Recibimos y Publicamos QUIERO CREER QUE HABRÁ REFLEXIÓN.

0
183

Por:  C/A (R) Hugo Viglietti

Pasé 11 años de mi vida en este emblemático lugar. 5 como joven alumno, tejiendo sueños. 2 como Oficial Instructor intentando trasmitir valores, 2 ya un poco mayor como Jefe de Cursos. Y finalmente 2 más, sobre el final de mi carrera, como Director. Con la libertad que me da escribir en mi muro de Facebook, entiendo que puedo opinar con propiedad e intentaré hacerlo despojándome de sentimentalismos.

La Escuela Naval se mudó a sus actuales instalaciones en 1968. Han pasado 52 años. La Armada implementó hace años un plan maestro bajo el principio de cometidos homogéneos y lo fue cumpliendo con el paso del tiempo. Hoy entonces, en realidad desde hace medio siglo, funciona en ese predio, el grueso de la enseñanza naval.

En efecto allí funciona la Escuela que forma Oficiales para la Marina Militar, o sea marinos militares y también el Instituto que forma marinos civiles, o sea pilotos e ingenieros mercantes. También funciona el llamado Curso Preparatorio Naval, que no es ni más ni menos que un liceo habilitado por nuestro sistema de enseñanza pública. Allí funciona también la Escuela de Guerra Naval, un instituto de posgrado, fundamental en el sistema de educación continua que la Armada tiene implementado desde hace décadas, para impartir las enseñanzas que permiten el pasaje de grado de oficiales de diferentes jerarquías. Por cierto, este instituto también ofrece una variedad de actividades de posgrado que son cursadas también por civiles voluntarios.

Como se ve, al hablar genéricamente de la Escuela Naval, estamos hablando entonces de cuatro institutos de enseñanza, cada uno con su complejidad e individualidad funcional. Y aún más, podríamos citar un quinto, que aunque zafral, es también parte de nuestra realidad marítima, pues allí se dictan varios de los llamados cursos OMI (Organización Marítima Internacional) para la gente de mar.

Leí estos días un par de escritos muy sólidos, uno elaborado por un antiguo Comandante en Jefe nuestro, el Vicealmirante Francisco Pazos, donde mencionó una palabra que comparto totalmente: “angustia”. Otro del Capitán de Navío Yamandú Flangini, que entre otras cosas se preguntaba con mucha validez, cuánto puede quedar, hablando en términos económicos, por la venta del actual terreno del instituto y levantar una nueva Escuela Naval en los predios de Laguna del Sauce. También comparto lo efímero en el tiempo del posible resultado. A principio de los 90, a la Escuela Naval pertenecían también unos terrenos linderos hacia el Este de su ubicación. Allí teníamos una hermosa cancha de fútbol y una pista de atletismo. En su momento se decidió venderlos y con el producido de esa venta comprar unos cañones de 40 mm para modernizar los antiguos existentes en algunos de nuestros viejos buques (creo que ese fue el objetivo). El tiempo pasó. Hoy al lado de la Escuela Naval, en lugar de la antigua cancha y la antigua pista, hay un vistoso emprendimiento inmobiliario de hermosas casas con una laguna central. Y los cañones han pasado a ser chatarra.

Quiero creer que la intención era buena. Quiero creer también que una cancha de fútbol y una pista de atletismo en esa posición geográfica privilegiada, no era tan importante y por ende no era defendible.

Pero el actual predio de la Escuela Naval y sus 4 (o cinco como vimos) institutos de enseñanza, sí es defendible. La primera pregunta es ¿Porqué modificar lo que está funcionando bien? Sobre fines de la década del 80 la Escuela Naval comenzó a transitar un camino de búsqueda de mejora y perfeccionamiento en la educación. El resultado casi inmediato fue que postulamos y ganamos el Premio Nacional de Calidad en la Educación, algo que sorprendió a muchos pues era un premio otorgado a un instituto militar, apenas unos años después del retorno a la democracia. Pero la historia no quedó allí y la Escuela certificó en años siguientes la calidad de su proceso educativo, haciéndolo bajo las exigentes normas UNIT y las no menos exigentes normas internacionales de AENOR. Y si importante fue lograrlo, más importante aún fue mantenerlo con el paso de los años. Posteriormente llegó el momento de las Licenciaturas reconocidas por las autoridades nacionales educativas, tanto para militares como para mercantes. Por su lado, el Liceo Naval ha puntuado siempre bien en las mediciones estadísticas de Secundaria. Uno de los pilares en que se basaron todos esos logros, fue el Cuerpo Docente del Instituto, formado por profesores militares en las instrucciones profesionales y profesores civiles en las materias académicas.

Pensemos entonces un poco en ese Cuerpo Docente que ha sido siempre un orgullo de la Escuela. A la gran mayoría los veía pasar frente a mi ventana, viniendo desde la parada del 142 y del 173. Siguiendo criterios pedagógicos elementales, una materia con cuatro horas semanales, se dividía en dos horas de clase un día y dos horas otro día. También había materias con cargas horarias más amplias, o teóricas y prácticas, que requerían que de repente un profesor fuera hasta tres veces semanales a la Escuela. Ahora a ese Profesor, que seguramente da clases también en otros lados y juega con los horarios como tantos, ¿se le va a pedir que haga 230 kilómetros por día para ir a dar su clase en Laguna del Sauce?

Pasemos a los alumnos. El alumno de los cursos militares de la Escuela Naval básicamente es interno, excepto en sus últimos meses de carrera. Se puede pensar que no le afectará demasiado el traslado. Pero ¿y los otros alumnos? El Liceo Naval es externo y tan solo unos pocos voluntarios del interior de la República, pernoctan allí como facilidad que brinda el Instituto. Pero la enorme mayoría son externos, es decir montevideanos que van y vienen a diario como alumnos de cualquier otro liceo de la capital. De nuevo ¿deberán hacer 230 kilómetros por día? Hablemos de los mercantes y allí veremos que al igual que los jóvenes liceales, la mayoría son externos, son jóvenes montevideanos que están cursando una carrera terciaria y van y vienen a diario como a cualquier facultad. ¿230 kilómetros por día para ellos también? Si hay algo que deben tener claro los decisores que manejen este tema, es que los alumnos de la Escuela naval, militares, mercantes y liceales son básica y tradicionalmente citadinos. No se puede ir contra la realidad, otros institutos militares tienen fuentes de ingreso basadas en unidades militares en el interior de la República. No es éste el caso.

Dejo fuera de este análisis a los alumnos y docentes de la Escuela de Guerra Naval, militares y civiles, porque allí, sí, es decididamente imposible, para profesores y alumnos alejarlos de Montevideo, por lo cual supongo que el proyecto buscará alojar la Escuela de Guerra en otro lado de la capital.

Pero más allá de los educandos, los educadores y la geografía, hay otras consideraciones a tener en cuenta que no son para nada menores. Los gabinetes, los laboratorios, el Complejo Deportivo con su piscina cerrada y la “joya de la corona”: el simulador de navegación. Puede pensarse que montar un laboratorio de física o de química, o un gabinete de inglés y otro informático, por decir algo puede ser relativamente fácil y quizás accesible en términos económicos. Pero hay otras cosas que no son nada fáciles. Recuerdo en mis años como alumno, utilizar de prestado algunas piscinas de la zona, como Hebraica y Macabi por ejemplo. En invierno la historia cambiaba y lo que conseguíamos era la piscina del Club Neptuno, allá en la Ciudad Vieja, exactamente a 22 kilómetros de la Escuela. Hoy día tenemos junto a la Escuela un hermoso Complejo (que se autofinancia y ayuda también a liceos e instituciones de la zona). No hablamos de un entretenimiento o algo lúdico, una piscina cerrada es algo elemental en la formación de un marino y la historia nos lo ha demostrado cruelmente. Hoy día los alumnos hacen piscina casi a diario y allí aprenden a resistir en lo que será el escenario de riesgo de su profesión. Construir una piscina cerrada en un nuevo enclave, no será fácil.

Y ahora hablemos del Simulador de Navegación. Éste es hoy día un elemento clave en la enseñanza, de alumnos de la Escuela, de oficiales en cursos de posgrado y de civiles mercantes, lo cual me lleva a un punto muy importante que desearía dejarle claro a los tomadores de decisión. La carrera de Oficial Mercante se desarrolla en la Escuela Naval desde sus orígenes, en 1916 la de Piloto y desde 1958 la de Ingeniero. Como toda profesión tuvo sus picos altos y bajos. No obstante, hubo un punto de inflexión que es justo mencionar, ocurrió en tiempos en que el Director de la Escuela Naval era el ahora extinto CN Juan José Fernández Parés, un visionario que dio un empuje fenomenal a los cursos mercantes en la Escuela Naval. Las siguientes administraciones continuaron ese camino y el resultado fue un aumento notable en la matrícula anual de alumnos civiles y algo aún más importante: la distinción de la OMI, la Organización Marítima Internacional a la Escuela Naval como un centro de formación marítima oficialmente reconocido. Ello fue parte también de que en su momento Uruguay fuera incluido en la famosa Lista Blanca de OMI, con la importancia que ello tiene en el mundo del comercio marítimo. Y más allá aún, varias empresas marítimas internacionales, pusieron sus ojos en nuestro instituto y se firmaron convenios por los cuales, dichas compañías nos ofrecían lugares para los alumnos mercantes, pilotos e ingenieros del último año, para cumplir sus períodos de pilotín embarcado (requisito similar a la residencia de un médico) y normalmente al confirmar la valía del oficial ya le aseguraban su primer contrato profesional. Llevo 10 años retirado del servicio activo y no se cómo estarán hoy los números, pero recuerdo que en su momento la cantidad de alumnos mercantes, casi igualaba la de alumnos militares. Y este logro debe considerarse más que significativo, cuanto que coincidió en el tiempo con la disminución de nuestra flota mercante nacional de ultramar. También desconozco la situación hoy día, pero en su momento cuando un buque extranjero atracaba en nuestro puerto capitalino, muchos de sus marinos aprovechaban para actualizar y validar los cursillos OMI (cursos cortos obligatorios que la Organización exige para los hombres de mar) en las instalaciones de la Escuela Naval. No creo que en las horas que los buques mercantes están en puerto, les vaya a alcanzar a esos tripulantes para ir hasta Laguna del Sauce a hacerlos.

Finalizo con un tema técnico y geográfico nada menor. Casi todas las materias profesionales de la Escuela Naval, tienen requerimientos prácticos que hacen inevitables las prácticas presenciales en los buques de la Armada surtos en el puerto. Es normal a diario ver los micros de la Escuela que a primera hora llevan una clase de la escuela al Puerto, luego vuelven a buscar otras y así se crea un flujo diario que normalmente hay que racionalizar y priorizar. Lo que es una simple cuestión de ordenamiento para hacer 22 Km hasta el puerto, sin duda se tornaría inviable para traslados desde Maldonado al Puerto y viceversa.

Podría seguir escribiendo, pero ya esto está demasiado largo. Hace unos meses cuando en una ceremonia me encontré con el actual Ministro de Defensa lo felicité por el cargo y le dije que me alegraba por él y por la Institución. Lo dije con sinceridad. Yo no lo voté (en la primera instancia) pero coincidí varias veces con él, pues trabajó varios años en la Comisión de Defensa de Diputados. Cruzamos opiniones muchas veces, la mayoría coincidimos, en alguna discrepamos, pero siempre con respeto mutuo. Y justamente le dije que me alegraba de su nombramiento porque estaba seguro que por fin tendríamos un Ministro de Defensa con conocimiento del tema y que nos respetaría. Sigo convencido de eso. 

Por eso lo del principio, quiero creer que hay buena fe en la intención y TAMBIÉN QUIERO CREER QUE HABRÁ REFLEXIÓN Y LOS CONSIDERANDOS INMOBILIARIOS NO PREVALECERÁN ANTE ALGO QUE LLEVA MAS DE MEDIO SIGLO FUNCIONANDO BIEN.

C/A (R) Hugo Viglietti

DEJA UNA RESPUESTA