El buque escuela de la Armada Nacional realizó su 22.ª escala en el puerto español, donde abrió sus puertas al público durante dos jornadas. Construido en Cádiz en 1930, el velero cumple su XXXVI Viaje de Instrucción con una misión que combina formación naval, representación internacional y proyección de Uruguay.
El Capitán Miranda volvió a Cádiz, la ciudad donde fue construido hace 96 años, y convirtió nuevamente su presencia en el puerto español en una muestra de la tradición marítima uruguaya.
El buque escuela de la Armada Nacional arribó el miércoles 12 de agosto al muelle Reina Victoria, en el marco de su XXXVI Viaje de Instrucción, y durante los días 13 y 14 abrió sus puertas a la ciudadanía. La iniciativa permitió a los visitantes conocer el interior de una embarcación que mantiene una relación histórica directa con Cádiz y que, además de formar a las nuevas generaciones de oficiales uruguayos, funciona como una verdadera embajada flotante.
La escala fue cubierta por medios locales como La Voz de Cádiz y Onda Cádiz, que destacaron tanto el vínculo histórico de la nave con la ciudad como su función actual dentro de la Armada uruguaya. Onda Cádiz señaló que esta fue la 22.ª visita del Capitán Miranda al puerto gaditano y que la dotación durante esta travesía alcanza unas 80 personas.
DE BUQUE HIDROGRÁFICO A ESCUELA DE OFICIALES
La historia del Capitán Miranda explica buena parte de su valor dentro de la Armada.
El buque fue construido en 1930 en los astilleros de Cádiz como una unidad destinada a tareas hidrográficas. Su misión original estuvo vinculada con la realización de estudios oceanográficos y levantamientos que permitieron avanzar en la elaboración de cartas náuticas de Uruguay.
Décadas después, la Armada decidió transformarlo en un buque escuela. En 1977 comenzaron los trabajos que lo convertirían en el velero de instrucción que actualmente realiza viajes internacionales.
Desde entonces, el Capitán Miranda pasó a cumplir una doble función: formar a los futuros oficiales y llevar la presencia de Uruguay a los puertos que visita.
Durante su actual viaje, la embarcación cuenta con una dotación integrada por oficiales, personal subalterno, guardiamarinas e invitados. Según explicó el comandante Gabriel Calimaris a Infodefensa, son 15 los guardiamarinas que realizan este viaje como parte del proceso de culminación de su formación en la Escuela Naval.
El entrenamiento no se limita a la navegación a vela. La experiencia a bordo permite que los futuros oficiales desarrollen competencias operativas y de conducción en un entorno de navegación internacional, al tiempo que participan en actividades protocolares y de representación.
UNA EMBARCACIÓN QUE TAMBIÉN REPRESENTA AL PAÍS
La dimensión militar es solamente una parte de la misión actual.
El Capitán Miranda cumple también una función de diplomacia naval, participando en actividades oficiales y culturales durante sus escalas. La presencia de la tripulación en distintos puertos permite establecer contactos con autoridades, comunidades uruguayas en el exterior y otras fuerzas navales.
Calimaris destacó ante Infodefensa que el buque funciona como representante de Uruguay y contribuye a difundir en el exterior aspectos de la cultura nacional, además de productos uruguayos como carnes y vinos.
Esa tarea adquiere una dimensión particular en Cádiz.
La ciudad no es solamente uno de los puertos incluidos en la ruta. Es parte de la propia historia de la embarcación. El Capitán Miranda fue construido allí en 1930 y décadas más tarde regresó a astilleros gaditanos para ser sometido a una profunda transformación.
Por eso, la llegada del velero genera un vínculo que excede lo estrictamente naval.
La Embajada de Uruguay en España calificó la escala como una oportunidad para fortalecer los históricos vínculos de amistad entre ambos países, mientras que medios gaditanos destacaron el carácter simbólico del regreso del buque a la ciudad que lo vio nacer.
60 METROS, TRES MÁSTILES Y NUEVE VELAS
Desde el punto de vista técnico, el Capitán Miranda conserva una configuración que lo diferencia de buena parte de las unidades utilizadas actualmente para formación naval.
Onda Cádiz describió al velero como una goleta de tres mástiles y nueve velas, con unos 60 metros de eslora, capaz de desarrollar su navegación combinando propulsión a vela y motor. El jefe de cubierta, Nicolás Méndez, lo definió ante el medio español como el “hermano pequeño” del buque escuela Juan Sebastián de Elcano.
La navegación a vela no constituye solamente una característica estética.
Para los guardiamarinas, trabajar con un aparejo de estas características implica conocer directamente la relación entre viento, maniobra, estabilidad, navegación y toma de decisiones a bordo. Es una modalidad de formación que conserva un componente práctico difícil de reproducir en una plataforma exclusivamente moderna.
A esto se suma la experiencia de operar durante meses fuera de aguas uruguayas.
El actual viaje de instrucción ya incluyó escalas en Brasil, Curazao, México, Estados Unidos y Portugal, además de la participación en encuentros náuticos internacionales como Sail Curaçao y Sail 250, organizado en el marco de las celebraciones por los 250 años de la independencia estadounidense.
EL VIAJE CONTINÚA
La escala gaditana ya quedó atrás.
Luego de abandonar Cádiz, el Capitán Miranda tiene previsto continuar su recorrido hacia Tenerife y Salvador de Bahía, antes de emprender el regreso a Uruguay, previsto para septiembre.
La escala permitió, además, volver a poner al buque en contacto directo con la ciudad que forma parte de su identidad.
Pero detrás de la imagen del velero atracado frente a Cádiz existe una estructura de formación que se mantiene activa desde hace casi medio siglo: oficiales que completan su preparación, navegación internacional, entrenamiento práctico y representación del país en cada puerto.
A 96 años de su construcción, el Capitán Miranda conserva así una particularidad poco frecuente: una embarcación nacida para estudiar las aguas uruguayas que terminó convertida en escuela de oficiales y en uno de los principales instrumentos de presencia internacional de la Armada Nacional.
Su regreso a Cádiz volvió a poner esa historia en el centro de la escena marítima española.

