La pandemia y Las Fuerzas Armadas

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“Si lo solicitan -porque esto es a demanda del presidente, del Poder Ejecutivo- la capacidad de distribución de las vacunas en el país, diría que con Fuerza Aérea y Ejército en 24 horas tenemos una llegada a todo el país sin problemas, porque ya está todo diseñado”.  Esa fue la tajante afirmación del Ministro de Defensa Nacional Javier García. Y la verdad es que no sorprendió. Desde que asumió el 1° de marzo con el advenimiento del nuevo gobierno de Lacalle Pou, el ministro García ha dado un empuje formidable a la institución de las Fuerzas Armadas, permanentemente ninguneadas o ubicadas en el banquillo de los acusados por tres gobiernos que, con más o menor ímpetu, les molestaba que existieran. Incluso se escuchaban voces reclamando lisa y llanamente “la eliminación del Ejército”. Había (y hay, pero ahora no están en el gobierno) muchos políticos dedicados a perseguir y castigar al ser humano en base a su uniforme y por hacerlos responsables de cosas del pasado, que nada tenían que ver con su situación. No importaba que fueran garantes de la seguridad del Estado, que cuidaran cárceles y ser los primeros -la vanguardia- para colaborar allí donde el país estaba en dificultades, llámese incendios, inundaciones, sequías o basurales de Montevideo. El nuevo ministro cambió la concepción: lo primero fue el respeto a sus integrantes y lo segundo devolverles la dignidad de la sociedad (empezando por el gobierno). Y, como es su tradición en los momentos difíciles del país, las Fuerzas Armadas (las tres armas) han estado desde el primer momento en las líneas de vanguardia para enfrentar a la pandemia y sus consecuencias. El Ejército Nacional ha instalado numerosos puestos de control y patrullajes fronterizos, en base a una ley aprobada en 2018 que nunca se había aplicado. Pero también colaboraron con el Mides y la policía para ayudar a las personas en situación de calle; los cuarteles se abrieron: se les dio alojamiento y se repartieron miles y miles de platos de comida. La Armada se desplegó al control sobre los ríos fronterizos: solo desde el 21 de diciembre se interceptaron 38 embarcaciones navegando en jurisdicción uruguaya sin autorización. También llevó a cabo un fuerte trabajo, primero en Semana Santa y luego a lo largo del verano desalentando las aglomeraciones en las zonas costeras y los campamentos. La Fuerza Aérea, actuando en coordinación con Cancillería, fue parte fundamental de la operación “Todos en casa”, trayendo de regreso al país unos 600 uruguayos dispersados en el continente. Llevó el equipamiento para la instalación de laboratorios de hisopados en Rivera y Cerro Largo y ahora será parte de la solución al tema de la vacuna, porque los nuevos Hércules están en condiciones de transportarlas al país. El ministro afirmó “uno de los Hércules de la Fuerza Aérea viajará a los efectos de poder trasladar al país rápidamente un contenedor de unos 20 pies que va a traer una cantidad muy importante de estos recipientes para las vacunas más un ultra-freezer. Es un contenedor que ocupa una buena parte del Hércules, el 70% del Hércules, y eso va a permitir tener una capacidad para recibir y posteriormente distribuir las vacunas”. Fundamental. Pero hay más: el ministro García afirmó que cuando las dosis sean entregadas a Uruguay, “la Fuerza Aérea y el Ejército Nacional garantizan la distribución en el correr del día”. Explicó que 500 soldados del Ejército y 150 efectivos de la Fuerza Aérea, a través de aviones de todo porte, helicópteros y 150 vehículos de la cartera participarán en esta tarea “inédita” a los que se agregarán luego 50 vacunadores de sanidad militar. Todo esto ocurre desde que el ministro García consideró que nosotros tenemos Fuerzas Armadas democráticas, constitucionalistas y republicanas y así las trató. Y podríamos agregar “solidarias y dignas”. El Estado (gasto social mediante) auxilia al que no trabaja; pero a aquél que lo hace, aunque su paga sea escandalosamente insuficiente, lo deja librado a la mano de Dios .Y entonces ¿por qué ingresaban al Ejército? Habría algunos que lo hacían por vocación, otros como única alternativa, pero todos por algo que se conoce como “dignidad”: se resistían y se resisten a vivir de la caridad pública, eligen trabajar y ganarse su salario por más magro que sea. Y tenían y tienen la entereza de hacerlo aunque les signifique convivir con la rígida disciplina militar y encima sufrir el rechazo de los políticos que gobernaban. Hoy se les reconoce y se los respeta como parte fundamental del Uruguay. Y ellos se encargan de demostrarlo por qué es así. Un gran mérito del Ministro de Defensa Nacional, Javier García.  https://www.elpais.com.uy/

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