Aragón, el buque que se mantuvo a flote durante tres guerras

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El vapor Aragón (1902-1957) participó en el desembarco de Alhucemas, fue prisión flotante al comienzo de la Guerra Civil y lució los colores de la neutralidad durante la II Guerra Mundial. En la historia de la marina mercante española, los nombres de embarcaciones con referencias a Aragón han sido frecuentes en el comercio y el transporte marítimo nacional. Desde petroleros como el Zaragoza, uno de los más grandes de la flota de navíos españoles de su tipo en el momento de su botadura, en 1968, en la ría de Bilbao a otros barcos con nombres aragoneses como Mequinenza, Escatrón, Ciudad de Huesca, Ciudad de Teruel o Ciudad de Zaragoza, Ribagorzana o Aragón. El periodista e historiador canario Juan Carlos Díaz Lorenzo, autor de varias publicaciones relacionadas con el mundo de la mar y los barcos -entre las que destaca ‘Trasmediterránea. Historia de la Flota’ (1998)- recuerda que la compañía naviera Transmediterránea tuvo en su flota tres de estos barcos: el Ciudad de Zaragoza, Ciudad de Huesca y Ciudad de Teruel. Lo dos últimos fueron construidos en Vigo en 1954 y 1955, respectivamente y Navegaron entre Málaga, Melilla y Canarias aunque, en un principio, habían sido proyectados para los servicios intercoloniales de Guinea.

Entre los buques que llegarían a formar parte de Transmediterrránea, Díaz Lorenzo subraya la importancia del vapor Aragón, que desde 1917 perteneció a la compañía, siendo “uno de los barcos fundacionales de esta naviera”. A comienzos del siglo XX, la Compañía Anónima de Vapores Vinuesa, de Sevilla decide construir un nuevo barco cuyo nombre original iba a ser Vinuesa. No obstante, El buque salió del astillero R. Thomson & Sons, en Sunderland (Reino Unido), en 1902, bautizado definitivamente como Aragón. Tenía 83,13 metros de eslora total y 2.210 toneladas de peso muerto.Disponía de cuatro bodegas, con una capacidad de algo más de 3.000 metros cúbicos.

En sus inicios, el vapor Aragón fue destinado a transporte regular de carbón y carga general entre distintos puertos nacionales junto a los barcos Andalucía, Navarra, Castilla y Cataluña, todos ellos pertenecientes a la flota de la compañía Transmediterránea, creada en 1916, que fue ampliándose con la adquisición de buques de otras compañías, entre ellas, la Compañía Anónima de Vapores Vinuesa, propietaria hasta entonces del Aragón.

“Durante bastante tiempo el vapor Aragón estuvo al mando del capitán Elías Corpas, uno de los más conocidos de aquella época, realizando viajes como simple carbonero desde los puertos de la cornisa cantábrica –San Esteban de Pravia, Avilés, Gijón, Bilbao…- a Baleares, Cataluña, Levante y en ocasiones a Canarias”, detalla Díaz Lorenzo en un artículo publicado en su página ‘Puente de mando’. Pero el destino iba a deparar un nuevo rumbo para este navío. “El 1 de septiembre de 1925, el Aragón, al mando del capitán González López, zarpó del puerto de Palma de Mallorca en viaje a Melilla para intervenir como transporte de tropas en el desembarco de Alhucemas, formando parte de la primera flotilla de la Columna Fernández Pérez, en unión de los vapores A. Lázaro, Navarra y Sagunto, de su misma contraseña, todos los cuales habían embarcado al personal militar en el puerto de la plaza africana”, relata el historiador.

Al comienzo de los años 30, la crisis mundial, que por supuesto también afectó al transporte marítimo obligó al amarre de una parte de la flota de Transmediterránea, entre la que se incluía el Aragón, que llegó al puerto de Mahón en junio de 1931, cargado de carbón procedente de Avilés. Permaneció amarrado en el puerto balear hasta el 25 de septiembre de 1933. Posteriormente, se trasladó al astillero de Valencia para la limpieza de fondos y repaso de maquinaria antes de incorporarse a la línea Sevilla-Canarias.

Prisión flotante

“Sin embargo, el 18 de julio de 1936 el vapor Aragón se encontraba en el puerto de Mahón y en los primeros días de agosto fue habilitado como prisión flotante. El 3 de septiembre siguiente –siendo capitán Martín Escudero Seguí– zarpó hacia Cartagena y, a continuación, siguió viaje a Alicante y Almería y el 1 de enero de 1937 salió hacia Málaga con unas 950 toneladas de harina y otros productos alimenticios y 250 toneladas de mineral de plomo, -explica-. Unas horas después, cuando se encontraba a unas cuatro millas de la costa española, fue apresado por el acorazado alemán Admiral Graff Spee en represalia por la captura en aguas del Cantábrico, el 23 de diciembre de 1936, del vapor germano Palos por los bous -buques civiles militarizados- Bizkaya y Nabara, siendo obligado a dirigirse al puerto de Ceuta”. El Aragón participó en el transporte de tropas de la Península a Canarias al término la Guerra Civil y, al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, el barco fue pintado “con los colores de la neutralidad y su nombre en grandes caracteres. En 1943, se decidió ejecutar una reforma del buque, de la que estaba muy necesitado y que finalizó el 11 de febrero de 1944. La superestructura había cambiado por completo y se le dotó de camarotes para 80 pasajeros y salones con ventanas amplias a proa y a cada banda”, añade Díaz Lorenzo. A partir de abril de 1944 prestó servicio durante unos meses en la línea Canarias-Sevilla hasta que, definitivamente, fue destinado a la línea del Cantábrico. Tras más de una década uniendo Canarias con Galicia y el norte peninsular el buque Aragón fue puesto a la venta junto al Ciudadela “y unos meses después, ya en 1958, llegó el final de ambos en el desguace prosaico”, concluye Díaz Lorenzo. https://www.heraldo.es

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