Cuando barcos modernos avejentan nuestro puerto

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Por Emilio Cazalá

Montevideo, el puerto internacional para la región sur. Esta es una foto muy apropiada para mostrar gráficamente lo que deseamos decir o sea la reducción física de una estructura portuaria centenaria por el crecimiento del tamaño de los barcos, por la presión de una nueva tecnología del transporte marítimo, por la aparición del contenedor y por la logística y porque el mundo cambia y crece económicamente pese a las crisis. Si señor, nuestro puerto se redujo en su capacidad. Todo esto que nos pasó fueron lecturas que no supimos entender, mensajes claros que ignoramos, no por intención sino impericia. Fueron formidables cambios que no los supimos interpretar porque no miramos con atención al puerto. Vale la frase “nada es para siempre, lo permanente es el cambio”. La imagen muestra la Dársena I de nuestro puerto donde aparecen atracados dos barcos de hechura contemporánea y seguramente entraría un tercer buque y ahí quedaría desbordada dicha dársena. Sin embargo, hace 100 años cuando se construyó el puerto, estaba bien definido que en esa dársena entraban 7 naves y otras 4 en el resto del puerto o sea en la cabecera del muelle B, en el 8, el 9 y en el muelle 10 o sea un total de 11 naves. Ese modelo se sostuvo y perduró hasta principios de los años ‘90 porque a partir de ese tiempo los barcos portacontenedores comenzaron rápidamente a crecer de tamaño y también los graneleros.

Ese movimiento o empuje de barcos más grandes al Río de la Plata y sobre todo a Montevideo, se vio estimulado por la aparición en 1992 de la Ley de Reforma Portuaria que democratizó las actividades portuarias y le dio al empresario una estructura de libertad para sus actividades y para nuevos proyectos e inversiones. Fue a partir de esa fecha que comenzó un tiempo de competencias entre las grandes empresas navieras de siempre y desde entonces estamos recibiendo barcos de 330 metros de eslora y más. Ojo, está creciendo la eslora de los barcos pero también la manga o sea la anchura. Eso cambia o exige a las terminales operadoras manejarse con grúas portainer de mayor alcance y a la autoridad dragar canales con una mayor profundidad y solera.  Pero vamos a la historia que tanto nos enseña como referencia. Lo cierto es que nuestros ancestros nos construyeron un formidable puerto con el que vivimos gloriosamente hasta la Segunda Guerra Mundial. Vamos a decir la verdad: a partir de 1947 todo lo naviero y portuario comenzó a cambiar; creció el tamaño de los barcos con la nueva tecnología, más rápidos con equipos mas modernos, nuevas formas de casco. Nuevas hélices, organización de los itinerarios de los barcos, acortamiento de la estadía en puerto, reducción de costos operativos, menos tripulantes. Los primeros que vimos en Montevideo como formidables navíos post guerra que llamaban la atención fueron los norteamericanos de la Moore MCormack Lines, construidos en EE.UU. y los suecos de la Johnson Line -ahora recuerdo el Axel Johnson- construidos en Suecia.
Estábamos sin duda en un nuevo tiempo con cambios todos los días y eso no era todo, porque nos hundiríamos aún más en el pasado cuando 9 años más tarde apareció el contenedor que lo cambiaría todo y no nos dimos cuenta de nuestro atraso. Todos esos avances navieros habían avejentado no solo la metodología del transporte marítimo sino el tamaño y equipamiento de los puertos y su operativa y ya estaba funcionando la Logística con lo cual se hizo más eficiente el servicio de los barcos a la carga. Y no entendimos nada y seguíamos con entusiasmo aferrados a nuestro viejo puerto con medio siglo de antigüedad y nuestras prácticas. Para descargar contenedores, usábamos la vieja grúa B-38 conocida por la “mimosa” y la grúa flotante Hércules. Por entonces, surgieron decenas de pequeñas y medianas empresas navieras que con los barcos que tenían de todo tipo comenzaron a competir y vinieron al Río de la Plata entrando a puerto hasta por pequeños tonelajes de import y de export y eso sumado a los paros sindicales nos congestionaron el puerto y los barcos debían esperar afuera disponibilidad de muelle. Estábamos en los años 1960/70. El comercio marítimo internacional condenó a Montevideo como “Puerto Sucio” y subieron los fletes con recargos. Y como siempre los gobernantes no entendieron los cambios que trajo la guerra, la reconstrucción y el desarrollo y seguimos al trotecito de siempre. Pero ya teníamos un puerto obsoleto en 1948 y no lo sabíamos y nos parecía maravilloso que un profesor de Historia o un escribano fueran presidente del puerto porque eran de nuestro palo. En el 2000 tuvimos otro empujoncito que agregó nuevos cambios, como la aparición de Cargas y Servicios, (Montecon). Terminal TCP y por último Obrinel (Terminal Granelera de Montevideo) a la que le siguió el Muelle C prolongación D y ahora la Terminal UPM2.

Volvamos entonces a la imagen que publicamos donde aparecen los dos barcos y acaso un tercero donde en 1909 se construyó una dársena para 7 barcos. Los barcos atracados son el transatlántico “Queen Elizabeth 2” (QE2) que ocupa los muelles 3, 4 y 5 y el crucero “Chrystal Harmony”, el muelle 1 y 2; el primero, de 1969, ahora solo funciona como hotel flotante en Dubai y el otro fue desguazado o sea que dos barcos contemporáneos nos achicaron el puerto y esto ocurrió en el 2010. Nuevamente recibimos mensajes a los que no prestamos atención, siempre corriendo de atrás. Por eso, exhortamos a los próximos gobernantes a darle al puerto una mirada más profunda, a entender que es un organismo económico internacional muy importante. https://negocios.elpais.com.uy/

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