Entre dos huracanes “Uds. sabrán lo que hacen” Parte IV

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Por  C/A (R)Hugo Viglietti

19.45 Hrs. Y entonces ocurrió.-

            Comienza la maniobra de izado del ancla y el buque comienza a moverse lentamente. La intención es poner inmediatamente rumbo a Puerto Príncipe, rumbo a alejarse del IKE. La visibilidad es prácticamente nula, no hay luna, no hay estrellas, no hay electricidad en la ciudad, la oscuridad es absoluta, la cartografía digital imprecisa, todo suma para una salida riesgosa de la bahía. A ello se agrega  la preocupación de que el buzo no tenga que sumergirse por cualquier material que se pudiera haber quedado enredado en la hélice, lo cual podría enlentecer la partida.

Hasta que repentinamente en medio de la bahía la noche se vuelve aún más oscura. “Black out”, corte total de energía a bordo. Las luces y los equipos se apagan dejando al buque al garete e inerte en la absoluta oscuridad de una bahía que en horas, sería azotada sin piedad por la naturaleza. La tripulación estaba aún en puesto de maniobra y el Jefe de Máquinas, velocista en sus tiempos de juventud, parece correr en segundos la distancia desde el Puente hacia la Sala de Control, tirándose más que bajando por las escaleras.

El Jefe era consciente que pese a los trabajos que se habían realizado en generadores y motores, éstos no estaban en las mejores condiciones. La ingeniería de la adaptación había sido todo un tema. Eran de refrigeración por aire y se habían adaptado a refrigeración  por agua. Las mangueras de incendio colgaban como tentáculos de pulpos y atadas con cabos atravesaban las salas. Una vez más, como a lo largo de los 100 años que ha cumplido el Cuerpo de Ingenieros de Máquinas y Electricidad, los “macas hacían su magia”, compensando con ingenio y voluntad los dramas del material viejo y los repuestos escasos.

Cuando el Jefe llega a la Sala de Control, ya se están tomando las primeras medidas. Cada tripulante tenía su hoja de rol y el adiestramiento de su puesto, incluso los que habían venido de otros buques como refuerzo, aprendieron sus fichas de rol. Había registros de adiestramiento muchos ejercicios técnicos, ficheros, protocolos, procedimientos y evaluaciones, tanto de oficiales como de personal. En definitiva, están preparados y saben qué hacer, que chequear y así proceden.

Los minutos comienzan a pasar. El Comandante sigue trasmitiendo calma y alienta a los maquinistas a trabajar tranquilos. Les hace saber que confía en ellos. El team de fusileros embarcados se distribuye a lo largo de la eslora por ambas bandas con luces químicas, con el objetivo de impedir embarcos no deseados. Todo es silencio y oscuridad en la bahía. Se intenta tranquilizar a los evacuados, algunos de los cuales se muestra nervioso. La situación gana en dramatismo cuando se detecta que  uno de los generadores está al rojo vivo y humeando. El principio de incendio se registra con nerviosismo en el Bitácora por parte del Oficial de Guardia en el Puente, pero es controlado en forma rápida.

El impacto del “black out” es realmente duro, tanto por el momento que se da, como por la forma rotunda como ocurre. Habían caído los cuatro generadores y el chico de puerto había quedado al 50%. Si hubieran caído dos podría haberse mantenido media planta alimentada, pero se había perdido todo, aparentemente por un desbalanceo eléctrico al fallar la refrigeración. Las acciones que se toman permiten en primera instancia evitar el riesgo de fundir un motor. Luego de las recorridas y controles se intenta prender un generador y restablecer algunas de las siete bombas de incendio.

            45 minutos más tarde, para muchos 45 eternos minutos, el éxito corona el esfuerzo de los maquinistas y se recupera la generación sin secuelas de roturas importantes. La tripulación respira aliviada. Aún debe esperarse un poco a efectos de hacer aire para el control de paso, pero al fin el buque pone máquinas avante. Ante la oscuridad siniestra de la bahía y la total ausencia de ayudas a la navegación, el Navegante dispone que el Oficial de Cubierta se quede en la proa mirando. Sabia medida, en determinado momento éste visualiza y avisa a Puente para una caída inmediata a babor por una embarcación, poco más que una chalana, que tapada con una lona, parecía flotar al garete sobre la amura de estribor. La reacción es inmediata, el buque cae y evita a la chalana que pasa apenas a un metro de la eslora, cuando en ese momento en la embarcación destapan la lona y aparecen las cabezas sorprendidas de dos locales. Nada ocurre y con alivio el ROU04 va tomando arrancada fuera de la bahía. Máquinas avante full, rumbo ahora sí a Puerto Príncipe.

Viernes 5 de setiembre, 04.45 Hrs. Bahía de Puerto Príncipe.-

            El ROU04 fondea en proximidades del muelle comercial ocupado por otros buques. La navegación por el Canal Saint Marc desde Gonaïves transcurrió sin inconvenientes. Varios tripulantes habían conversado con los evacuados recogiendo sentimientos encontrados. En todos hubo palabras de agradecimiento pero muchos mostraban el dolor e incluso algunos, verdadera angustia por afectos que habían dejado allí y por la terrible perspectiva que les esperaba a quienes allá quedaron. Varios lloraban.

La hora de entreluces suele ser el momento más disfrutable para el marino en el mar, más aún cuando se está en aguas no conocidas y la vista se va acomodando a imágenes nuevas. Pero en esta oportunidad el cansancio y el dramatismo del momento inhiben cualquier sensación placentera. Uno a uno los evacuados se despiden y van desembarcando con cabezas gachas y sentimientos contenidos. Las lanchas de la Guardia Costera de Haití hacen varios viajes. Cuando el último haitiano va a desembarcar, se aproxima al Comandante. Lo mira con la expresión adusta que seguramente años de sufrimiento han marcado en su rostro. Le estrecha la mano con firmeza y le dice en un improvisado español:

– Gracias a Ud. por lo que su país hace por el mío.

El haitiano termina de embarcar y la última lancha costera parte. Un saludo final brazo en alto coincide con el informe meteorológico de las 06.00 que la Oficial de Guardia de Puente aporta. Vientos de más de 100 nudos en Gonaïves. Está llegando el IKE a la bahía que hasta horas antes fue el fondeadero del “ARTIGAS”.

Más tarde los reportes contarían los estragos y la estela de destrucción y muerte que causó el IKE en la ciudad de Gonaïves. “La ciudad está completamente inundada y hay partes donde el agua llega a dos metros de altura” (el director de protección civil de Haití, Alta Jean-Baptiste a Reuters). El último puente que seguía en pie en Gonaïves fue arrasado, afectando las ayudas a las comunidades afectadas y acentuando la crisis humanitaria. IKE alcanzaría crestas de viento de hasta 230 km/h y junto con el GUSTAV resultaron los peores huracanes de la temporada 2008 en el Atlántico. Ambos pasaron por Gonaïves y entre ellos el HANNA. Fue una secuencia terrible.  Jean-Pierre Taschereau, delegado de Gestión de Desastres de la Unidad Panamericana de Respuesta a Desastres (PADRU) de la Federación Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja reportó: “En agosto y septiembre de 2008, la tormenta tropical FAY y los huracanes GUSTAV, HANNA e IKE se abatieron sobre la pequeña nación de Haití. Cuando la isla se vio afectada por tres huracanes sucesivos, no se podía acceder a las zonas siniestradas, los puentes y los caminos quedaron destruidos y las comunidades aisladas. Cuando la gente comenzaba a recuperarse del primer huracán, vino el segundo y luego el tercero. Fue una devastación”.

Los efectos de esta atípica secuencia de huracanes se hicieron sentir en casi todas las islas y países del Caribe, Jamaica, Cuba, Dominicana, Puerto Rico e incluso en EEUU, donde la NASA debió cancelar el cronograma de lanzamiento de un transbordador espacial, pero en ningún caso tuvo las consecuencias tremendas que tuvo para Haití.

El Informe Anual de la Comisión Interamericana de la OEA, en el capítulo Haití consignaría: “Los cuatro huracanes —FAY, GUSTAV, HANNA e IKE— ocasionaron una devastación en el país, especialmente en la ciudad de Gonaïves y en la región Sur /Sudeste… Muchas escuelas quedaron destruidas por los huracanes y las que todavía estaban en pie se convirtieron en refugios temporales para los haitianos que habían perdido su vivienda debido a los huracanes. Las autoridades declararon que los huracanes habían dejado un saldo de 326 muertos, 50 desaparecidos, 286 lesionados y 850.000 personas sin vivienda.  La Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH) calculó que los daños ascendían a por lo menos mil millones de dólares estadounidenses.  Ciertas zonas como Saint Marc y Gonaïves quedaron aisladas por la destrucción de  carreteras y puentes.  A mediados de octubre, en Gonaïves todavía quedaban 10.000 personas viviendo sobre los techos, en tiendas o en frágiles chozas”.

08.00 Hrs. A bordo del ROU04 “ARTIGAS”,

El Comandante de Guardia firma el libro de bitácora registrando que finaliza el Puesto de maniobra y se arma la guardia de navegación normal con rumbo 258 hacia Puerto La Cruz, babor avante 6 y estribor apagado. Ese mismo bitácora, el Navegante unos meses después cuando se complete lo entregará al Servicio de Oceanografía, Hidrografía y Meteorología de la Armada, como indican las normas. Autorizado por el Comandante se tomará una licencia literaria y en su tapa estampará una frase que perdurará en el archivo del bitácora: “Los Oficiales que están siempre seguros y lo saben todo como en un libro, son los responsables, lo he observado, de la mayor parte de los naufragios y de la pérdida de vidas humanas”. Joshua Slocum, su autor, escritor y marino, cobró fama por ser el primero que circunnavegó la tierra en solitario. En las navegaciones que registró este libro todos confirman la valía del equipo.

En el alerón del Puente de Mando se improvisa una charla informal. Pese a la retirada de puesto de maniobras, pese al cansancio, varios parecen querer dilatar el momento de dejar el Puente. Hay sentimientos encontrados. Por un lado satisfacción y orgullo por haber podido cumplir una muy arriesgada misión humanitaria. Por otro lado saben que en ese mismo momento hay gente sufriendo y muriendo allí, donde ellos estuvieron. De alguna forma sirve como consuelo haber logrado arrancar un importante número de hombres y mujeres de esa situación tan trágica.

El Comandante felicita a los Pilotos Navales por su profesionalismo y el formidable desempeño que le cupo a la aeronave.

– Es lo nuestro Señor – contesta uno de ellos

– Y ahora a pensar en la Antártida dentro de unos meses – aporta alguien

– Hay cosas que tenemos que mejorar en las Salas – comenta el Jefe de Máquinas, quien llegado diciembre tendrá las salas mejoradas francamente sin los “tentáculos de pulpos”. Uno de los Aviadores Navales retoma el tema y pregunta:

– ¿Sabían que este buque en la primer misión que fue a la Antártida, el helicóptero cumplió una tarea de asistencia al encontrar a un grupo de científicos alemanes perdidos en el Glaciar Collins? ¿Se los conté?

 – En esta navegación solo lo contaste tres veces – contesta un compañero, mientras los demás, piloto incluido, ríen. Alguien comenta:

– Vayamos a la Antártida o donde sea, seguro no volveremos a navegar en el medio de dos huracanes… seguro nunca en la vida volveré a pasar una experiencia tan dura como ésta -el barco de los locos… – comenta otro y vuelven a reír.

El Comandante saluda sonriendo a sus tripulantes y deja el Puente. Al llegar a su camarote se tira en la cama por primera vez en las últimas 48 horas, pero no concilia el sueño. La tensión nerviosa afloja mientras sus ojos recorren cosas conocidas… supersticioso como todo marino ve la ristra de ajos colgada tras la puerta junto al salvavidas, luego mira la estampita de San Jorge pegada en el mamparo, las fotos de sus afectos en la pequeña mesa… piensa en su padre, un gran marino que fuera Comandante de dos buques petroleros, una de cuyas misiones le costara finalmente la vida… recuerda la anécdota que le contara cuando navegando en el Estrecho de Ormuz  rumbo al Golfo Pérsico, al tomar una boya y caer a babor, el “Pte. Rivera” se quedara sin máquinas y recuerda el “black out”  de la noche anterior en Gonaïves.  Se pregunta si su padre habría tomado las mismas decisiones… de alguna manera cree que sí…  es como si sintiera un BZ (bien hecho) desde lo alto.

Antes de rendirse al sueño su último pensamiento se queda con la frase que escuchara un rato antes en el Puente… “seguro que nunca más viviré una experiencia tan dura”… No imagina en ese momento cuánto se está equivocando.

En enero del año siguiente, el ROU04 “ARTIGAS” con la misma bravía tripulación en misión de reaprovisionamiento a la  Base Científica Uruguaya en la Antártida, viviría otra increíble aventura en el mar. Dejando la Bahía Esperanza, al volver, o pretender volver del ECARE, la Estación Científica Ruperto Elichiribehety que Uruguay tiene en el continente antártico y cuyo acceso es realmente difícil, encontrarían una feroz tormenta de viento empujando hielos y témpanos hacia la derrota del buque. El único radar en servicio, pues el otro lo había quemado un rayo, mostraría un contorno blanco de continuidad, como si navegasen en tierra firme. El buque esquivaría uno tras otro los amenazadores témpanos que le rodeaban cada vez más. Con niebla y viento que impedían el uso del helicóptero, apostarían tripulantes en la proa y en las bandas con handies avisando tamaño y dirección de los témpanos y pasarían una noche en la que nadie dormiría, maniobrando, esquivando y topando obstáculos. Durante más de 10 horas pretenderían avanzar hacia el Norte pero el amanecer los encontraría 5 millas más al Sur. Sería una noche de terror y le llamarían “la noche de los hielos”, pero ésa, ya es otra historia.-

 

El autor desea expresar su admirado agradecimiento a los tripulantes del ROU04 “ARTIGAS” que  contribuyeron con su aporte a otorgar veracidad al relato de esta valiente aventura: el CN (R) Daniel Oliver, Comandante; el CN (CIME) Carlos González Repetto, Jefe de Máquinas; el CN (CG) Javier Silva, Navegante; el CF (R) Ignacio Ballabio, Piloto e Ingeniero del Helicóptero embarcado y el CN (R) Álvaro Reinoso, Comandante del Grupo de Tarea Uruguayo en la Panamax 2007.

Nota: Extraído de la Revista Naval.

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