Ahora sí ha llegado la hora del puerto de Montevideo

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Por: EMILIO CAZALÁ

Estamos fascinados por el entusiasmo y optimismo con que hemos comenzado a recorrer los primeros días del 2020 en un otoño personal tan avanzado que nos va acercando pero aún disfrutamos del vaso medio lleno. Pues sí, dos acontecimientos nos han tocado o más bien nos han emocionado y fue en primer lugar el cambio de hombres de gobierno cuyas ideas de ayer quedarán en su mayoría en el pasado por obsoletas y otras por carbonización del propio fracaso o sea que se produjo la conveniente y saludable alternancia del poder político. La otra es una satisfacción de indole personal, además de valores históricos no exentos de racionalidad que fue el esperanzador triunfo de Lacalle Pou. Dios nos dio la purísima libertad de construir nuestra cultura y lo que estamos siendo cada día, en el pensamiento diferente y en consecuencia la capacidad y el don de elegir. Pero a no chuparse el dedo, el cambio por el cambio, no, sino el cambio para alcanzar otros horizontes innovadores, bien diferentes; horizontes de evolución para no repetir errores y sobre todo el cambio para asumir los nuevos desafíos, que no son pocos, entre ellos, sacar al puerto del quietismo al que fue sumido excepto el reciente impacto portuario de UPM y vía férrea que provocó un sacudón. Por el contrario, estos últimos 15 años fueron tiempos de tremendos cambios en el mundo de las comunicaciones, del comercio internacional tras el empuje de China, la robótica, los barcos crecieron de tamaño y de tecnología y por consiguiente los puertos están respondiendo a nuevas operativas y políticas más ágiles, eficientes y competitivas. El Puerto de Montevideo en cambio, se ha quedado en su esencia, en un simple Ente Autónomo con un poco más de hormigón, ente que mayormente responde a sus intereses burocráticos. Nosotros estamos pensando en el puerto de la región, en la Rotterdam de Sudamérica en un puerto a más en permanente competencia. Pero advertimos que tiene dificultades para entregarse o interactuar con fuerza y con ideas innovadoras y de liderazgo con gestores económicos privados bajo el pretexto que no son intereses de política nacionales. Y estamos pensando en los fenicios que adelantándose a su mundo fundaron el puerto de Cadiz en el 1100 y otros por esa fecha que esos sí sabían de la importancia de los puertos. Por eso, aspiramos que con el cambio de signo político ahora logremos la revalorización de nuestro puerto con un giro inteligente y creativo, audaz y diferente. También son costos portuarios traer un contenedor desde Salto a Montevideo que cuesta lo mismo que transportarlo por barco a Japón y eso no puede ser. Este y otros son enormes gastos de transporte local cuyos valores al parecer se han internacionalizado así que hay que ir a un estudio tras el cual reducirlos. Entre otros, por ahí vemos el precio del combustible, demora en los tiempos de ingreso y salida de los camiones del recinto portuario, y otros. Hay que tener el puerto funcionando todo el día como un reloj y hay que apuntar a una logística más sofisticada sin desperdicio: Puerto Libre, Zonas Francas, complementación con industrias vinculadas a puertos en diferentes regiones y esto es una cuestión de imaginación de emprendedores creativos. Estos son objetivos que se alcanzan, no con gerentes meritorios sino con recursos humanos bien preparados que se manejen con idiomas y que se encuentran donde hay que ir a buscarlos y en Montevideo los hay. Pero en esta cruzada por un puerto más eficiente que facilite competitivamente las exportaciones y la venta de servicios, pensamos que Montevideo no debe ser dejado solo sino apoyado por todo el espectro nacional, el flete debe reflejar en sus múltiples aspectos los efectos de una política hábil, inteligente competitiva de costos locales racionales, el objetivo es exportar si o si. Por último, confiamos que estamos en la hora del Uruguay. https://negocios.elpais.com.uy/

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