, pero sí se encuentran condicionadas por las dificultades para trasladar contenedores hacia y desde el principal puerto colombiano sobre el Pacífico.
El terremoto afectó diferentes corredores viales estratégicos. Entre las rutas comprometidas aparecen los corredores Buga-Buenaventura, Calarcá-Ibagué y Manizales-Fresno, fundamentales para conectar las zonas productivas del interior con los puertos.
La naviera Hapag-Lloyd advirtió que las restricciones temporales en Buenaventura y en las principales vías terrestres colombianas podían generar complicaciones logísticas y ofreció a sus clientes la posibilidad de modificar el puerto de destino hacia Cartagena, sujeto a disponibilidad.
La advertencia adquiere relevancia porque Buenaventura no es simplemente un puerto de alcance local. Es la principal salida marítima de Colombia hacia el Pacífico y cumple un papel fundamental en el intercambio con Asia, la costa oeste de América y otros mercados del Pacífico.
Por eso, cuando se interrumpe la conexión entre las zonas productivas y el puerto, el problema deja de ser exclusivamente vial y comienza a trasladarse a toda la cadena marítima.
LAS NAVIERAS PREPARAN ALTERNATIVAS
La persistencia de las dificultades llevó a las compañías navieras a revisar sus operaciones.
CMA CGM informó que continúa monitoreando la situación en Buenaventura y que las restricciones en las rutas terrestres están generando congestión y demoras en el movimiento de cargas. La compañía analiza alternativas para mantener la continuidad de sus servicios mientras se normalizan las condiciones de acceso.
La situación es especialmente sensible para las cargas que dependen de una cadena logística integrada: un buque puede mantener su programación marítima, pero si los contenedores no consiguen llegar al terminal o no pueden salir del puerto, la continuidad del servicio se ve igualmente comprometida.
Ese efecto comienza a reflejarse en la posibilidad de redirigir cargas hacia Cartagena, en la costa Caribe, cuando las condiciones comerciales y operativas lo permiten.
El puerto de Cartagena, a diferencia de Buenaventura, no se encuentra afectado por las consecuencias directas del terremoto en el Pacífico colombiano. Las operaciones portuarias de la costa Atlántica continúan funcionando con normalidad, según los reportes difundidos por operadores marítimos.
EL CAFÉ COMO PRIMER INDICADOR
Uno de los sectores donde el impacto ya es particularmente visible es el cafetero.
La zona afectada por el terremoto se encuentra próxima a importantes regiones productoras y a los corredores utilizados para trasladar el café hacia Buenaventura.
El puerto concentra una parte significativa de los embarques colombianos destinados a los mercados internacionales, especialmente hacia los países asiáticos y otros destinos del Pacífico.
La interrupción de las rutas de acceso está provocando que parte de los embarques de café deban buscar alternativas a través de los puertos del Caribe, una solución que implica modificar recorridos terrestres y marítimos.
El Financial Times señaló que la disrupción alcanzó aproximadamente al 60% de la cadena de suministro del café colombiano, mientras que los daños en las carreteras obligaron a modificar rutas de exportación.
El impacto resulta especialmente relevante porque Colombia es uno de los principales productores mundiales de café y uno de los mayores proveedores de café arábica lavado para los mercados internacionales.
Así, un problema localizado en la infraestructura vial del occidente colombiano puede terminar afectando los tiempos de entrega y los costos de una mercancía cuyo destino final puede encontrarse a miles de kilómetros.
EL PUERTO NO ESTÁ AISLADO
El episodio vuelve a poner de manifiesto una vulnerabilidad habitual de los grandes nodos portuarios latinoamericanos: la capacidad de un puerto no depende únicamente de sus muelles, grúas y terminales.
Buenaventura necesita de una red terrestre que conecte el litoral Pacífico con el interior colombiano.
Cuando esa red se interrumpe, la infraestructura portuaria puede conservar sus capacidades operativas, pero la carga deja de llegar con normalidad.
La situación actual es precisamente esa.
Los reportes del sector indican que el impacto se concentra en la costa Pacífica, especialmente en Buenaventura y sus conexiones terrestres, mientras que los puertos de la costa Atlántica continúan operativos.
Esta diferencia está permitiendo que Cartagena aparezca como una alternativa para determinadas cargas.
Sin embargo, trasladar una operación desde el Pacífico hacia el Caribe no constituye una sustitución automática. Supone modificar rutas terrestres, tiempos de transporte, costos, reservas portuarias y, en determinados casos, itinerarios marítimos.
UNA DISRUPCIÓN QUE PUEDE EXTENDERSE
La principal incógnita para los próximos días será cuánto tiempo demandará restablecer completamente las conexiones con Buenaventura.
La infraestructura portuaria puede recuperar rápidamente sus niveles habituales de actividad una vez que se normalicen los accesos, pero el problema logístico puede persistir mientras continúen los trabajos de reparación de carreteras y la circulación de vehículos se encuentre restringida.
Además, los efectos pueden acumularse.
Cada jornada con menor ingreso de camiones al puerto puede generar contenedores que no llegan a tiempo, cargas que deben reprogramarse, espacios de almacenamiento que se ocupan y buques que deben ajustar sus escalas.
Es justamente esa acumulación la que preocupa a las navieras.
CMA CGM ya señaló que la congestión y las alteraciones en las rutas terrestres están generando retrasos en las cargas, mientras que otras compañías están evaluando modificaciones operativas para reducir el impacto sobre sus clientes.
EL IMPACTO TRASCIENDE A COLOMBIA
La situación de Buenaventura adquiere una dimensión regional porque el puerto forma parte de las principales redes marítimas que conectan Colombia con Asia y otros mercados del Pacífico.
La programación de las navieras muestra que Buenaventura mantiene escalas regulares dentro de servicios que también conectan otros grandes puertos de la costa Pacífica sudamericana. Por ejemplo, los itinerarios de CMA CGM mantienen escalas programadas en Buenaventura junto con conexiones hacia San Antonio, Chancay, Callao y Posorja, entre otros destinos.
Por eso, una alteración prolongada puede tener efectos sobre la planificación de servicios que atraviesan varios países y puertos.
El problema tampoco se limita al café. Contenedores de productos industriales, alimentos, insumos y mercancías destinadas al comercio exterior colombiano dependen de la misma infraestructura de conexión.
El terremoto dejó así una segunda emergencia detrás de la emergencia humanitaria: la necesidad de mantener funcionando una de las principales puertas marítimas de Colombia mientras se reconstruyen las conexiones que permiten que la carga llegue hasta ella.
Al 16 de agosto, el puerto de Buenaventura continúa siendo operativo, pero las restricciones terrestres y la congestión mantienen bajo presión a las cadenas logísticas. Las navieras ya están evaluando desvíos y alternativas, mientras Cartagena gana relevancia como vía de contingencia.
La evolución de las próximas semanas determinará si se trata de una disrupción temporal o si el terremoto termina provocando una reconfiguración transitoria de los flujos de comercio exterior colombiano.

