Puerto de Paysandú: El deporte sanducero no se salvó de la turbonada

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La sensación es, sin distinción, la misma: desazón, amargura, pero también mirar hacia adelante. El deporte sanducero no estuvo ajeno a la turbonada que sorprendió temprano en la mañana de la víspera a Paysandú, pero rápidamente puso manos a la obra en lo que se pudo, y más allá de lamentar los daños el optimismo fue el común denominador. Y la realidad es que no se salvó nadie. Los clubes de fútbol infantil sufrieron como locos los destrozos, las canchas del fútbol grande no se salvaron, así como también se vieron barcos en el piso y canchas de padel destruidas. “Nos pusimos en contacto con los dirigentes de las instituciones que nos enteramos tuvieron daños, como Centenario, Independencia, Sud América, Nuevo Paysandú, Juventud Unida, Huracán baby fútbol, Wanderers, Barrio Obrero, el Pescadores, el Remeros… No pudimos hablar con Independiente. Intentamos hacer un relevamiento de quienes sufrieron daños por esta turbonada, aunque ahora sin dudas las prioridad pasa por quienes se quedaron sin hogar”, dijo el director de Deportes, Guillermo Arias. Los clubes de la costa sufrieron el fuerte viento. En el Club Remeros cedieron algunos vidrios de la piscina, y según dijo el presidente Andrés Klein al ser consultado lógicamente “volaron vidrios a la piscina que comenzamos a sacar. Hay que reponerlos, sacar los vidrios que quedaron en partes incómodas, y después calentar nuevamente el agua, que perdió mucha temperatura”. Después, “hubo alguna rotura en la sala de remo, pero por suerte no fue mucho más”. A pocos metros el Yacht Club mostraba varias embarcaciones en el piso, y otras golpeadas entre sí en la bahía. Daniel Castellanos, dirigente del club, indicó que “tenemos muchos daños”. “Los techos de la guardería los levantó. los infló a todos y volaron chapas. Tiró barcos, soltó las marinas, se golpearon barcos contra barcos y en el galón deportivo volaron las paredes pero no todo”, detalló. “Y en la vieja sede el viento arrancó puertas y ventanas”, sumó. El Pescadores, en tanto, luce en su frente una parte del muro caído. Varios árboles autóctonos caídos, destrozos en el cerramiento de los quinchos, vidrios rotos, volaron los techos de los baños, entre otros, fueron el saldo de la turbonada. Pero el viento se hizo sentir en diferentes puntos de la ciudad. En el Golf Club, por ejemplo, se vieron afectadas canchas de padel y autos por la caída de árboles. Y el fútbol fue uno de los grandes perjudicados. La cancha de Centenario y la de Independencia se vieron afectadas, así como la de Sud América, entre otras. Para los dirigentes de Centenario llegar al Parque Pasarello fue complicado. “Evaluar económicamente es difícil, pero nos rompió mucho. La desesperación fue liberar un poco porque cuando llegamos no se podía entrar a la cancha porque cayeron gajos de los eucaliptus grandes de la entrada, y el viento los llevó al alambrado olímpico y nos rompió el tejido, plaquetas y columnas”, dijo el dirigente Roberto Roura. Pero confirmó que “en la cancha de Independencia cayó una torre con dos focos, la quebró, pasó a nuestra cancha y rompió el muro lindero. Y hay dos columnas más que están inclinadas hacia nosotros. En el fondo hay como 10 metros de muro tirados”, sumó tras confirmar que tras varias horas se pudo recuperar la energía eléctrica gracias al trabajo de colaboradores. “Un árbol se cayó arriba de la churrasquera nueva, y las raíces de otro nos levantó los caños del agua”, sumó. Pero los daños alcanzaron a diferentes escenarios. Estos son tan solo ejemplos. El baby fútbol también sufrió mucho. La sede de Huracán se quedó sin techos, por ejemplo, con todo lo que significa. Y en cuanto a las instalaciones municipales, hubo poco para lamentar. En el Estadio Cerrado explotaron vidrios, en el Estadio Artigas se dio vuelta un banco de suplentes, en Nuevo Paysandú se levantó el piso sintético de la cancha multiuso y se dio vuelta el container contiguo. https://www.eltelegrafo.com/

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