A 68 AÑOS DEL RESCATE DEL ANCLA DEL “GRAF SPEE”

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Por EMILIO CAZALÁ

Un monolito en el puerto recuerda el suceso y olvida un drama uruguayo…

Creemos que casi nadie recordó los 71 años del hundimiento del crucero alemán “Graf Spee” ;y nosotros lo hacemos simplemente para no olvidar un suceso puntual como fue el rescate del ancla en cuyo acto murieron varios marinos en 1943, a causa de un pampero. Diciembre es el mes de la Batalla de Punta del Este y el hundimiento del acorazado alemán Graf Spee. Esta nota la teníamos programada publicar en 17 de diciembre cuando se cumplían 71 años de la autodestrucción del navío militar alemán, pero otras prioridades periodísticas nos lo impidieron así que lo hacemos hoy. Ahí nomas, en la ruta a Buenos Aires, a 9.3 kilómetros de la escollera Sarandí, se inmoló en 1939 el navío germano a cuatro meses de comenzada la II Guerra Mundial. Era una soleada tarde montevideana, de estaciones entonces firmes y bien definidas, cuando una tremenda explosión sacudió a casi toda la ciudad. No fueron pocos los que creímos que había comenzado la segunda etapa del enfrentamiento naval, por eso allí estábamos con 30 o 40 mil personas en la rambla a la altura de Magallanes, aguardando desde el mediodía ser testigos de una batalla que seguramente iba a ser la mayor en toda la historia del Uruguay. Pero no se dio ese evento y sí culminó en un dramático e inesperado final. Tres o cuatro años más tarde, cuando ingresamos a la crónica marítima, nos conectábamos con Stamatio Elefteriu, entonces Agente y Proveedor Marítimo, fallecido hace algunos años e instalado en la calle Colón 1580. Tuvimos una larga amistad con Stamatio desde aquellos años y un día de los años 80 nos relató una pequeña historia del Graf Spee, que no hace mucho desempolvamos de un cajón y cuya síntesis ofrecemos. Sin duda en lo grueso no agrega nada a lo ya divulgado y escrito pero es una pequeña anécdota que estamos seguros no es bien conocida.

S. ELEFTERIU. A pocos días de comenzada la II Guerra Mundial, poco se sabía de la existencia del acorazado “Graf Spee” pero el mando naval aliado tenía indicios de su presencia por estas latitudes porque, en cuatro meses de guerra, habían resultado hundidos varios mercantes. “Un dato que se confirmó más tarde por un aviso secreto del capitán del transatlántico francés “Formose” -nos dijo Stamatio- que no se sabe cómo logró radiar un mensaje bien informando, que venía siendo seguido por un gran barco de guerra desde hacía varios días. Al parecer, durante algunos días fue custodiado por cruceros aliados y al entrar en costas uruguayas se separaron y fueron a buscar al presunto Graf Spee. Otra versión es que los aliados utilizaron al “Formose” de carnada y aquel mordió el anzuelo porque el mensaje fue captado por el “Ayax” y el “Achilles” al que se le ordenó navegar pegado a la costa uruguaya a máxima velocidad, y así el navío francés llegó a Montevideo con centenares de pasajeros. Pero los días del Graf Spee estaban contados y su fin llegó en nuestras aguas.

RESCATES. “Años más tarde, -dijo Stamatio- entre 1942 y 1943, Christos Calemanis, griego y primo del cónsul Pantazoglou y oriundo de la isla Kutalis, patrocinado por la firma Regusci y Voulminot (la actual Tsakos) formaron una empresa muy precariamente para rescatar partes del Graf Spee. En aquellos años todos querían sacar del fondo de nuestras aguas -principalmente los ingleses-, partes de ese barco pues había toda una historia de misterios científicos a los que no llegaron otras naciones: calidad de los aceros empleados, forma de las hélices, armamento, telémetros, cañones y otros avances. Con un remolcador, no en las mejores condiciones, y 26 marineros con herramientas muy primarias, comenzaron a cortar las cadenas del ancla del GS. En varias oportunidades debieron suspender los trabajos y retornar a puerto por mal tiempo. Una vez preparado el corte de las cadenas remolcaron una lancha de carga hasta el lugar, amarraron el ancla a la borda de esa lancha y con el remolcador la trajeron al puerto. Después de unos días Calemanis se presentó a nuestra oficina en Colón 1570 solicitándome contratar unos 10/15 tambores vacíos para usar como boyas alrededor del casco del GS a lo que accedí. Al mismo tiempo convoqué a Calemanis para advertirle, a título amistoso, que la embarcación que estaban utilizando para aquella operación de rescate no era apropiada, muy poca cosa para enfrentar un pampero y podía resultar muy peligrosa para los marineros. Pero me dijo que por razones económicas no podían contratar otro tipo de embarcación. Ahora querían extraer la segunda ancla pero su objetivo era nada menos que cortar las hélices porque -según había dicho el Ingeniero Regusci-, eran de un material y forma muy especial y el almirantazgo británico estaba interesado. Luego me enteré que la ANP le había cedido una grúa flotante de mediana potencia.

Para el trabajo de corte de las hélices, se trajo de Argentina al conocido y famoso buzo Miguel Troulos, griego de la isla de Simi. Una vez alistada la grúa y colocada al costado del GS que aún emergía parte de su estructura, mientras se cortaban las cadenas de la segunda ancla a popa, el buzo preparaba el corte de una de las hélices. Al día siguiente volvieron y continuaron con el mismo trabajo o sea preparar el amarre del ancla y virarla a bordo con la grúa. Siendo las 18 horas se levantó un fuerte viento del Sur, el Pampero, como siempre de inusitada fuerza. El triste resultado de este episodio es que la grúa se hundió con 16 marinos ahogados mientras que el remolcador-embarcación pudo sobreponerse salvándose sus seis tripulantes incluido el buzo, Alejandro Perlorenzo y otros. Con los ahogados estaba también Christos Kalemanis.

Después de ese triste fin, la esposa de Kalemanis obsequió el ancla del GS a la Armada del Uruguay que es la que está en el Puerto. Mi idea -nos dijo entonces Stamatio- es que allí también deberían figurar los nombres de quienes murieron en esa operación de rescate”. Sobre el hecho Stamatio tenía una visión crítica, porque hubo negligencia burocrática además de los elementos climáticos adversos. Muchos años más tarde, fue rescatado uno de los cañones chicos del barco y posteriormente otro emprendimiento rescato el radiotelémetro, un instrumento de precisión de tiro muy deseado entonces por los aliados. Y el último rescate fue una impactante moldura adosada a la popa del GP de bronce, un águila a cuyas patas se afirma una enorme swástica: el cañón está en la puerta del Museo Naval en el Buceo, el radiotelemetro en la pequeña plaza a la salida del puerto y el águila de bronce en manos de su propietario. En cuanto al Graf Spee su estructura enterrada en más de 10 metros de barro, dos boyas señalan su ubicación, y la parte más alta de su casillería está a medio metro de la superficie, así que es peligroso para las embarcaciones navegar por encima en horas de bajante. Hasta hace unos 20 años parte de su estructura se hallaba por encima de la superficie pero ahora debe estar asentado en el fondo rocoso.

“Porque perduren los ideales…” La famosa ancla del Graf Spee que recuerda el suceso está ubicada dentro del puerto poco después de la entrada por Yacaré. Cuando se colocó, una leyenda decía “Por los ideales que te vencieron”, fecha, etc. Pero alguien, años más tarde, sugirió un cambio de leyenda, que es la que reza actualmente: “Porque perduren los ideales que te vencieron”. Se coloco el 13 de diciembre de 1964 y estaban presentes el ex Embajador inglés Millington Drake, el Embajador alemán Otto Eberth, dos hermanas del capitán Lansgdorf y el capitán Rassenack, Pereyra Machado (ANP), nosotros y otros invitados.

(El País Digital)

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