TRAGEDIA EN EL MAR EL NAUFRAGIO DEL “SOLIMOES”

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En 1873 la marina imperial brasileña encargó la construcción de dos acorazados gemelos: “Solimoes” y “Javary”, a un astillero francés. La construcción se inició el 2 de enero de 1874 siendo su botadura en enero de 1875. El acorazado era del tipo monitor con dos torretas las cuales contaban con dos cañones cada una, era un casco de poco calado, fondo plano y con un francobordo de apenas 1 metro. Tenía un desplazamiento de 3.641 toneladas con una eslora de 73 metros, 17 de manga, y 3,5 de calado. La maquinaria estaba compuesta de un motor de vapor de doble cilindro del tipo Compound alimentado a carbón, que trasmitía 2.500 hp a sus dos ejes, y le permitía navegar a 11 nudos. Fue tripulado por 130 hombres. Su casco estaba enteramente acorazado hasta 70 cmts. por debajo de su línea de flotación, con una coraza de hierro de 30 centímetros de espesor y un refuerzo interno de madera de teca de 25 centímetros. En la proa y la popa esta coraza era de 18 centímetros. El blindaje de las dos torretas de cañones era de 20 centímetros, en la cubierta de 7,6 y por último el blindaje de la torre de mando era de 9,5 centímetros. Estas características lo dotaban de una muy buena navegación fluvial no contando con las mejores condiciones para la navegación oceánica, siendo su condición ideal llevar adelante acciones contra objetivos costeros especialmente a orillas de los ríos. La construcción del casco se realizó con doble fondo dividiendo al acorazado en 6 compartimentos estancos de los cuales dos eran ventilados por las torretas y los cuatro restantes por los ojos de buey que se encontraban en la cubierta cuyas ventanas eran roscadas. La artillería estaba compuesta por cuatro cañones de 10 pulgadas, anima rayada y un peso de 22 toneladas cada uno, que disparaban proyectiles de 400 libras de peso utilizando el sistema Armstrong que permitía cargar por la boca junto con la pólvora negra. Al tiempo de su construcción el “Solimoes” y su gemelo el “Javary” eran verdaderas fortalezas flotantes siendo los buques más potentes de la armada brasileña, que por ese entonces tenía 18 buques acorazados y 52 buques armados en su gran mayoría de madera. El año 1892 resultó muy trágico para la navegación en nuestras costas, sobre todo el litoral atlántico ya que en un período de tan solo 51 días ocurrieron 5 naufragios. El primer naufragio fue el acorazado “Solimoes”, ocurrido el 19 de mayo en el Cabo Polonio. Le siguieron la barca danesa “Karen”, el 21 de Mayo en las costas de Garzón, el vapor inglés “Dolores”, el 22 de Mayo en la ensenada de Castillos, el paquete brasileño “Pelotas”, el 30 de Junio en el Cabo Polonio y por último la caza-torpedera argentina “Rosales”, el 9 de Julio al este del Cabo Polonio. La tragedia del “Solimoes” se inició el 27 de Marzo de 1892 cuando zarpó de la bahía de Guanabara, acompañado por el acorazado “Bahía” para realizar maniobras. Cumplida esta, el Comandante recibe la orden de dirigirse hacia el fuerte de Corumbá en el río Paraguay, en el estado de Matto Grosso. Allí reinaba una gran convulsión debido a un levantamiento revolucionario anarquista. A pocos días de navegación un fuerte temporal obliga el cambio de rumbo del acorazado recalando en el puerto de Santa Catarina el día 13 de mayo. El viaje continuó y el “Solimoes”, rumbo a su destino, fue visto frente a la Barra de Río Grande por última vez, el 18 de Mayo observándose que navegaba con mucha dificultad frente a los fuertes vientos que lo azotaban. Era el día previo a la catástrofe, de ahí en más todo ha sido conjeturas. Antes de llegar al Río de la Plata, cuando el acorazado montaba el Cabo Polonio el “Solimoes” fue preso de la voracidad de estos elementos y convertido en un naufragio arrastrando la vida de 125 de sus tripulantes. La catástrofe ocurrió la noche del 19 de Mayo, cerca de las 10 de la noche entre las “Islas de Torres” y la “Isla Encantada”. Del siniestro lograron salvarse 5 tripulantes que arribaron al faro de Polonio, a cargo del italiano Pedro Grupillo. Los sobrevivientes fueron José Correa Maguena (enfermero), Agostinho de Mattos, Alberto Correa do Nascimento y Antonio Simoes (marineros) y José Luiz (foguista). De boca de ellos se obtuvo la única versión de como fue el naufragio, contando que habiendo encallado en las proximidades del Polonio, el Comandante les ordenó ir por ayuda. Apenas se alejaron del navío sintieron una gran explosión y vieron como el buque se iba a pique en minutos, mostrando tan solo los mástiles fuera del agua. Acá surge el primer misterio, notando el farero que los cinco náufragos habían tenido tiempo para vestirse con sus mejores ropas, abrigos y tomar dinero. La siguiente interrogante es porque no había ningún oficial junto con los cinco sobrevivientes. El 20 de Mayo, al otro día del naufragio, se inició la búsqueda en lanchas y chalanas del lugar, a la que se agregaron navíos de la Armada Uruguaya y el remolcador “Emperor” de la empresa Lussich, contratado este por el gobierno de Brasil. Días después buscando restos de naufragio apareció el bote usado por los sobrevivientes, hallándose este con los aparejos completos. Los cabos de retenida estaban cortados, y no fueron desatados normalmente, agregando un nuevo interrogante. Sobre la explosión del buque, nadie en la costa la escuchó, y esta versión entró en duda porque los cuerpos hallados no presentaban quemaduras ni desgarramientos (signos de explosión), sino solo el deterioro por el transcurso del tiempo y las criaturas del mar. Volvió a llamar la atención que entre los cuerpos hallados no había ningún oficial. El otro misterio fue la versión de que se podían ver los mástiles de acorazado, lo cual es imposible porque el acorazado naufragó en 18 metros de profundidad, en posición invertida por el gran peso de los cañones que hizo dar vuelta campana al buque mientras se hundía atrapando a todos en su interior. Se puede ver que por su construcción acorazada no tenía muchas escotillas por donde abandonar el interior del buque.

El 25 de Mayo en Río de Janeiro se decretó un luto de 8 días y una campaña de recolección de fondos para los familiares de las víctimas del naufragio El propio Presidente Mariscal Floriano Peixoto, enterado de la desgracia dio órdenes al embajador en Montevideo que no escatimara en gastos para poder hallar tanto sobrevivientes así como los cuerpos de los desaparecidos. El 3 de Junio el vapor “Guaraní” encontró en la playa de Castillos un bote con 5 cadáveres en su interior, este no tenía los remos y se encontraba muy maltratado. Ese mismo día el vapor “Henrique Barroso” levantó del mar más cadáveres los cuales en total sumaron 13 siendo estos sepultados en el cementerio local. El 8 de Junio llegan a Río de Janeiro a bordo del vapor “Itacolomy” los cinco sobrevivientes, los cuales fueron sometidos a un Consejo de Investigación, sin que aparecieran nuevos elementos que permitieran establecer alguna otra hipótesis. El expediente se cerró declarando “… Por lo tanto podemos atribuir esta hecatombe a la fatalidad y solamente a ella …”. El 20 de Febrero de 1994 mientras se realizaba un relevamiento submarino con un Sonar de Barrido Lateral en las proximidades del Cabo Polonio, aparece la imagen de un naufragio en posición invertida, con lo cual después de 102 años de misterio fue encontrado el pecio del Acorazado Brasileño “Solimoes”. Fuente: Facebook de -C/N (R) Francisco Valiñas

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