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Detectan una isla no cartografiada en la Antártida: será incorporada a cartas náuticas internacionales

Un equipo científico internacional identificó recientemente una isla hasta ahora no registrada en la cartografía oficial, en el sector noroccidental del Mar de Weddell, uno de los entornos más complejos y menos relevados del sistema antártico. El hallazgo, confirmado durante una campaña del buque de investigación polar Polarstern, tendrá impacto directo en la actualización de cartas náuticas y en la seguridad de la navegación en aguas polares.

Un hallazgo inesperado en una zona de riesgo

El descubrimiento se produjo de forma fortuita durante una misión liderada por el Alfred Wegener Institute (AWI), cuando condiciones meteorológicas adversas obligaron al buque a buscar refugio en proximidades de la isla Joinville.

En ese contexto, los investigadores detectaron una discrepancia entre la cartografía disponible y las observaciones en campo: una zona señalada como “peligro no identificado” no presentaba correlato claro en los datos existentes. Lo que inicialmente fue interpretado como un posible iceberg resultó ser, tras una inspección directa, una formación rocosa emergida.

La verificación confirmó la existencia de una isla hasta entonces no registrada formalmente.

Relevamiento de alta precisión

Tras el hallazgo, el equipo llevó adelante un relevamiento detallado mediante ecosondas multihaz, drones y técnicas de fotogrametría, permitiendo caracterizar el accidente geográfico con precisión inédita.

Los datos preliminares indican que la isla presenta dimensiones aproximadas de 130 metros de longitud, 50 metros de ancho y 16 metros de altura sobre el nivel del mar

El Polarstern logró aproximarse a una distancia segura de unos 150 metros, operando en profundidades superiores a los 50 metros, lo que permitió circunnavegar la formación y obtener datos batimétricos del entorno inmediato.

Fallas en la cartografía polar

Uno de los aspectos más relevantes del caso es la inconsistencia detectada en la cartografía existente. Si bien la zona estaba marcada como peligrosa para la navegación, la isla no figuraba como tal y su ubicación presentaba un desvío cercano a una milla náutica.

Este episodio vuelve a poner en evidencia las limitaciones en el conocimiento hidrográfico de regiones polares, donde la escasez de mediciones directas obliga a trabajar con modelos e interpolaciones.

A ello se suma la dificultad de detección por medios satelitales: la cobertura de hielo y la similitud visual con icebergs impidieron su identificación previa.

Incorporación al sistema internacional

Al tratarse de una formación sin denominación oficial, el próximo paso será su registro en los sistemas internacionales de nomenclatura geográfica. Posteriormente, será incorporada a bases de datos como el International Bathymetric Chart of the Southern Ocean (IBCSO) y a cartas náuticas utilizadas por la navegación internacional.

Este proceso resulta clave en un contexto de creciente actividad científica y logística en la Antártida.

Contexto: cambios acelerados en el hielo antártico

El hallazgo se enmarca en una campaña que también documentó transformaciones significativas en el hielo marino del Mar de Weddell. Los investigadores constataron un retroceso sostenido del hielo estacional desde 2017, acompañado por un aumento en la temperatura superficial del océano.

Asimismo, se observaron cambios estructurales en el hielo, mayor presencia de agua de deshielo y alteraciones en los ecosistemas subglaciales, factores con incidencia directa en la circulación oceánica global.

Implicancias

Aunque de dimensiones reducidas, la detección de esta isla presenta implicancias relevantes, refuerza la necesidad de mejorar la cartografía hidrográfica en zonas polares, aumenta la seguridad de la navegación en áreas de riesg, aporta información geológica y glaciológica de valor científico y contribuye al monitoreo de los efectos del cambio climático

En un escenario donde aún persisten vacíos de conocimiento en regiones críticas del planeta, el hallazgo confirma que incluso en el siglo XXI la exploración científica sigue revelando elementos esenciales para comprender la dinámica global.

Fotos: Christian Haas

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