Tratados de Libre Comercio

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El Embajador de China declaró hace unos días en rueda de prensa, que el estudio de factibilidad para un posible acuerdo comercial con China avanza en forma expedita. Sin duda una noticia alentadora aunque por el momento sea como una criatura que recién empieza a gatear. De hacerse realidad la ambición de acordar un tratado de libre comercio con este país que actualmente es nuestro mayor socio comercial, se podría prescindir finalmente, de los cientos de millones de dólares que hoy pagan de aranceles los productos uruguayos, a diferencia de los que ya gozan de acuerdos y compiten con nosotros en mucho mejores condiciones. En octubre la Cancillería envió a diversas gremiales un documento de consulta sobre el posible efecto de un tratado semejante. Con un “dead line” para fines de esta semana, se les requirió contestar el cuestionario de manera “fundamentada”, sugiriendo un trabajo conjunto con dinámica de “focus group” o reuniones para intercambio de ideas a nivel de los distintos sectores.

Lo que hizo el Presidente Lacalle al plantear la flexibilidad en Mercosur, no fue otra cosa que hablar de uno de los principios del bloque a partir de su creación y la firma del Tratado en Asunción, en 1991. Como dijera el Embajador Guillermo Vallés, la flexibilidad no es algo nuevo en el Mercosur. Y en efecto, ha habido negociaciones en el pasado. Uruguay fue el primero en tener un acuerdo de libre comercio con México y luego fue Brasil, pero no por ello el Mercosur se hizo añicos. Se trata de una posibilidad para los países cuando tienen ritmos diferentes y excepciones especiales. Como más de una vez se ha dicho, el nuestro es un país bisagra, un articulador pro integración. Entre otras cosas, sede del Mercosur y anfitrión de la Ronda Uruguay en 1975, la octava de las negociaciones multilaterales que desembocaron en la creación de la Organización Mundial de Comercio (OIT). La jugada actual del gobierno Lacalle Pou se enmarca en la discusión alrededor del Arancel Externo Común que exige el consenso de los países miembro del Mercosur, acordada ya por Argentina y Brasil y a lo que Paraguay se ha plegado. Uruguay en abril había expresado su voluntad a favor de una rebaja del AEC y aún se pronunció por una mayor a la que se hablaba, pero al momento insiste paralelamente, en la reclamada flexibilidad frente a la cual el Presidente argentino reaccionó de insólita mala manera meses atrás, al contrario de Bolsonaro quien se mostró de acuerdo en aquel momento. Y en principio, mantiene esa postura. Pero el Uruguay, país al que le va la vida en el comercio exterior dado que su mercado interno es tan pequeño, no debe obnubilarse con la más linda de la fiesta. Le conviene mirar hacia un lado y otro. Y el (CPTPP11) es un interesante objetivo. Pero Uruguay, país al que le va la vida en el comercio exterior dado que su mercado interno es irrisorio de tan pequeño, no debe obnubilarse con la más linda de la fiesta. Lo que conviene es mirar hacia un lado y otro. Y el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP11) se presenta como un interesante objetivo al que apuntar decididamente, dado que este gobierno posee la convicción de hacer realidad cambios trascendentes con visión a largo plazo. Y no le queda tanto tiempo por delante. Presentarse a ese acuerdo comercial es algo que concuerda con el pensamiento del Presidente de la República, quien siempre se ha mostrado partidario de ampliar nuestras posibilidades en el área del comercio exterior, tal como lo demostró su audaz planteo en el Mercosur. Al TPP11, comúnmente conocido como Acuerdo Transpacífico, lo integran en la actualidad Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Japón, Singapur, Vietnam, Brunei Darassalam, México, Perú y Chile. Este último, un vecino sudamericano que se destaca por su formidable labor económico-diplomática que lo posiciona lejos, en número de tratados de libre comercio. Según datos de 2018, año en que se concretó su entrada, el bloque representaba 13% de la economía global y arriba de 500 millones de personas. De acuerdo a los chilenos, entrar en este conglomerado de naciones ofrecía mejores oportunidades que las negociadas en los acuerdos bilaterales vigentes con los estados que componen el TPP11, los cuales tienen canastas exportadoras similares y aprovechan sus ventajas. Este espacio de comercio y cooperación abarca normas antidumping, valoración aduanera, servicios, etc. Que Japón, ocupe la presidencia, un país con el que existe una larga y excelente relación es también un dato positivo al momento de intentar ser parte de ese atractivo grupo de comercio internacional donde hay naciones que ya son clientes nuestros. No es descartable que sea un proceso bastante fácil si hay unanimidad de aceptación, en caso de postularnos. Más vale pronto. https://www.elpais.com.uy/

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