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El cable eléctrico de 500 MW que cambió su ruta por la tumba de Dobby

El interconector Greenlink, una obra de unos US$580 millones que une las redes eléctricas de Irlanda y Reino Unido, tuvo que modificar su trazado después de que cientos de fanáticos de Harry Potter advirtieran que la ruta prevista afectaría el memorial del personaje. El caso expone las complejidades que rodean la construcción de grandes infraestructuras energéticas submarinas.

Una obra energética de cientos de millones de dólares terminó modificando su recorrido por una razón tan inesperada como difícil de ignorar: evitar la “tumba” de un personaje ficticio.

Se trata del Greenlink, un interconector eléctrico que une Irlanda y Gales mediante un cable submarino de aproximadamente 200 kilómetros, con una capacidad de 500 MW y una inversión estimada en £430 millones, unos US$580 millones. El proyecto permite conectar las redes eléctricas de ambos países y forma parte de la infraestructura destinada a reforzar el intercambio de electricidad entre Irlanda y Reino Unido.

La modificación surgió en la costa galesa, concretamente en Freshwater West, una playa de Pembrokeshire que se convirtió en un lugar de peregrinación para los seguidores de Harry Potter porque allí se filmó la muerte y posterior entierro de Dobby, el elfo doméstico de la saga.

Aunque la tumba no existe en términos reales, los seguidores construyeron durante años un memorial espontáneo en el lugar, dejando piedras con mensajes y referencias al personaje. La popularidad del sitio llegó al punto de convertirlo en un atractivo turístico de la zona.

CIENTOS DE RECLAMOS CAMBIARON EL TRAZADO

El conflicto apareció cuando el director del proyecto, Simon Ludlam, explicó en una entrevista para la BBC por dónde estaba previsto que ingresara el cable a tierra.

La información provocó una reacción inmediata entre los fanáticos. Según relató Ludlam posteriormente en el podcast Energy Revolution, la compañía comenzó a recibir cientos de llamadas de personas preocupadas por el impacto que tendría la obra sobre el memorial.

El propio responsable reconoció que inicialmente no comprendía la magnitud del reclamo. No sabía quién era Dobby ni por qué un personaje ficticio podía convertirse en un obstáculo para una infraestructura energética de semejante dimensión.

La presión, sin embargo, llevó al equipo a analizar alternativas. Los planificadores buscaron una nueva traza que permitiera mantener el proyecto sin intervenir sobre el memorial.

El resultado fue tan llamativo como la causa del conflicto: el cable fue desplazado para evitar la “tumba” de Dobby.

El proyecto sigue adelante y Dobby está contento”, ironizó Ludlam al explicar la decisión.

LA INFRAESTRUCTURA QUE UNE DOS SISTEMAS ELÉCTRICOS

Detrás de la anécdota existe una infraestructura energética de gran importancia.

Greenlink es un interconector eléctrico submarino que vincula la red de Irlanda con la del Reino Unido. El cable conecta el condado de Wexford, en la costa sureste de Irlanda, con Freshwater West, en Pembrokeshire, Gales.

La conexión tiene alrededor de 200 kilómetros de extensión y una capacidad de 500 MW, lo que permite transportar electricidad entre ambos sistemas y mejorar la capacidad de intercambio energético.

Este tipo de proyectos exige estudios de ingeniería, análisis del fondo marino, evaluaciones ambientales y una planificación detallada de los puntos donde el cable abandona el lecho marino para conectarse con la infraestructura terrestre.

Por eso, modificar una ruta no equivale simplemente a “mover una línea en el mapa”. Cada cambio obliga a revisar las condiciones del terreno, los permisos, los estudios ambientales y arqueológicos y las características técnicas del nuevo corredor.

Dobby NO FUE EL ÚNICO OBSTÁCULO

La parte más curiosa del episodio es que, mientras los planificadores buscaron evitar el memorial ficticio, la nueva ruta terminó acercándose a restos arqueológicos auténticos de la Edad de Bronce, incluidos vestigios vinculados a enterramientos humanos.

Es decir, la nueva traza debió encontrar un equilibrio entre preservar un lugar convertido en símbolo cultural por los fanáticos y evitar otros elementos patrimoniales que sí tienen valor histórico y arqueológico real.

El caso permite observar hasta qué punto la construcción de infraestructura energética se ha vuelto una tarea multidimensional. Un proyecto de transmisión ya no se define únicamente por la distancia más corta entre dos puntos o por la factibilidad técnica del tendido.

El recorrido puede quedar condicionado por ecosistemas, actividades pesqueras, patrimonio arqueológico, áreas protegidas, intereses de las comunidades locales e incluso lugares que adquieren un valor cultural producto del turismo.

CUANDO LA ENERGÍA CHOCA CON EL TERRITORIO

Freshwater West ya presentaba una particularidad antes de la llegada del proyecto. El National Trust, propietario del lugar, había advertido sobre el impacto ambiental provocado por los visitantes que dejan objetos en el memorial de Dobby y había pedido a los fanáticos que no depositaran allí calcetines, debido al riesgo que representan para el ambiente marino.

La discusión alrededor del cable Greenlink terminó poniendo nuevamente ese sitio en el centro de la atención pública.

Lo ocurrido también demuestra el peso que pueden adquirir los llamados activos culturales en el desarrollo de infraestructura. La tumba de Dobby no tiene reconocimiento arqueológico, pero sí consiguió algo que resulta mucho más difícil de cuantificar: movilizar a una comunidad global de seguidores y convertir una modificación de ingeniería en una cuestión de interés público.

El proyecto energético, finalmente, continúa. La ruta fue modificada, el memorial quedó fuera del trazado y el interconector puede avanzar.

 

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