Aguas uruguayas: una joya del planeta Tierra

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A partir de expediciones que National Geographic realizó en los mares uruguayos, la organización unió fuerzas con proyectos locales para impulsar ante el gobierno la creación de áreas marinas protegidas. La gran cantidad de tiburones, lobos marinos, merluzas, atunes, ballenas y tortugas junto con las condiciones de temperatura, que van desde los 25 a los 8 grados Celsius, y la riqueza en alimentos para animales acuáticos que contienen los mares uruguayos son algunas de las características que los hacen un tesoro natural. Estas fueron algunas de las conclusiones a las que se llegaron después de los descubrimientos que se hicieron en las dos expediciones en alta mar —una en las aguas rochenses durante marzo de 2021 y la segunda en Maldonado durante diciembre del mismo año— que realizó National Geographic. Con un equipo que reunió a científicos, buzos, técnicos y documentalistas de Estados Unidos, España, Argentina, Chile y Uruguay, incluido el subsecretario del Ministerio de Ambiente Gerardo Amarilla, y enmarcadas dentro del programa Pristine Seas —iniciativa de Nat Geo que se dedica a estudiar, registrar y proteger los últimos lugares bien conservados de los océanos en el mundo—, las expediciones marcaron un antes y un después en lo que es el desarrollo, investigación y documentación marina en Uruguay.

Con la misión de impulsar la creación de áreas marinas protegidas y así cuidar el medio ambiente y, por ende, la vida humana, Nat Geo se puso a trabajar en colaboración con la Organización para la Conservación de Cetáceos (OCC) de Uruguay y su campaña Océanos Sanos, así como con algunos científicos locales, como Andrés Estrades, director de la organización uruguaya Karumbé, para la elaboración de informes y documentales que apuntan a tomar conciencia sobre la importancia del cuidado de estas aguas. “Todo el mundo se mueve en dirección a cuidar el medio ambiente porque ahí van a estar los problemas económicos del futuro”, comenta Alex Muñoz, director del programa Pristine Seas, de Nat Geo. Y, afortunadamente, las consecuencias ya se están viendo. Recientemente, el Ministerio de Ambiente anunció que avanzará en la creación de un sistema de aguas marinas protegidas. Esta propuesta, presentada por Océanos Sanos en enero del año pasado y tomada por el ministerio en diciembre, habla de proteger 12.800 km², conformados por la isla de Lobos en Maldonado y una zona frente a Cabo Polonio, a unos 80 kilómetros de la costa.

Una necesidad mundial. Las áreas marinas protegidas, aquellas en las que la pesca o cualquier otra actividad que pueda afectar de manera negativa la reproducción o alimentación de los seres vivos que allí se encuentran es prohibida o restringida, son cada vez más alrededor del mundo. “Lo que se busca con las aguas protegidas es tener espacios reservados para que los ciclos naturales de la Tierra puedan seguir su curso y entonces podamos seguir teniendo esos servicios ecosistémicos tan importantes para la vida humana”, explica Andrés Estrades, biólogo y director de Karumbé, organización encargada de proteger las tortugas marinas, e integrante de ambas expediciones con Nat Geo. “Los científicos dicen que necesitamos que 30% del planeta sea preservado, distribuido en diferentes ecosistemas, para lograr esa productividad natural que necesitamos los humanos para vivir, para que se genere aire, alimento y agua dulce a escala global”, agrega. Mientras que países cercanos a Uruguay cuentan con porcentajes de protección marina altos, como Chile con más de 42%, Argentina que se acerca al 10%, México, Colombia, Costa Rica y Ecuador cerca de 30%, Uruguay protege 0,7% de su territorio marino y solo 1% del terrestre. “Es una cantidad mínima, y hoy el mundo no puede sostenerse así”, comenta el chileno Alex Muñoz, director de Pristine Seas Latinoamérica y líder de ambas expediciones. “Es necesario crear áreas protegidas porque tenemos que reparar nuestra relación con la naturaleza. Problemas como el cambio climático, la desaparición de especies e incluso las pandemias como la del Covid vienen de una mala relación con la naturaleza, y si no cuidamos los últimos lugares salvajes o bien conservados, vamos a seguir sufriendo problemas globales. Todos los países tienen que poner de su parte”, concluye.

Amenazas. La pesca sin regulaciones, la contaminación por plástico, metales pesados y la sísmica marina —característica de la exploración submarina en busca de hidrocarburos, ocasionadora de ruidos que perturban a toda la fauna marina— son algunas de las amenazas a las que se enfrentan las aguas desprotegidas de Uruguay. “Uruguay es un país que está sufriendo la explotación pesquera desde hace mucho tiempo y ha cuidado muy poco de su mar”, señala Muñoz. “Si no se crean zonas marinas protegidas que ayuden a restaurar la actividad pesquera, esta va a desaparecer, ya está en franco declive. Eso lo hemos visto en todo el mundo y Uruguay debe reaccionar para protegerse antes de que sea tarde”, explicó el director. “La pesca ilegal o pirata es un problema que tenemos no solo por aquellos barcos que utilizan el puerto de Montevideo para descargar sus capturas, que usualmente son realizadas de forma dudosa o en zonas prohibidas, sino también por aquellos barcos que vienen de Brasil, entran a nuestras aguas y nos perjudican porque esas capturas podrían ser generadas por nuestro país”, agrega Andrés Milessi, director de OCC. La organización promueve la pesca sostenible y sustentable. A diferencia de la pesca de arrastre o no selectiva, la sostenible no produce cambios en las estructuras de los ecosistemas. “No tiene impactos en, por ejemplo, las poblaciones de tortugas o de mamíferos marinos, como también aquellas especies que son descartadas por no tener un valor comercial”, dice Milessi. Las herramientas utilizadas en este tipo de pesca son las trampas o las nasas, que agarran peces vivos, no machucados o aplastados como suele suceder con las redes. “Además de ello, si el pez es tratado adecuadamente, puede tener altos valores de mercado”, indica. “Estamos tratando de trabajar con pescadores artesanales para incentivarlos en esta nueva modalidad de pesca, que no es nueva, pero sí en nuestro país”, señala el director de OCC. “Hay que cambiar el modo de pescar, tratar de buscar una alternativa más rentable desde el punto de vista económico, que se va a traducir en un punto de vista ecológico”.

Limitaciones. La visita de Nat Geo a las aguas uruguayas y su colaboración con las organizaciones locales significó un antes y un después en la investigación y visualización científica marina del Uruguay. En ambas expediciones se utilizaron herramientas de exploración nunca antes aplicadas en el país y gracias a ello se vieron ciertas especies por primera vez y se obtuvo documentación fílmica. Sucedió, por ejemplo, con los tiburones oceánicos y pelágicos, como el azul, martillo, mako, también con los peces luna y piloto. “Si bien se han realizado estudios por más de 50 años, en particular con la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (Dinara), que tiene un barco oceanográfico, la Udelar y otras instituciones nacionales e internacionales que han colaborado con Uruguay en las exploraciones de nuestro mar, quedan muchas cosas por descubrir y conocer”, comenta Milessi. “Nos dimos cuenta de que los científicos no usan las metodologías con buzos que usamos nosotros para explorar lo que hay bajo el agua, sino que estudian con base en lo que sacan los pescadores”, asegura Muñoz. “Todo ha sido exploración porque no sabíamos mucho lo que podíamos encontrar, hay muy poca información científica submarina en Uruguay y prácticamente no hay imágenes bajo el agua”, agrega. Según explica Andrés Milessi, la comunidad científica uruguaya no siempre cuenta con los medios económicos y académicos necesarios para realizar ciertas investigaciones. “Por eso la presencia de Nat Geo o de otras instituciones que puedan aportar a Uruguay tanto en la visualización como en la investigación es interesante”, opina. “Desde nuestra organización creemos que la colaboración con Nat Geo es fundamental no solo para documentar lo que tenemos sino para visualizarlo a escala mundial”.

Gracias a la posibilidad y a la tecnología brindada por Nat Geo, la investigación sobre las aguas marinas de Uruguay tuvo un impulso. “El trabajo en las expediciones fue superinteresante porque, si bien Uruguay tiene ciencia, nunca tuvimos la oportunidad de ir a este tipo de lugares en el mar para filmar y poder hacer una evaluación desde el punto de vista de la imagen”, agrega Andrés Estrades. “Vimos especies de tiburones y peces que en nuestro país fueron solamente registradas muertas en cubiertas de barcos o redes de pesca. Pero en la primera expedición pudimos ver por primera vez a esos animales vivos, en su hábitat natural. Fue algo alucinante”, señala. Tesoro natural. Poco sabían los integrantes de la tripulación que zarpó arriba de un barco de la Armada nacional hacia el talud uruguayo, a 100 millas de La Paloma, sobre la riqueza de esas aguas. Con más de 10 científicos, buzos y técnicos a bordo, la expedición sorprendió a todos. Tal fue el éxito que el equipo decidió embarcarse hacia el mar abierto una vez más, en esa ocasión rumbo a la isla de Lobos, para seguir recolectando información inédita. La sorpresa fue nuevamente positiva. La gran biodiversidad de las profundidades marinas, que va desde peces linterna a tiburones martillo, y la comunidad de lobos marinos más grande de Sudamérica hacen del agua uruguaya una gema del planeta Tierra. “La vida que existe en ese lugar es espectacular. Vimos muchas especies de tiburones, atunes, merluzas, peces luna, nos dimos cuenta de que es un mar muy rico. Hay especies icónicas como los lobos marinos, las ballenas y tortugas que vienen a Uruguay a alimentarse. Como me dijo Andrés Estrades, ‘Uruguay es un gran restaurante marino’ y esto nos indica que, aunque no lo veamos por la turbiedad del agua en la zona aledaña a la isla de Lobos, hay mucha vida en el mar uruguayo y por lo tanto hay que protegerla antes de que desaparezca”, dice Muñoz. La conjunción de una corriente cálida que viene de Brasil, pobre en nutrientes, de entre 20 y 25 grados Celsius, con otra proveniente de Malvinas, con aguas muy ricas en nutrientes y temperaturas de entre 8 y 12 grados, junto con la descarga del Río de la Plata, “uno de los estuarios más grandes e importantes del mundo” según explica Milessi, es otra característica bien distintiva del mar uruguayo. “Esta conjunción de aguas frías, cálidas y algunas con mucho nutriente genera un marco ideal para la proliferación de organismos tanto en el fondo marino como en las aguas superficiales. Esto desarrolla una gran diversidad, gran abundancia, que la hacen característica y muy interesante de investigar a nivel internacional”, asegura. La meta. “Solo protegemos lo que amamos y solo amamos aquello que conocemos”, dijo el explorador marino y científico francés Jacques Cousteau. Y eso es, según Estrades, lo que quieren lograr con estas expediciones y con los informes y documentales que resulten de ellas: que los uruguayos conozcan qué hay en sus aguas y así querer protegerlas. Generar conciencia tanto en el Estado como en la sociedad. “El objetivo es crear informes científicos que sean un granito más de arena para concretar la protección efectiva de esos espacios. Depende del gobierno, de una mesa de diálogo, de que todas las oficinas gubernamentales trabajen junto con la sociedad civil para lograr niveles de protección de esa zona”. Algunos informes ya fueron entregados al gobierno, mientras que los de la segunda expedición siguen en proceso de desarrollo para que cuente con toda la información necesaria con el fin de avanzar en la creación de áreas marinas protegidas y frenar la sobreexplotación pesquera. En cuanto a los documentales, Muñoz asegura que falta material y que Nat Geo volverá a hacer salidas en barco para seguir recabando antes de dar por terminada la filmación.

En diciembre de 2021 comenzó la planificación del proceso sobre la creación de zonas protegidas en el mar uruguayo por parte del Ministerio de Ambiente, uno que puede tardar meses o hasta años, según Milessi. En cuanto al porcentaje que se protegerá, todavía está por definirse. “Idealmente sería llegar a 10%, mejor aún 20%, e incluso si quisieran llegar a 30% antes de 2030 sería un golazo de media cancha, pero lo veo difícil”, indicó. Por su lado Muñoz dijo que “el cambio depende de Uruguay, no de Nat Geo”. “Nosotros vamos a poner todo de nuestra parte para que tengan la información científica y el apoyo comunicacional para inspirar a las autoridades a crear áreas marinas protegidas, pero la decisión final depende del gobierno. Junto con establecer nuevas maneras de manejo para ponerle límites a la pesca, hay que proteger esas zonas de alimentación y reproducción de las especies porque es la mejor manera de aumentar la abundancia de recursos pesqueros. Los estudios que hemos hecho han comprobado que una zona donde no se permite la pesca, luego de algunos años, puede multiplicar la abundancia de esas especies en más de 500%. Por eso hoy el sector pesquero en muchos países ha entendido que la única forma de pescar para siempre es cerrando ciertas áreas clave y poniendo límites a la actividad pesquera. Ese sería el único camino para restaurar las pesquerías en Uruguay”. Para lograr esto es necesario un gran trabajo de divulgación sobre las riquezas pero también sobre los problemas que están afectando al mar. “Queremos poner este tema en la agenda diaria”, agrega Estrades. “El cambio que se espera es positivo, uno que va hacia el conservar, conocer, respetar y amar el mar uruguayo, (…) que se sepa lo importante que es desde el punto de vista de la regulación del clima, de la obtención de alimentos para los humanos y sobre todo para maravillarnos con todos esos animales que hay viviendo en esas aguas”, concluye. https://galeria.montevideo.com.uy/

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