El Paraná tiene la mayor bajante en 30 años y pone en jaque a la industria agroexportadora

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En Rosario, el río tiene apenas un metro de alto, cuando a esta altura del año debería tener 3,76 metros. Los buques salen con menos carga justo cuando están ingresando más camiones por la cosecha. Como si no le faltaran problemas a la economía argentina, la mayor fábrica de dólares del país, que son las industrias agroexportadoras ubicadas a la vera del río Paraná en el Gran Rosario, están viviendo una situación complicada por una bajante extraordinaria del río Paraná. Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), el déficit de lluvias que ocurrió en los últimos meses en el nordeste argentino y en el sur de Brasil y de Paraguay, además de “secar” las Cataratas del Iguazú, afectó a las cuencas de los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay. En el caso del Paraná, los registros de la Prefectura Naval Argentina muestran que en Rosario el río tiene apenas un metro de altura, cuando el promedio para esta época del año es 3,76 metros.   “La última vez que el Río Paraná a la altura de Rosario estuvo por debajo del metro de altura fue el 10 de enero de 1989, hace más de 30 años atrás”, remarcó la entidad rosarina.

Cuello de botella

El problema es que, bajo este panorama, es inevitable que los buques salgan de las terminales agroexportadoras con menos carga, para evitar encallar.

Según la BCR, la empresa Hidrovía SA, encargada de garantizar el calado del río hasta 34 pies, está obligada a lograr este objetivo el 90 por ciento del tiempo con una altura mínima de 2,47 metros. Es decir, técnicamente hoy es imposible garantizar esa profundidad para el tránsito de los barcos. Por eso, las empresas se están viendo obligadas a cargar menos granos y subproductos, justo en el momento en que el ingreso de camiones a sus plantas estaba creciendo, tras la caída registrada durante el inicio de la cuarentena obligatoria. De hecho, este fin de semana las compañías tienen previsto trabajar las 24 horas debido al alto flujo que esperan de unidades cargadas fundamentalmente con soja y con maíz.

Cinco problemas

En concreto, la BCR definió cinco inconvenientes que esta bajante extraordinaria del río produce para las industrias que generan más de un tercio de los dólares que ingresan anualmente al país. Menos carga. Un buque Handysize o Handymax que normalmente carga entre 35.000 y 40.000 toneladas, cada pie de calado que baja el río representa una pérdida de dicha capacidad de carga de entre 1.500 y 1.800 toneladas. En un Panamax, con una capacidad de carga en tono a los 60.000 a 65.000 toneladas, perder tres pies de profundidad implica dejar de cargar entre 6.000 y 7.500 por buque. En el caso de que carguen harinas, la pérdida puede ser menor ya que ésta cubica más (pesa menos por volumen de carga). En la práctica, por ejemplo, en plena cosecha maicera, aquellas empresas que antes cargaban Panamax con 40.000 toneladas del cereal y completaban carga en Bahía Blanca/Necochea hasta las 60.000-65.000 toneladas, hoy salen del Gran Rosario con menos mercadería por la falta de profundidad obligándolas a cargar más maíz en esos puertos del sur bonaerense. Esto plantea problemas en la logística porque hay menor disponibilidad de cereal en el sur bonaerense y los costos de adquisición son más elevados. Demoras. La bajante obliga a mayor prudencia de los pilotos y prácticos en las maniobras con los buques, en particular en los canales de acceso y pasos críticos ya que existe una posibilidad creciente que se registren varaduras en el río, lo cual puede afectar la óptima navegación en el sistema. Barcazas. Desde Paraguay llega soja muy importante para las industrias agroexportadoras, que mezclan esos porotos con los producidos localmente, para elevar los niveles de proteína. Con esta situación, el arribo de barcazas desde el país vecino se está demorando entre 10 y 15 días.

Aceite. Es posible, en este contexto, que las fábricas que tienen suficiente stock de mercadería para moler tengan que demorar el ritmo de procesamiento, para no saturar la capacidad de almacenaje de aceite, lo que por lógica demora también el ritmo de exportación de harina. Embarques. Los previstos para abril y mayo podrían ralentizarse y generar problemas de saturación en la capacidad de almacenaje del grano dentro de los puertos. A su vez podrían darse menos cupos para camiones para que ingresen con maíz al Gran Rosario.

Malas noticias

En este contexto, el problema adicional es que no asoman indicadores que auguren una rápida recuperación del caudal del Paraná. Por el contrario, las estimaciones del Instituto Nacional del Agua muestran que, al menos hasta el 21 de abril, la altura del río seguiría disminuyendo. En un informe adicional enfocado en las perspectivas agroclimáticas, la Bolsa rosarina indica que “el corto plazo no transmite solución en cuanto a lo meteorológico”. Recién a partir de la segunda quincena de abril podría comenzar “el recorrido de un pulso húmedo que lentamente podría llevar hacia un régimen de mayor normalidad”, con fuertes lluvias en el sur de Brasil y en Paraguay. Sin embargo, aún cuando eso efectivamente ocurriere, recién 20 o 30 días después se reflejaría con un mayor caudal del río Paraná.  https://www.nuestromar.org/

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