Las grúas y muelles del puerto de salto

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Foto: ANP

El Puerto de Salto se caracteriza por tener dos grúas gigantes para el manejo de los contenedores, que son emblemáticas e inevitables de apreciar cuando se mira al Río Uruguay. Además, tiene el muelle negro que hoy es un espacio público. Por otro lado, repasamos las compañías fluviales antiguas. Las grandes grúas de fabricación metálica constituyen un referente visual ineludible de Salto. Los salteños cuando miran al río desde cualquier parte de la ciudad ven la presencia de esas dos grúas, a quien un poeta local denominó las «jirafas grises».

Son de esas estructuras que, sin ser bellas, aportan al paisaje una identidad.

El muelle metálico o negro

Este muelle metálico o también conocido como muelle negro, es el que está ubicado más al norte del área portuaria. Fue construido para las operaciones del Ferro Carril Noroeste, cuya estación se encuentra a unos 500 metros hacia el este. El lugar donde está ubicado nace en un amplio paredón de piedra. En aquellas épocas, había una tradición y Salto era conocida como la ciudad de la piedra. Se extiende hacia el río entre árboles y arbustos. El muelle fue instalado en 1870 por la compañía inglesa The Midland Uruguay Railway Co. Ltd, puerto local de embarque y desembarque para transporte de pasajeros y carga de mercaderías nacionales y brasileñas hasta los puertos de Montevideo y Buenos Aires, que hoy casi no existe. Luego de un período de inactividad, se logró recuperar ese espacio público y en la actualidad es un paseo turístico de mucha concurrencia. En el atardecer y cuando hay calma su reflejo traduce la serena lectura del río, que acrecienta su belleza cuando las bandadas de garzas blancas se aposentan en él, lo que aumenta su indudable carácter testimonial.

El muelle de crecientes

Esta construcción de hormigón está instalada al final de la dársena sur y se construyó con el pensamiento de las habituales crecientes para permitir la continuidad de los servicios. Hoy solo se limita a servir en ocasiones de grandes crecientes para las lanchas del servicio diario a Concordia. Tiene un pasaje vehicular en su nivel inferior que permite unir la parte sur y norte del área. Por su ubicación es el remate perfecto para el límite sur de la zona.

Las compañías fluviales de navegación

Si hacemos un poco de historia y vamos para atrás en el tiempo es obvio que con las condiciones naturales de navegación del río Uruguay y el crecimiento de la actividad comercial y productiva de Salto, dada la ubicación previa a los arrecifes de Salto Chico y Salto Grande, creciera al mismo tiempo la necesidad de contar con el transporte adecuado. Coinciden en esa segunda parte del Siglo XIX como habitantes de la ciudad personalidades de fuerte carácter emprendedor como por ejemplo Ricardo Williams, Mariano Cabal, Pascual Harriague, Dionisio Trillo, Saturnino Ribes, Manuel Ferrando, José G. Amorim, Diego Lamas y Teófilo Córdoba, quienes con sus condiciones naturales y sus relaciones incluso en la Argentina, emprenderán la creación de un banco, de una compañía naviera, de los edificios de la Iglesia del Carmen, la Aduana, el Resguardo, la Jefatura de Policía, los saladeros, los astilleros, el Instituto Politécnico, los grandes hoteles, el Hospital, el Hipódromo y otras instituciones de gran trascendencia. En 1857 se funda en esta ciudad la primera compañía del Río de la Plata con el nombre de «Compañía Salteña de Navegación a Vapor». Sus primeras naves fueron el «Salto» y el «Montevideo». El primero fue construido por «T.y G. Thomson» de Glascow, bajo la supervisión de Apolinario de los Santos, gerente de la compañía salteña. El «Salto» tenía capacidad para 80 pasajeros de cámara y 40 de segunda. Pesaba 191 toneladas y tenía 47 metros de largo, seis de ancho y uno y medio de calado. La prosperidad de la compañía se interrumpió en 1859 por problemas políticos argentinos. El General Urquiza, accionista mayor, adquirió el total de las partes y puso los elementos disponibles al servicio de su enfrentamiento militar interno. «No obstante, dicen Fernández Saldaña y Miranda, a principios de 1860 pudo ofrecer cuatro viajes mensuales entre Montevideo y Salto, con escala en Fray Bentos, Nueva Palmira, Paysandú y Concepción del Uruguay y otra línea hasta Rosario de Santa Fé, con escala en San Nicolás». Entre febrero de 1960 y enero del 1961 la empresa transportó 12.794 pasajeros en la línea del Uruguay y 15.072 en la del Paraná. En 1862 surge la «Nueva Compañía Salteña de Navegación a Vapor», que tuvo un gran éxito hasta que en 1865 le sucede lo mismo que la anterior, cuando sus buques se utilizan en las guerras civiles. En 1866, Saturnino Ribes, francés de habilidad y gran emprendedor, antiguo empleado de la primera compañía mencionada anteriormente se hace armador y crea las «Mensajerías Fluviales a Vapor». La competencia entablada se soluciona cuando ante problemas de dirección de sus competidores, Ribes compra esa empresa y queda dueño del río. Según Barrios Pintos, nunca nadie había logrado mayor flota, mayor tránsito, más barcazas, más transporte. Ribes generó una actividad inusual en la zona norte de Salto al instalar sus astilleros que se mantendrán en actividad hasta cerca de 1945. En 1888, Ribes vende sus propiedades a la inglesa «Platense Flotilla Company Limited y aunque se dice se había comprometido a no reiniciar esa misma actividad, formó la «Mensajerías Fluviales del Plata», haciendo quebrar a la anterior al poco tiempo. Al fallecimiento de Ribes, sus herederos la vendieron a Nicolás Mihanovich, quien las explotó hasta mediados del siglo XX. Se han escrito numerosos trabajos sobre la importancia del río, su puerto y la navegación, que justifican la afirmación de que esa no fue la única causa, pero sí decisiva del crecimiento y auge de la ciudad de Salto. Para finalizar, es de destacar que el área portuaria de la ciudad de Salto es Monumento Histórico Nacional por Resolución número 476 del año 2000. https://www.republica.com.uy/

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