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De Valdivia al Pacífico oriental: ASENAV construirá un laboratorio oceanográfico híbrido para Estados Unidos

El astillero chileno fue seleccionado por la Universidad de California San Diego para construir un nuevo buque de investigación de 38 metros que reemplazará al veterano Robert Gordon Sproul. La embarcación combinará propulsión eléctrica, baterías y generación diésel, con capacidad para realizar buena parte de sus misiones utilizando hidrógeno.

VALDIVIA, CHILE. — El próximo salto de ASENAV no será solamente hacia otro mercado: será hacia una nueva generación de buques científicos.

El astillero ubicado en Valdivia fue seleccionado por la University of California San Diego (UC San Diego) para construir un nuevo buque oceanográfico destinado a la Scripps Institution of Oceanography, una de las instituciones científicas marinas más reconocidas de Estados Unidos.

El proyecto, identificado como NB 201, contempla una embarcación de aproximadamente 38 metros de eslora, concebida para operar como un verdadero laboratorio flotante en el Pacífico oriental. Su puerto base estará en San Diego y su actividad estará integrada a la flota académica de investigación de Estados Unidos.

Pero el dato que convierte al proyecto en algo más que un nuevo contrato de construcción naval está en su sistema energético.

Un buque pensado alrededor de la transición energética

El nuevo Coastal Class Research Vessel (CCRV) fue concebido desde sus primeras etapas como una plataforma científica de bajas emisiones.

El diseño contempla un sistema híbrido que combina propulsión eléctrica, baterías y generación diésel, mientras que el proyecto desarrollado por Scripps incorpora además el uso de hidrógeno líquido mediante celdas de combustible. Según la institución estadounidense, la embarcación podrá realizar aproximadamente el 75% de sus misiones utilizando únicamente hidrógeno, alcanzando operación sin emisiones durante esos períodos.

No se trata, por tanto, de instalar simplemente baterías sobre un buque convencional. La arquitectura energética forma parte del concepto general de la embarcación y busca reducir emisiones, ruido submarino y perturbaciones durante las operaciones científicas.

Esto último es particularmente importante para un buque oceanográfico: un sistema de propulsión más silencioso no solo beneficia al medio ambiente, sino que también puede mejorar las condiciones para la utilización de sensores acústicos y la toma de muestras.

38 metros para reemplazar cuatro décadas de servicio

El nuevo buque sustituirá al R/V Robert Gordon Sproul, una plataforma que comenzó a operar en 1981 y que ha desarrollado durante décadas tareas de investigación costera y oceánica para Scripps.

El Robert Gordon Sproul tiene actualmente 125 pies de eslora —unos 38 metros—, capacidad para cinco tripulantes y 12 científicos, y una autonomía de hasta 21 días limitada por sus provisiones. Su sistema de propulsión está basado en dos motores diésel Detroit Diesel de 675 hp.

La nueva generación apunta a mantener la escala de la plataforma, pero elevar considerablemente sus capacidades científicas y ambientales.

El CCRV tendrá capacidad para hasta 20 personas entre tripulación, estudiantes y científicos y se proyecta que opere alrededor de 200 días al año. Desde San Diego participará en campañas científicas a lo largo del Pacífico oriental.

De esta manera, ASENAV no estará construyendo solamente un reemplazo para un buque veterano: estará incorporando una plataforma científica diseñada para varias décadas de operación en un entorno donde la reducción de emisiones comienza a ser parte de las propias especificaciones de construcción.

Del diseño estadounidense a los astilleros de Valdivia

El proyecto comenzó varios años antes de que ASENAV apareciera como constructor.

La arquitectura naval y la ingeniería del buque fueron desarrolladas por Glosten, que fue seleccionada por Scripps en 2022 para llevar adelante el diseño de la nueva embarcación.

En 2024, la propuesta recibió la aprobación preliminar de American Bureau of Shipping (ABS) y posteriormente obtuvo la aprobación de la U.S. Coast Guard, avanzando así en la validación de una arquitectura que incorpora propulsión mediante hidrógeno y capacidades de operación con cero emisiones.

En enero de 2025 Scripps abrió formalmente el proceso para seleccionar el astillero encargado de la construcción y montaje final. La elección terminó recayendo en ASENAV, que logró imponerse en el proceso competitivo y asumirá la construcción del buque en Chile.

Una exportación naval que va más allá del buque

Para la industria naval chilena, el contrato tiene una lectura adicional.

ASENAV acumula más de medio siglo de actividad y una cartera que incluye remolcadores, ferries, buques pesqueros, wellboats, naves de apoyo y embarcaciones de investigación oceanográfica. El propio astillero destaca su capacidad de desarrollar internamente diseño e ingeniería para proyectos especializados.

En los últimos años, además, la empresa ha comenzado a incorporar tecnologías vinculadas con la transición energética. En enero de 2026, por ejemplo, ASENAV realizó la botadura del Magellan Discoverer, presentado como el primer crucero de lujo híbrido-eléctrico construido en Chile.

El nuevo contrato con UC San Diego lleva esa experiencia hacia otro segmento: el de los buques científicos de bajas emisiones.

Y allí está posiblemente uno de los aspectos más relevantes del proyecto.

Un astillero latinoamericano dentro de la nueva flota científica estadounidense

La embarcación será incorporada, una vez entregada, al sistema de investigación oceanográfica académica de Estados Unidos. La U.S. Academic Research Fleet reúne actualmente 16 buques operados por 14 instituciones y coordinados dentro del ecosistema de UNOLS, poniendo estas plataformas a disposición de investigadores y programas científicos.

El nuevo buque de Scripps tendrá una función particularmente orientada a las aguas costeras de California y el Pacífico oriental.

Sus campañas estarán vinculadas con investigaciones sobre pesquerías, floraciones algales nocivas, fenómenos El Niño, ríos atmosféricos, aumento del nivel del mar, acidificación oceánica y zonas de bajo oxígeno, entre otros procesos biológicos, químicos, geológicos y físicos.

En otras palabras, el buque que será construido en Valdivia terminará trabajando sobre algunos de los problemas científicos más relevantes de la costa occidental de América.

El desafío ahora pasa del papel al acero

La selección de ASENAV marca el cierre de una extensa etapa de diseño y aprobación técnica y abre la fase industrial del proyecto.

El desafío será transformar en estructura naval un concepto que nació alrededor de una premisa poco habitual: que un buque oceanográfico pueda reducir significativamente su dependencia de combustibles fósiles sin sacrificar autonomía, capacidad científica ni seguridad operacional.

Para ASENAV, el proyecto representa además una nueva referencia internacional.

Para Scripps, supone la renovación de una plataforma científica que lleva más de cuatro décadas trabajando en el mar.

Y para la construcción naval latinoamericana, el dato puede ser todavía más significativo: uno de los nuevos laboratorios flotantes de la investigación oceanográfica estadounidense será construido en las aguas interiores de Valdivia, a miles de kilómetros de su futuro puerto de operaciones en California.

La próxima frontera del proyecto ya no estará en los planos. Estará en el astillero.

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