Al rescate de los animales

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Perros y gatos en la calle, caballos maltratados o tortugas lastimadas. Estas personas dedican su vida a protegerlos. El aviso fue concreto: había una tortuga en la costa de Atlántida que parecía estar muerta. En ese momento Virginia Ferrando, veterinaria que trabaja para la ONG Karumbé, Centro de Tortugas Marinas, estaba con un compañero, Alejandro, y fueron de inmediato hasta el lugar. A veces desde la ONG le explican a quienes se comunican para reportar la aparición de tortugas que tienen que tener paciencia, que lo que ellos hacen es un trabajo voluntario y que la mayor parte de las veces no cuentan con vehículos (ni con muchos insumos) para llegar rápido al lugar.

Cuando Virginia y Alejandro llegaron al animal le faltaba una aleta y parecía, como les habían dicho, estar muerto. Esa fue la primera tortuga con una aleta amputada por una red de pesca que Virginia encontró en su vida. La levantaron, se la llevaron a un centro de rehabilitación y aunque parecía que no iba a sobrevivir, contra todos los pronósticos lograron rehabilitarla. Ahora Virginia no recuerda si ese rescate fue en Atlántida o en otra parte de la costa, pero dice que ese día se lo va a acordar para siempre. En Uruguay hay organizaciones y personas particulares que se dedican a rescatar, recuperar y reubicar o liberar a diferentes especies de animales: desde tortugas marinas, hasta caballos, gatos, perros o pájaros. Todos lo hacen de forma voluntaria y prácticamente sin más ayuda que la de las donaciones de la gente que quiere ayudarlos. Lo hacen a puro pulmón y con mucho trabajo y sacrificio. Todos lo hacen con la convicción de que a los animales hay que cuidarlos y respetarlos porque solo así se construye un lugar mejor. Estas son historias de personas que dedican su vida (o lo que pueden de ella) a los animales. Fue hace seis años, más o menos. Valentina no lo recuerda con exactitud. Sí se acuerda de que les habían robado dos caballos del refugio SOS Caninos y Equinos que su mamá, Gabriela Moreno, veterinaria apasionada por los animales, llevaba adelante en un predio en Canelones. Sí se acuerda de que alguien le dijo a su mamá que sabía dónde estaba uno de los animales. Y que Gabriela le dijo a sus hijos que ella iba a ir a buscar a la yegua, que si la querían acompañar estaba bien pero que sino no iba a ir sola. Se acuerda de que se subió al auto y se fue. Valentina estaba sentada en el asiento del acompañante. La yegua estaba atada al frente de una casa en una zona crítica. Gabriela se bajó del auto, desató al animal, lo montó a palo y se lo llevó. No hubo reclamos ni gritos ni molestias. Nadie le dijo nada. Así recuerda Valentina a su mamá: como alguien que tenía una presencia fuerte y firme, ante la que nadie quedaba indiferente, como alguien que creía en lo que hacía y que estaba dispuesta a hacerlo todo para proteger a los animales. El refugio SOS Caninos y Equinos surgió hace más o menos 25 años como un sueño de Gabriela Moreno, entonces estudiante de veterinaria, y su mejor amiga y colega, Gabriela Pinco. Las dos eran unas apasionadas de los animales y rescataban perros que estaban en la calle. Llegó un momento en el que eran tantos que decidieron, juntas, abrir un refugio. El padre de Gabriela Pinco compró un campo en la zona de Canelón Chico pero, al poco tiempo, su hija murió. Valentina cuenta que su mamá decidió continuar con el proyecto como homenajea a su amiga. El refugio estuvo siempre lleno de perros y también tuvo seis caballos que Gabriela requisó cuando se enteraba de que estaban en situaciones de maltrato. Gabriela falleció a mediados de este año. “Nosotros somos tres hijos y antes de fallecer mamá nos explicó cómo nos teníamos que manejar, nos dio acceso a las cuentas bancarias y cómo funciona el refugio porque nosotros amamos a los perros pero tenemos vidas completamente diferentes y no tenemos la economía como para bancar el refugio. Era un sueño de mamá. Y ella nos pidió que no ingresáramos más animales. Pero nosotros ahora queremos encontrar hogares responsables para cada uno de los perros. Todos fueron rescatados de la calle, mamá los vacunó, los castró y los atendió y creo que se merecen un hogar responsable y que estén mejor de lo que están”, dice Valentina. En su refugio hay cerca de 70 perros en adopción.

La experiencia de Karumbé

En 1999 un grupo de 11 estudiantes de Magisterio y de Facultad de Ciencias que viajaron a diferentes zonas del mundo para aprender sobre tortugas marinas volvió a Uruguay decidido a estudiar e investigar qué pasaba con esos animales en el país. Lo primero que hicieron fue comenzar a hablar con pescadores, recorrer museos, reunirse con autoridades para saber qué tanto se conocía sobre esos animales: lo que todos sabían era que las costas uruguayas estaban llenas de tortugas con muchas y diferentes problemáticas. Ese fue el inicio de Karumbé, Centro de tortugas marinas, una ONG que más de 15 años después de su fundación funciona con una directiva de seis personas, un equipo de cerca de 10 voluntarios y un equipo de alrededor de seis técnicos. El principal objetivo de la ONG es la conservación de las tortugas y para ello tienen un proyecto que implica tres áreas complementarias, de acuerdo a la veterinaria Virginia Ferrando: rehabilitación, investigación y educación. El proceso de rehabilitación de una tortuga marina consiste en ayudarla a recuperar las condiciones que le permitan volver al agua (ver recuadro); en ese proceso los técnicos y las técnicas de Karumbé realizan, además, un trabajo de investigación para entender mejor a una especie que está en período de extinción: “Vemos cuáles son las principales patologías, si están ligadas con el hombre, si se pueden evitar o no, si se pueden mitigar”. La educación, cuenta Virginia, tiene que ver con compartir con las personas el conocimiento adquirido para que sepan cómo actuar si se encuentran con este tipo de animales. La forma más rápida de comunicación con la ONG es a través de su WhatsApp (099 917811). Es que la ayuda de la sociedad en general, sostiene Alejandro Fallabrino, director de la ONG, ha sido fundamental: “Ahora con las redes sociales nos reportan todo el tiempo animales enfermos. Nosotros le explicamos que la gente tiene que tener paciencia porque esto es un trabajo de voluntarios. Karumbé no tiene ingresos económicos, no tenemos auto e ir a rescatar a los animales es complicado; pero la gente nos ayuda mucho”.

Además trabajan en colaboración con otras organizaciones de la zona costera, como Socobioma (Sociedad para la Conservación de la Biodiversidad en Maldonado) y con la Facultad de Veterinaria de la Universidad de la República. En este tiempo, cuenta Alejandro, han visto que hay problemas respecto a las tortugas que se repiten y que, además, están en aumento. “Cada año aparece con más fuerza la ingesta del plástico, casos de hipotermia, los casos de un caracol invasor (rapana venosa) que se le sube al caparazón y no la deja nadar, varias neumonías”, repasa. Ahora, además, sumaron a sus rescates tortugas de agua dulce y tortugas de tierra. “Cada vez encontramos más necesario rescatar animales”, dice Alejandro. El 8 de octubre de 2018 Jessica Schöpf tuvo en su casa de forma transitoria a una gata que estaba preñada. Se habían contactado con ella desde el refugio Garritas Charrúas para que le diera al animal un hogar transitorio. Y ella aceptó. Pero la historia de Jessica, que hoy tiene más de 10 mil seguidores en su página de Instagram (Catitos.uy) con los animales empezó antes.

Un día de ese mismo año se enteró que estaban buscando voluntarios para ir a rescatar gatos y perros en un asentamiento que había sido demolido porque sus vecinos fueron realojados. Y Jessica fue. Ese día empezó todo. Se encontró con el mundo de personas que se dedican a rescatar animales en Uruguay. Nunca más se alejó. Después de hacer de hogar transitorio para algunas camadas de gatos, vio que algunos crecían y crecían y nunca eran adoptados. Un día decidió crear una página de Instagram para publicar sus fotos y conseguir adopciones. Casualidad o no, en ese momento se enteró que en los próximos días estaría en Uruguay Hannah Shaw, más conocida como Kitten Lady, una rescatista de gatos famosa por recorrer el mundo buscando historias, “la número uno en gatos”, como la define Jessica. Se puso en contacto con ella y Hannah le pidió que la llevara a recorrer Montevideo. Además, publicó en su Instagram la página de Jessica, que hasta entonces tenía 76 seguidores y dos publicaciones. En un solo día sus seguidores aumentaron a más de 3.000 y las donaciones le empezaron a llegar desde el exterior en montos de hasta US$ 100.

Ese dinero lo donó a diferentes rescatistas y refugios del interior del país.

Entre enero y febrero hizo dos rescates grandes y su casa se llenó de animales. Se mudó a un lugar con barbacoa, destinó un espacio para los gatos, compró jaulas para mantenerlos separados y ordenados -sobre todo para que no se contagien virus unos a otros- y empezó a sacarles muchas fotos. Su meta inicial era esa: compartir lindas imágenes para conseguir adopciones. Pero, dice ahora, detrás de la foto de un gato hay una historia de trabajo que muchas veces la gente desconoce. “Por eso tenemos algunos requisitos para dar gatitos en adopción (ver recuadro aparte). Si supieran el trabajo que lleva rescatar a un gatito, cuidarlo, medicarlo, idas y venidas al veterinario. Detrás de cada gatito hay una historia súper triste y de mucho trabajo”, cuenta Jessica. A comienzos de este año tuvieron entre 40 y 50 adopciones y hoy ya van más de 340. Ahora además tiene animales en hogares transitorios de sus colegas, como el que Ludmila tiene en Sayago. Jessica dice que, lamentablemente, los rescatistas en Uruguay se encargan de todo y hacen muchas cosas a la vez (desde buscar al animal, cuidarlo, recuperarlo, medicarlo hasta conseguirle un hogar), que el único apoyo que tiene son las donaciones de la gente, de algunos adoptantes y que son muy pocas las veces que los laboratorios le donan cosas. También dice que rescatar gatos se vuelve una adicción, porque no se trata solo de encontrarles un hogar, se trata de salvarles la vida. Su meta, dice, ahora cambió. Ya no es compartir una linda foto para conseguir una adopción. Ahora lo que quiere es educar a las personas que la siguen en las redes con el conocimiento que ha ido acumulando mientras rescata, cuida y recupera gatos.

En el interior: una protectora de Melo

En la calle Bernardino Orque del barrio Mendoza de la ciudad de Melo la protectora de animales Los Callejeros tiene, en este momento, más de 300 perros adultos y algunos otros cachorros que fueron abandonados. La protectora, una organización sin fines de lucro, empezó hace 20 años porque “había muchos animales abandonados y nadie que los protegiera de la irresponsabilidad de los seres humanos”, comenta Elena Lima, parte de la organización.

Y añade: “Empezamos para tratar de ayudar a los sin voz”.

Además, Elena cuenta que la situación de los animales callejeros en este momento en Melo no es muy diferente a lo que era cuando empezaron. “Hay muchos perros en la calle, principalmente en las plazas que, por ejemplo, les salen a las motos y causan accidentes. Pero son perros sociables y muy mansos. No los llevamos al refugio porque no tenemos espacio, nuestra capacidad está desbordada”, señala. La protectora se sustenta con ayuda de la gente, con beneficios, donaciones y el apoyo de algunos socios. Pero también con el dinero que las personas que trabajan allí ponen de su bolsillo. Los animales de la protectora están en adopción. “Se los damos castrados, hacemos un seguimiento de que sea una adopción responsable”, relata a Revista Domingo. Todas las personas de la protectora, apunta Elena, tienen un “vínculo de amor y respeto hacia los animales”. Así lo afirma: “Tratamos de protegerlos y darle una calidad de vida a nuestros perros. Tratamos de ser responsables frente a la vida de los animales. Queremos que el maltrato animal sea un delito”.

Dos amigas y un Instagram

Paula y Angie son amigas hace más de 10 años y están detrás del Instagram Volonté Adopciones. “Nuestro nombre hace referencia a la voluntad, que creemos es lo que impulsa a tantas personas a querer ayudar cada vez más a quienes tanto lo necesitan”, dice en el pie de la primera imagen que compartieron en la red. En el caso de Angie, dice, siempre tuvo una sensibilidad particular respecto al maltrato animal. “Hace 9 años me hice vegetariana y sabía que eventualmente iba a terminar vinculada al rescate de animales. Luego, hace 6 años empecé a trabajar en El Refugio APA, donde estuve alrededor de 1 año. Aprendí muchísimo, la experiencia de trabajar en un refugio junto a otras rescatistas fue increíble. Y también me di cuenta que me gustaba más la idea de trabajar directamente en la calle, rescatando gatos, llevándolos a castrar, darles los tratamientos necesarios y en el caso ideal encontrarles un hogar responsable”.  Angie y Paula trabajan juntas y de manera independiente. Volonté no se trata de un refugio ni de una protectora. Ellas se dedican a la difusión para encontrarle un lugar a los animales que están en la calle. Pero también rescatan, curan y le buscan un lugar responsable a los animales que encuentran. Paula se dedica a los perros y Angie a los gatos. “Tengo mayor conocimiento sobre gatos, me fui educando sobre el rescate de gatos al aprender de otras rescatistas y de modo autodidacta. Por lo tanto, si bien estoy abierta a rescatar a cualquier animal, reconozco que me siento más cómoda rescatando gatos simplemente porque tengo el conocimiento que preciso”, cuenta Angie. En el caso de Paula, es lo mismo pero con los perros. Así, aunque las dos tienen su respectivos trabajos, le dedican mucho tiempo a ayudar a los animales.

Los requisitos que se repiten

El trabajo en los refugios es, en general, voluntario

En general, todos los rescatistas y refugios de animales tienen una serie de requisitos para dar a un animal en adopción que en la mayor parte de ellos, se repiten. “Es todo sentido común”, dice Jessica, de Catitosuy. Entre esos requisitos aparecen una visita previa al hogar (en su caso, si hay niños menores de 7 años y no tienen otros gatos, no les da un animal), castración a los seis meses, hogar seguro y sin salidas, comida de calidad, afiliación veterinaria, contrato de adopción y seguimiento. https://www.elpais.com.uy/

 

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