El uso de pescado salvaje para alimentar a peces de acuicultura aumenta el riesgo de colapso de la fauna marina

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El 90 por ciento del pescado que se utiliza para fabricar harina y aceite de pescado para alimentar a los peces de acuicultura, podría usarse directamente para el consumo humano, según un informe científico que advierte de que el uso de pescado salvaje para alimentación de acuicultura aumenta el riesgo de colapso de la fauna marina.

El trabajo ‘Until the seas run dry: how industrial aquaculture is plundering the oceans’ (‘Hasta que los mares se agoten: cómo la acuicultura industrial está saqueando los océanos’), que publican las organizaciones Changing Markets Foundation y Compassion in World Farming, analiza las más recientes investigaciones científicas sobre los efectos de las pesquerías de reducción (en las que el pescado silvestre se transforma en harina y aceite de pescado) y la falta de transparencia y sostenibilidad en el sector de los piensos para la acuicultura. El uso de pescado salvaje para alimentar a peces de acuicultura aumenta el riesgo de colapso de la fauna marina

En concreto, el trabajo revela que casi el 70 por ciento de los peces forrajeros desembarcados son transformados en harina y aceite de pescado; lo que supone alrededor del 20 por ciento del total de capturas de pescado silvestre de todo el mundo. El sector de la acuicultura es, dentro de la producción alimentaria, la que más rápidamente crece a nivel mundial. La FAO prevé que el 60 por ciento del consumo mundial del pescado proceda de acuicultura en 2030. Sin embargo, el sector depende en gran medida de las capturas de pescado silvestre, de donde procede más del 69 por ciento de la harina de pescado y el 75 por ciento de aceite de pescado que se utilizan para alimentar a los peces de piscifactoría. Las harinas y aceites de pescado que se utilizan en los piensos de piscifactoría se sirven de pequeños peces forrajeros (como por ejemplo la sardina, la anchoas, la caballa y el arenque) y crustáceos (principalmente krill).

Con estos datos, se calcula que cada año se extraen del medio salvaje millones de toneladas de pescado para fabricar harina y pescado para los piensos, lo que pone en peligro la seguridad alimentaria y aumenta el riesgo de colapso de la fauna marina. De este modo concluye que la acuicultura es un sistema “derrochador” e “insostenible” y está causando “enormes daños ambientales y sociales”. El informe expresa graves preocupaciones sobre los efectos medioambientales y humanos derivados de utilizar harina y aceite de pescado en los piensos para la acuicultura, fabricados por una industria que mueve miles de millones de euros, y pide que se acabe con esta práctica. En concreto, el estudio revela que productores importantes de estos piensos, como Cargill Aqua Nutrition, Skretting, Mowi (anteriormente Marine Harvest) y Biomar obtienen sus materias primas de países de África Occidental y Latinoamérica.

En concreto, el estudio revela que productores importantes de estos piensos, como Cargill Aqua Nutrition, Skretting, Mowi (anteriormente Marine Harvest) y Biomar obtienen sus materias primas de países de África Occidental y Latinoamérica, donde el sector está socavando la seguridad alimentaria y la salud de los ecosistemas a través de prácticas pesqueras no sostenibles y la implantación de fábricas de harinas de pescado contaminantes. En 2017 el mercado mundial de harinas de pescado ascendía a 5.300 millones de euros y se espera que alcance los 8.900 millones de euros de aquí a 2027.

El estudio ha sido elaborado por Changing Markets Foundation, por Comppassion in World Farming y por Feedback, que ven con preocupación la sobrepesca, el bienestar animal y su impacto en las redes tróficas marinas. Asimismo, alertan de que esta industria reduce la disponibilidad de pescado para el consumo humano y que el rápido crecimiento del sector está presionando los recursos marinos naturales y no tiene en cuenta el bienestar de cientos de miles de millones de animales implicados. Finalmente, advierte de que la producción de estos piensos es “insostenbile” y las declaraciones para reducir su impacto medioambiental no están garantizadas. Por último, para paliar este riesgo medioambiental, el trabajo recomienda evitar el uso de peces y cambiar a alternativas de piensos que no provoquen otros problemas ecológicos; cultivar más especies que no requieran una dieta que requiera pescado, es decir alimentarlas con una dieta vegetariana; implantar sistemas de certificación; comprometerse con la transparencia y, a los consumidores, les aconseja reducir el consumo de pescado, sobre todo de especies carnívoras cultivadas como el salmón o las gambas.

 

Por: ECOticias.com / Red / Agencias

1 COMENTARIO

  1. Es un hecho innegable que el uso de especies forrajeras para la industria de la reducción genera un gran impacto sobre estos recursos así como las especies dependientes de éstas en su cadena trófica. En nuestro país tenemos el caso de la empresa Astra S.A, cuya planta de procesado y reducción se hallaba en La Paloma y durante muchos años sus barcos operaron sobre la anchoita (Engraulis anchoita) procesando volúmenes muy importantes de esta especie hasta su cierre definitivo. La anchoita es predada por varias especies pelágicas costeras, de la plataforma media y de altura tales como merluza, algunos tiburones y el calamar o pota. Es por esta razón que cuando se planifica la explotación pesquera de un recurso es muy importante conocer pormenorizadamente sus relaciones tróficas en escala de años y en toda su área de dispersión. Resulta fundamental para una buena administración pesquera de los recursos.

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