No dan tregua: puertos y barcos en constante cambio tras la pandemia

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Por Emilio Cazalá

Más comercio , grandes barcos y automatismo. En este nuestro otoño que con gratitud estamos llevamos a cuestas y disfrutamos con alegría y optimismo -pourquai pas – como dicen los franceses, aún somos gratamente sorprendidos cada día por los porfiados cambios generados en nuestro apasionante tema que son los puertos y los barcos, una actividad que nos atrapó o más bien, sedujo con fuerza y entusiasmo y está dentro de nosotros desde 1944 o sea que cuando entramos en contacto con esta fantástica, desconocida y atrapante actividad se habían cumplido 35 años de inaugurado el puerto, como quien dice, un acontecimiento reciente si se nos permite tal petulancia. Así que nos manejamos cómodamente en esta realidad cuyo puerto conocemos y digamos que nos sentimos vinculados a él por 112 años. Porque además en aquellos primeros años practicamos el doble empleo. Fuimos empleado de agencia marítima, de varios Proveedores Marítimos, de Despachantes de Aduana y también íbamos a la zona de servicios del Río de la Plata – en un remolcador al que llamaban “la Plancha” – a entregar provisiones a barcos graneleros griegos en viaje de Argentina a Europa.

Varias veces trepamos esa famosa escalera de “gato en medio del mar que es la rutina de los Prácticos.

En la nota del lunes pasado, nuestro entrevistado nos recordó lo que tantas veces hemos escrito, que siempre está presente en nuestro espíritu y en nuestro corazón, el agradecimiento a gobernantes, políticos y técnicos compatriotas que apenas jurada nuestra república se dieron a la tarea del desarrollo económico del país y poquísimos años más tarde, por la fuerza de los hechos, entendieron que el viejo sistema portuario estaba superado y se dieron a la tarea de construir un puerto mayor y de materiales nobles, más grande, eficiente y competitivo en el Río de la Plata, con perfiles europeos y americanos. Apto para recibir a los grandes buque de carga que ya estaban navegando. Y el puerto se construyó, pero no faltaron las confrontaciones políticas internas de todo tipo y con los propios constructores; los franceses propusieron ir a los 7.5 metros de profundidad y nuestros ingenieros a los 10 metros. Para ahorrar tiempo y costos se hicieron como 309 batimetrías menos a las previstas en la bahía, pero felizmente los expertos uruguayos hicieron algunas por su cuenta y salvaron situaciones peligrosas. El Ing. Guerard, francés, propuso construir un muelle de madera en la Dársena Fluvial y no lo aceptaron, querían llevar el vapor de la carrera al muelle 10 en medio del puerto para acercarlo a la ciudad, no lo aceptaron. Fueron nuestros ingenieros los que modificaron la orientación de los muelles A y B para poder instalar las vías férreas. Por los años 20 se decidió la construcción de la Dársena Fluvial y fueron presentados 24 proyectos. Para entonces, teníamos muchísimos técnicos que habían llegado con los ferrocarriles, con los frigoríficos, los astilleros y las usinas generadoras de energía y un poco más tarde, con los tranvías (1908). Eran inmigrantes muy valiosos provenientes de Europa Central que se desenvolvían con holgura en el área técnico-mecánico. En 1922 comenzó la construcción de la Dársena Fluvial que incluyó el Muelle de Escalas, lo que a nuestro juicio fue un proyecto genial con gran visión de futuro, aun cuando dudo que sus proyectistas se hubieran podido imaginar cómo luce hoy y lucirá esa área en muy poco tiempo. En ese tiempo, ya estaban los barcos de pasajeros de 30 mil toneladas. El Muelle de Escalas creemos fue inaugurado en 1931 con el gran transatlántico alemán “Cap Arcona” que volvió en 1936 y en ese año vino también el barco de guerra norteamericano “Indianápolis” que traía como ilustre pasajero al Presidente Roosevelt. Asi es, como decimos en el titulo, los puertos y los barcos viven en permanente cambios y nosotros también y sólo aspiramos a ser testigos del cuarto nuevo cambio del puerto de Montevideo que lo generará la Terminal TCP cuando construya muy pronto su enorme muelle de 700 metros de largo a 14 metros de profundidad sobre un fondo rocoso que habrá que extraer y luego rellenar con arena para lo cual habrá que poner plata y plata para esa joyita que la pondrá muy alto en el Río de la Plata. Por supuesto queremos asistir a su inauguración, así que con humildad rogamos a nuestro SEÑOR un empujoncito más, después de todo 101 años no es para tanto. https://negocios.elpais.com.uy/

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