¿Chau cianobacterias? Uruguayos crean fórmula para eliminarlas y sistema para predecir si aparecerán

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Investigadores concluyen que es viable reducir niveles de fósforo, elemento causante de cianobacterias. Este verano habrá sistema de monitoreo para saber cuándo llegarán floraciones a la costa. Ya empezó la temporada de playas y se acrecienta la incertidumbre recurrente de los últimos veranos: ¿las cianobacterias volverán a invadir las costas habilitadas para baños? ¿Cuántos días los veraneantes, desde Colonia hasta Maldonado y Rocha, tendrán prohibido entrar al agua? ¿Y en la costa del río Uruguay y del río Negro?

La inquietud se funda en el recuerdo que trae el verano de 2019 y el temor a que una nueva marea verde en el Río de la Plata (pero también en la costa del Océano Atlántico) imposibilite otra vez las zambullidas. Lo cierto es que la proliferación de estos microorganismos no amenaza solo el disfrute de los veraneantes sino también la calidad del agua potable de todo el país, una escena que tampoco trae buenos recuerdos. En 2013 una floración de cianobacterias liberó toxinas en la cuenca del río Santa Lucía, la fuente de agua potable que abastece al 60% de la población, sin dejar consecuencias graves. En 2015, una afectación por cianobacterias en Laguna del Sauce provocó que el agua potable en la ciudad de Maldonado tuviera por algunos días mal olor y sabor desagradable. El problema afecta a Uruguay desde hace décadas (pero se ha agravado en los últimos años) y es evidente que hasta el momento las posibles soluciones permanecen sumergidas en el campo de la teoría. Pero 2021 termina con un hallazgo científico que, si bien no plantea una solución mágica, delinea un camino rumbo a la atención de parte del problema. Un grupo de investigadores de diversas áreas participaron del proyecto Cloruro Férrico: una herramienta para controlar el exceso de fósforo, en alianza entre la Universidad de la República, el Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas (Pedeciba) y la empresa Efice. El proyecto será presentado este martes 14 de diciembre, pero El País accedió a los detalles de la investigación. La principal conclusión es que la aplicación de cloruro férrico en el suelo y en el agua provoca una disminución inmediata de la concentración de fósforo, el elemento químico causante de la proliferación de cianobacterias cuando se presenta en cantidades excesivas. La utilización de este compuesto para hacer frente a las cianobacterias puede resultar poco revelador para entendidos en la materia que ya conozcan la reacción química que genera su aplicación, pero el verdadero hallazgo es que el cloruro férrico puede aplicarse con este fin de un modo económicamente viable. Una vez más, la ciencia logró demostrar que existe una manera de resolver un problema. Una vez más, son necesarias políticas públicas eficientes que permitan llevar a la práctica lo investigado.

La nueva herramienta.

El ingeniero agrónomo Carlos Perdomo, profesor del departamento de Suelos y Agua de la Facultad de Agronomía de la Udelar e investigador del proyecto, dice a El País que la aplicación de cloruro férrico redujo rápidamente en un 70 u 80% las altas concentraciones de fósforo disponibles en los suelos estudiados en dos campos de la cuenca del Santa Lucía, cercanos a la represa de Paso Severino. Sin embargo, Perdomo puntualiza que las concentraciones en los cursos y cuencas demoran mucho tiempo en disminuir porque el agua está en equilibrio con el fósforo, entonces a medida que desciende, se va reponiendo con nuevas cantidades que se liberan del suelo. Junto a su equipo, Perdomo sabía que la aplicación de cloruro férrico tenía grandes posibilidades de funcionar. Sin embargo, el problema estaba en que la literatura internacional indica que, cuando se calcula la profundidad del suelo, las dosis de producto a aplicar son tan altas que desde el punto de vista económico su uso es prohibitivo. “Ningún trabajo reportado pudo superar este problema”, dice. Fue por eso que probaron actuar sobre el fósforo que está en la capa superficial del suelo y, en lugar de aplicar una dosis de cloruro férrico suficiente para tratar 20 centímetros de profundidad, dispusieron de una cantidad necesaria para menos de un centímetro. La premisa de la que partieron fue que el escurrimiento del agua de lluvia solo interactúa con el fosfato soluble que está a esa pequeña distancia. “Para nuestra sorpresa, funcionó”, afirma Perdomo. Luego de experimentos en laboratorio y en campo, la conclusión a la que llegaron fue que la aplicación de una dosis muy baja de cloruro férrico provoca una reducción muy importante del fósforo y hace que su aplicación sea económicamente viable, según confirmó un grupo de economistas que trabajó en el tema (ver recuadro más abajo). Efice es la única empresa que produce cloruro férrico a nivel nacional. Su gerente general, Guillermo Pons, dice a El País que el valor por kilogramo de este producto es “muy barato” en comparación a otras tecnologías utilizadas. Pons asegura que, en caso de que la herramienta comenzara a utilizarse en Uruguay, Efice tiene capacidad para producir 700 toneladas por mes y condiciones para triplicar esa producción en pocos meses.

CLORURO FÉRRICO

Los académicos atrás del proyecto

Cloruro Férrico: una herramienta para controlar el exceso de fósforo fue un proyecto financiado en abril de 2018 por la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) al que se le asignaron 7,4 millones de pesos. La finalizó en diciembre, bajo la articulación de Atilio Deana, del Pedeciba. Los economistas Miguel Carriquiry y Guillermo Sena evaluaron los impactos económicos de la aplicación del cloruro férrico. Además, el proyecto contó con la participación de Eduardo Méndez y Santiago Botasini (Facultad de Ciencias), que desarrollaron un sensor para detectar fósforo a través de un método colorimétirico, usando un celular, y otro a través de mecanismos electroquímicos. Gianella Facchin, de la Facultad de Química, evaluó la capacidad de adsorción del fósforo a dos matrices porosas, exitosa en pruebas de laboratorio pero no llegó a probarse en campo.

Una solución parcial.

Luis Aubriot, doctor en Biología e investigador del Instituto de Ecología y Ciencias Ambientales de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República, dice que la aplicación de cloruro férrico es una herramienta factible y práctica para solucionar problemas en lugares específicos, pero no para conseguir un control generalizado de la floración de cianobacterias en todo el país. O sea, sirve sí, pero hay que moderar el entusiasmo. “Es como en la medicina, una cosa es cuidar la salud y otra es atacar una enfermedad. Este producto lo que busca es atacar una herida, pero el control de las floraciones pasa por replantearnos un sistema productivo que sea menos contaminante”, advierte. Aubriot, quien también participó del proyecto, entiende que es necesario ir hacia un sistema en el que la fertilización que usan los productores agropecuarios sea la adecuada para cada suelo. El objetivo es minimizar el exceso de fósforo que las precipitaciones transportan hacia los cursos de agua. “Hay que producir de forma más sustentable y sinceramente creo que estamos bastante lejos de un sistema de ese tipo, pero no quiere decir que no se busque ir hacia ahí”, considera. El ministro de Ambiente, Adrián Peña, dice que tiene claro el planteo que hacen los expertos. Y agrega que tener un sistema de producción que cuide el ambiente poco a poco pasa a ser un requisito del propio mercado porque el consumidor lo exige. Según el ministro, gran parte de las transformaciones se dan porque las empresas tienen que demostrar qué usan para producir y cómo eso afecta al medio ambiente. “Eso también va a pasar con los productores, es el mundo que se viene, ya no va a existir la posibilidad de producir afectando el ambiente”, dice Peña. El gran tema, claro, es cuánto tiempo pasará para que eso sea una realidad.

Las playas en 2022.

¿Cuándo habrá certezas de que las cianobacterias no llegarán a la playa? Luis Reolón, director de la Dirección Nacional de Calidad y Evaluación Ambiental (Dinacea) del Ministerio de Ambiente, plantea que hasta el momento no se conoce un producto o medida específica para evitar las cianobacterias en el agua de las playas. La aplicación de cloruro férrico mostró resultados en cursos de agua de menor tamaño, no en el Río de la Plata o en el Océano Atlántico, en donde el fenómeno además se complejiza por el oleaje. Incluso si se cambiaran las prácticas del sistema productivo que hoy afectan a la calidad del agua, Reolón entiende que los resultados comenzarían a verse dentro de 10 años o más; en Uruguay desembocan las aguas del Río Paraná por lo que también habría que controlar las prácticas agrícolas y ganaderas de los productores brasileños. Ante este escenario, para saber qué sucederá con el agua de las playas, por el momento resta conformarse con predicciones. La Dinacea está trabajando en mejorar la precisión de las imágenes satelitales que detectan focos de cianobacterias y pueden estimar, por ejemplo, que en una semana habrá una floración arribando al Río de la Plata. Existe a su vez un sistema de monitoreo en más de 50 playas, de Colonia al Chuy, que recoge análisis una vez por mes durante todo el año y una vez por semana en verano. Certezas no hay y la suerte está echada a que las precipitaciones no trasladen hasta las playas la situación que ya está planteada en las cuencas. Está previsto que el verano de 2022 sea seco y eso permite pensar, señala Aubriot, que en las playas del Este seguramente no habrá floraciones de cianobacterias que resulten problemáticas. Distinto es el pronóstico para la zona Oeste del país, en donde, según el doctor en Biología, “habrá un problema muy importante a atender”. En la página web del Ministerio de Ambiente está habilitado un visualizador de banderas sanitarias de todo el territorio nacional. Esta semana no aparece ninguna playa del país con bandera sanitaria, según ese mapa.

Monitoreo y control.

Los episodios de floraciones de cianobacterias que afectaron el agua potable, en 2013 al río Santa Lucía y en 2015 a Laguna del Sauce, marcaron un antes y un después en la atención que se le empezó a prestar en Uruguay al problema de las cianobacterias. El gerente general de OSE, Arturo Castagnino, dice a El País que luego de estos eventos Uruguay empezó a tener mayor control sobre las cuencas, se redactaron decretos, convenios y protocolos para evitar que aquellas situaciones volvieran a ocurrir. OSE diseñó tratamientos para sus dos centros de producción más grandes ubicados en Aguas Corrientes, Canelones, y en Laguna del Sauce, Maldonado, y desde hace tres años implementa, según cuenta Castagnino, modernos métodos de control. El ente estatal responsable de abastecer de agua potable a todo el país vigila mil millones de litros que produce por día en 733 localidades, con ocho millones y medio de análisis de indicadores de calidad al año. “Hay que transmitir tranquilidad y decirle a la población que, por más que existan cianobacterias, OSE está preparado en sus centros de producción como para tratar todo tipo de agua”, dice Castagnino. “La situación ya no es la del pasado”, agrega después, confiado. En pos de seguir contribuyendo al sistema de monitoreo de las aguas nacionales, en febrero de 2022 se van a colocar tres boyas en los embalses de Rincón del Bonete, Baygorria y Palmar, que transmitirán información sobre indicadores de calidad en forma online y en tiempo real. El sistema representa para las autoridades del Ministerio de Ambiente un salto cualitativo muy importante, en el marco del plan Iniciativa para el Río Negro, segura Reolón, director de la Dinacea.

El rol del agro.

Controlar los nutrientes que van a parar a los cursos de agua resulta un elemento clave para prevenir y contener las floraciones de cianobacterias, es por eso que los productores agropecuarios son considerados actores fundamentales para la mitigación de este problema. Perdomo, el ingeniero agrónomo e investigador del proyecto, explica que, si bien toda la producción agropecuaria influye en la calidad del agua, hay dos zonas críticas que habría que atacar cuanto antes: la cercana a la Laguna del Sauce en Maldonado, y la zona sur de la cuenca del río Santa Lucía próxima a la ciudad de Florida, en donde se desarrolla la actividad lechera intensiva. Estos son dos casos en los que podría ser efectiva la aplicación de cloruro férrico. Pero no todo es color de rosa. El presidente de la Sociedad de Productores de Leche de Florida, Fabián Hernández, dice a El País que el sector no atraviesa un momento que le permita invertir en este tipo de prácticas. “Hay productores que no la están pasando bien y están invirtiendo lo justo y necesario”, advierte.

Para que los productores puedan utilizar herramientas como la aplicación de cloruro férrico, “tendría que haber algún beneficio fiscal”, dice Hernández. Y sigue: sostiene que los productores se sienten “un poco molestos” porque siempre se “ataca” al sector productivo y se lo “señala” como el responsable de la contaminación, cuando hay otras actividades que también contaminan. ¿Qué dicen desde el gobierno? Peña, el ministro de Ambiente, indica que con los productores se está en la búsqueda de “acuerdos y miradas convergentes” y que en el último año hubo avances importantes luego de que visitó varias zonas del país y dialogó con las gremiales. En relación al planteo que hacen los productores sobre las dificultades que tienen para hacer inversiones en materia de ambiente, Peña asegura que se está trabajando en el diseño de mecanismos de “incentivos” y “alicientes” para que accedan a implementar herramientas, como podría ser en un futuro, la del sistema con cloruro férrico. Así, se prevé la elaboración de certificaciones de buenas prácticas con las que los productores puedan acceder a mejores precios, a tasas de interés preferenciales o a nuevos mercados. “Sabemos que desde el Estado hay que dar una mano”, expresa Peña. Respecto a la importancia de atender la situación de la cuenca del Santa Lucía, el ministro de Ambiente dice que el 40% de los tambos de la zona tienen planta de tratamiento de efluentes y que se incorporarán 200 más, a través de un crédito de tres millones de dólares otorgado por el Banco Mundial al Ministerio de Ambiente y al de Ganadería, Agricultura y Pesca.

Habitantes milenarias.

Lo de las cianobacterias, claro, no es un fenómeno nuevo. Más bien todo lo contrario: se estima que las cianobacterias habitan la Tierra desde hace más de 3.500 millones de años. Mucho tiempo. Algunos científicos de la comunidad internacional creen que es posible que hayan sido las primeras en haber liberado a la atmósfera el oxígeno que permitió el desarrollo de nuevas formas de vida, entre ellas la humana. Las supuestas generadoras de semejante fenómeno hoy tienen trabajando a investigadores que buscan hacer frente a los problemas que representa su existencia, no solo para Uruguay sino para potencias como China y Estados Unidos que también batallan contra ellas. Porque su acumulación en el agua genera efectos tóxicos para la salud humana (ver recuadro en esta página). El director de la Dinacea, Reolón, tiene la impresión de que durante los próximos años Uruguay seguirá teniendo esta problemática de forma intermitente y que probablemente se agrave un poco. Uno de los aspectos que, entiende, dificulta el combate al problema es que requiere de esfuerzos a mediano y largo plazo que implican una solidaridad inter generacional difícil de lograr. En este sentido, Reolón concluye: “Los recursos que hoy usamos y agotamos, en realidad se los estamos restando a las generaciones siguientes, deberíamos tener otra postura”. Habrá que cruzar los dedos, entonces, y esperar a ver si llegan los cambios. Las cianobacterias son tóxicas en más de la mitad de las ocasiones: pueden afectar al sistema digestivo, renal y nervioso, además de la piel y mucosas. Su toxicidad varía según las especies: algunas son tóxicas solo en ciertas ocasiones y otras siempre. En Uruguay ha habido casos graves para la salud, aunque no mortales. Un caso conocido de intoxicación severa ocurrió en el verano de 2015: las algas tóxicas dañaron el hígado de una bebé de 20 meses, que debió ser trasplantada, según se comprobó en un estudio científico publicado en agosto de 2017 en la revista científica internacional Toxins. La pequeña jugó con cianobacterias que estaban en la playa, según publicó en su momento La Diaria. Horas después, la niña y adultos de la familia tuvieron síntomas gastrointestinales que luego desaparecieron, salvo en el caso de la bebé, que ingresó al hospital con diarrea, vómitos y fatiga. Cinco días después presentó una falla aguda en el hígado y fue trasladada al Hospital Italiano de Buenos Aires. Es muy probable que la mayor floración de cianobacterias registrada en el Río de la Plata y en la costa atlántica uruguaya haya sido la del verano de 2019. Aquel año hubo precipitaciones muy grandes en la cuenca del río Uruguay y también en la cuenca del Paraná, lo que provocó una fuerte descarga de agua dulce en el Río de la Plata. “Esas cianobacterias se originaron en los embalses, pero en el Río de la Plata continuaron creciendo porque llegaron en muy buen estado y en plena etapa de crecimiento”, dijo a El País en aquel momento Luis Aubriot, investigador y docente de la Facultad de Ciencias. El 5 de febrero de 2019 la gran mancha verde en el Río de la Plata tenía 1.000 kilómetros cuadrados de superficie de floración, según el estudio “Evaluación de una floración algal masiva en el Río de la Plata” que realizaron Aubriot, Bernardo Zabaleta y Marcela Achkar. “Para tener una idea, a los uruguayos nos gusta comparar con canchas de fútbol: estamos hablando de 100.000 canchas de fútbol de superficie de floración”, afirmó Aubriot cuando presentó el estudio. Pero, en rigor, los datos de la Intendencia de Montevideo (IMM) dicen que la temporada con mayor cantidad de eventos de cianobacterias fue la de 2009-2010. https://www.elpais.com.uy/

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