La historia de éxito de Uruguay contra el COVID-19

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Es fácil, hasta tranquilizador, hablar del “milagro uruguayo” en la lucha contra el coronavirus. Pero es también un error. Que sea el único país de América con permiso para que sus ciudadanos y residentes viajen a Europa tiene una explicación con tres nombres clave: Gonzalo, Pilar y Daniel. Hay más, hubo otra gente muy importante, pero sin ellos tres la historia habría sido muy diferente. Conviene rebobinar hasta llegar al mes de febrero, aún verano en un Uruguay feliz y sin casos de Covid-19. Son las 7:50 de una mañana de verano en Montevideo. Entra al aula de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República un señor maduro al que nadie conocía hasta hace unos días. Lleva un termo, un mate y una libreta de apuntes. “Vengo a escuchar y a aprender”, dice. Los cinco científicos lo saludan y empiezan a explicarle lo que saben y lo que creen que habría que hacer ante la pandemia que se avecina. El señor no deja de preguntar y anotar. Se despiden, pero volverían a verse muchas veces. El señor es Daniel Salinas, que en pocos días asumiría como ministro de Salud de Uruguay. Dos de los científicos son Gonzalo Moratorio y Pilar Moreno, ambos biólogos. Sobre el empuje de ese trío se construyó la decisión del presidente Luis Lacalle Pou de evitar una cuarentena estricta y el congelamiento de la economía. Casi cinco meses después de que Daniel, Gonzalo y Pilar se reunieran por primera vez, Uruguay muestra 952 casos y 28 muertos, los colegios están abiertos, los centros comerciales también, la construcción se mueve, la gente puede hacer deporte al aire libre y el fútbol profesional se prepara para regresar. Y hay más que eso: a Uruguay le sobran tests, desarrollados localmente, para detectar el Covid-19. Parte de ellos irán a Paraguay, pero cualquier país que los quiera puede recibirlos. Y, llamativamente, el éxito uruguayo tiene también que ver con un apoyo clave al país del hoy desteñido Mercosur a través de sus fondos estructurales, conocidos como FOCEM. En una serie de entrevistas a fondo con Infobae, el ministro y los científicos explicaron cómo es que llegaron a lo que parece un éxito, aunque ellos eviten cantar victoria.

“Hoy tenemos una capacidad infernal para detectar todo lo que se mueve, y la seguimos perfeccionando”, dice entusiasmado Salinas, el ministro. Neurólogo de 58 años, Salinas pertenece a Cabildo Abierto, el nuevo partido de la derecha uruguaya que lidera Guido Manini Ríos, ex jefe del Ejército. Cabildo Abierto es uno de los cinco partidos de la coalición social-liberal que instaló a Lacalle Pou en el gobierno tras 15 años de dominio del Frente Amplio. Uruguay es un país que suele huirle al extremismo, en parte por eso es que Cabildo Abierto no es extrema derecha, aunque sí derecha clara. Eso, dice sin embargo el ministro, no jugó ningún papel en la crisis que tenía Lacalle Pou esperando sobre su escritorio ya antes de instalarse en la Torre Ejecutiva.

– La ciencia tiende a ser de izquierda y usted viene de Cabildo Abierto, que es un partido de derecha. ¿Eso nunca jugó un papel? ¿Cómo fue la relación con los científicos?

– Para nada. Yo soy una persona que viene de la ciencia, y para mi lo primero es el país. Y lo de la izquierda y la derecha es una mentira. Fabulosa. El que se la quiere creer que se la crea, es más divisionista que unionista. Y a mis 58 años, como parte de un partido que hace un año que nació, debo haber votado alguna otra cosa en mi vida previa, ¿no? Se supone que debo tener otros orígenes…

– ¿Le puedo preguntar por sus orígenes?

– Mejor dejémoslo ahí. Hay partidos preexistentes, partidos históricos. ¿Qué es lo importante aquí? A mí no me costó nada juntarme con gente de izquierda, hasta en la familia hay gente de izquierda. Ese es un error, una creación mental, la izquierda y la derecha son un constructo mental. Porque yo no sé bien qué es la izquierda de Estados Unidos y qué es la derecha del Uruguay, en el sentido de quién tiene más interés social, más interés porque los pobres sean los privilegiados.

– ¿Influye el hecho de que Uruguay tenga una sola ciudad grande, que es Montevideo? ¿Juega un papel la pequeñez relativa del Uruguay?

– Yo creo que eso es relativo, podes ver cualquier país de Europa, podes ver Andorra, que tiene cientos de miles de habitantes y tiene muchos más muertos que Uruguay (Ndr: Andorra tiene 77.000 habitantes y 52 muertos) y está en el medio de los Pirineos. Podes tomar ciudades de Chile o de Argentina y comparar, cada uno se hace las trampas al solitario como quiere. Montevideo y su conurbano en 100 kilómetros son 2,6 millones de habitantes. A 100 kilómetros tenemos a Maldonado, con 260.000 habitantes, Florida, Canelones… Montevideo tiene un millón y medio de habitantes, Colonia tiene ciento y pico de miles. Con un compás, en cien kilómetros en torno a Montevideo, tenemos a dos tercios de la población del país, así que tan chico no es… Creo que lo que pesa es la forma en que la gente se tomó esto, la mancomunidad ciudadana. Y tomamos nota de lo que estaba pasando en otros lugares. Acertamos en el testeado, el seguimiento, la tecnología y las vacunaciones antigripales, que plancharon las consultas.

Salinas se siente hoy “un animalito”, siente que vive una vida “muy primitiva”. Desde febrero lo suyo es trabajar, llegar a casa, comer y dormir. No hay días libres, ni domingos, ni feriados. Son 15 horas de trabajo diario “sin aflojar el músculo”, pero en su voz se nota el entusiasmo por lo hecho y la confianza en que Uruguay tiene la fórmula, que tanto él como Moratorio y Moreno definen como “las tres t”: “test, track and trace”, en inglés.

“Encontrás los casos, trazas los casos y los confinas, las tres cosas son necesarias”, explica Moratorio. A lo largo de todas las conversaciones se filtra el fútbol, muy útil para hacer más comprensibles ciertos conceptos científicos. En el inicio de la crisis impactó lo que dijo Rafael Radi, jefe del Grupo Asesor Científico Honorario (GACH) en el que se apoya Lacalle: “Este partido no está ganado. Estamos jugando en La Paz contra Bolivia, va el primer tiempo y vamos cero a cero”.

“Es una analogía que ha sido muy bien tomada por la población, que entiende muy bien cuando le hablas de fútbol”, destaca Moratorio.

Algo parecido sucede cuando Salinas explica las claves por las que Uruguay es el país más calmo de la región en cuanto a la situación del Covid.19.

“Hubo muchas claves, pero una de ellas fue el desarrollo del test propio nacional, por PCR en tiempo real por biología molecular. Haber apostado a ese diagnóstico, hacerlo masivo, pasar de uno a 25 laboratorios de biología molecular en todo el país. Y una técnica que te rendía un estudio ahora te rinde ocho estudios, por lo que la capacidad de testeo es infinita. Hoy tenemos una capacidad diaria de testeo de 20.000, es una locura. La segunda pata de todos esto es vigilancia epidemiológica estrechísima que hemos hecho, una marca hombre a hombre que hemos hecho, que los seguimos como perros mastines…”.

– O como si fueran futbolistas uruguayos…

El ministro rompe a reír. “¡Un catenaccio, una marca al hombre! El seguimiento epidemiológico es constante, con un equipo de epidemiólogos fuerte, nos desplazamos de un departamento al otro y vamos imponiendo una forma de trabajo fuerte”.

Otra vez febrero. Moratorio y Moreno no dejan de whatsappear e intercambiar correos electrónicos con científicos de los más diversos países del mundo, aunque son los de Corea del Sur y Hong Kong los que más preocupan. Biólogos de la Universidad de la República y del Instituto Pasteur de Montevideo ambos, la red de contactos que tienen es inmensa. Esa red, ese ida y vuelta con el mundo de un hombre de 37 años y una mujer de 47 fueron fundamentales para que Lacalle Pou, mientras Tabaré Vázquez se despedía del poder, tuviera un plan para enfrentarse a partir del 1 de marzo a un enemigo tan inesperado como desconocido.

“Por suerte estamos muy conectados con el sistema científico europeo y el americano, también con mis amigos españoles. Me formé seis años en el Instituto Pasteur en virología en Francia, y mis colegas nos contaban que la información que llegaba desde Wuhan era incompleta, no verídica”, recuerda Moratorio.

Los dos científicos uruguayos sentían que tenían algo muy importante entre manos, un conocimiento que debía traducirse urgentemente en hechos. Entró en acción Gustavo Salinas, hermano de Daniel, bioquímico del Pasteur y doctorado en Cambridge. El ministro recuerda muy bien la conversación.

“Un día mi hermano me dijo: ‘Mirá que acá hay un equipo de gente liderado por Gonzalo Moratorio que es un rayo. Ellos te quieren explicar esto del coronavirus y cómo viene”. Y yo, desde que me nominaron el 12 de diciembre, ya trabajaba 12 horas por día para esto. Me fui a la Facultad de Ciencia del Instituto Pasteur a escucharlos. No tengo nada para perder, me dije, tengo mucho para ganar, de última aprendo algo. Termo, mate, libreta de tomar apuntes y a aprender todo lo que podía. Y la verdad que en ese momento tomé conciencia de la verdadera gravedad del asunto”.

Moratorio también recuerda aquel momento. “Recibo en mi whatsapp un mensaje del ministro entrante, yo no lo conocía. Me dijo que estaba al tanto de lo que estábamos haciendo y que quería conocernos y saber más. Lo recibimos en la Facultad de Ciencia”.

Y Moreno vibra al recuperar las sensaciones de aquellos días. “El ministro te dice que viene a las ocho de la mañana y llega diez minutos antes. Se sentaba y lo que quería era aprender, entender, quería ver cómo se podía diagnosticar el virus. Sumamente interesado y tomando apuntes de todo lo que decíamos. Fue a fines de febrero, Uruguay tuvo los primeros casos el 13 de marzo. Teníamos la sensación de que estaba por venir, pero no llegaba. Y cuando pudimos poner a punto el test, increíblemente aparecieron los cuatro primeros casos”.

Días antes había llegado un sobre al Instituto Pasteur desde Hong Kong. En su interior, “un fragmento sintético no infeccioso de coronavirus”. Con ese fragmento pudieron avanzar en el desarrollo del test.

Moratorio y Moreno destacan la “arriesgada decisión” de Carlos Batthyany y Otto Pritsch, máximos responsables científicos en la Universidad de la República y el Instituto Pasteur, de convertir al Pasteur en un instituto de diagnóstico para atajar la crisis: “La rapidez en el alineamiento y los consensos de los sistemas políticos, académico, científico y médicos fueron totales, independientemente de cualquier ideología”.

A su vez, los dos científicos uruguayos se deshacen en elogios y admiración por el desarrollo de la ciencia y la capacidad de los científicos en la otra orilla del Río de la Plata, en Argentina.

“Mientras la Argentina siguió compitiendo en terrenos de competencia mucho más arduos, como cáncer, virología, biología del desarrollo o neurociencia, Brasil, ya desde la época de Lula, buscó un sistema científico que impacte más en lo aplicado, en su productividad: genoma café, caucho… Era interesante, pero no es solo así que se genera un sistema científico”.

Habituados a pasar horas en el laboratorio, Moratorio y Moreno se encontraron en las últimas semanas con que son personajes reconocibles en las calles. “Y eso que esto no es la Argentina. Si fuera la Argentina, de acá al ‘Bailando por un Sueño’ no nos faltaba nada. Pero sí, recibimos a veces el cariño de la gente en las calles. Pero somos las caras de un equipo muy joven, recién doctorado, que son clave en todo esto. Si ayuda a poner el foco en la ciencia y la tecnología un poco más… En Uruguay se destina tres veces menos de porcentaje del PBI que en Argentina. Tenemos el 0,4 contra el 1,5. El sistema científico argentino es muy, muy bueno, el Uruguay debería ir hacia ese sistema”.

Esos elogios no les impide ver, tanto a ellos como al ministro, que las estrategias han sido diferentes en Argentina y Uruguay. “Acá el presidente es muy pro de las libertades personales y le costaba mucho tomar esa decisión de la cuarentena total. Le salió bien, si le salía mal era un desastre. Pero toda la comunidad médica pedía lo mismo que pasó en Argentina y en otros lugares: una cuarentena estricta”, admite Moratorio.

“Fue importante que hubiera una visión amplia, un comité asesor interdisciplinar, porque nosotros, lógicamente, vemos las cosas desde el lado científico y desde el virus”, reconoce Moreno.

¿Cómo salir de una cuarentena? “Si se masifican los testeos y evidencias con números que la curva de contagios se va achatando, eso es una buena señal para ir abriendo de forma paulatina diferentes sectores. Y falta comprobar si los niños o jóvenes contagian el virus tanto o más que un adulto, eso puede ayudar a decidir si se abran las escuelas. Para salir de una cuarentena hay que achatar la curva y controlar. La clave está en apagar los focos rápidos. Si el foco te arma un incendio no te queda otra que encerrar a todos”.

“Otra cosa que hizo este gobierno y fue una pegada fue respaldarse en un Grupo Asesor Científico Honorario (GACH). Tres científicos muy importantes del Uruguay. Lo coordina Rafael Radi, miembro de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, Henry Cohen, gastroenterólogo de gran currículum, y Fernando Paganini, ingeniero. Cohen centraliza ciencias de la vida, biología, medicina, y Paganini todas las estadísticas y modelados, para entre todos poder tomar decisión. Y todos nosotros somos asesores de este grupo y se toman decisiones. Cuando y como abrir las escuelas, cuando y como abrir los shoppings, cuando y como subirse a los ómnibus. A Montevideo la ayuda no tener subte. Y tenemos analistas leyendo toda la literatura científica que sale en tiempo real, tomando decisiones y contrastando”.

“Y un dato más -apunta Moreno-, además de grandes científicos son grandes comunicadores. Dan confianza y tranquilidad, la gente confía en ellos”. A diferencia de lo que sucedió en muchos países, en Uruguay nunca se prohibió la actividad física al aire libre, y el tema no se tornó objeto de una encendida disputa ideológica. Salinas explica por qué siempre estuvo a favor de permitir la actividad física.

“Me basé en la lógica, y además hoy lo dice toda la literatura. Por más cuarentena que tenga usted tiene que salir a hacer mandados al supermercado, un lugar cerrado, con mucho más riesgo. El tema no es solo la distancia, es volumétrico. Usted convive en un espacio cerrado con su señora y sus hijos, ¿qué diferencia tiene eso con ir a la rambla, que es un espacio enorme y en el que además corre un viento fenomenal? Al otro día que yo dije eso, en Bélgica y Suiza estaban recomendando hacer ejercicio individual al aire libre. El problema son los gimnasios, o hacerlo en la Rambla en forma no responsable, los muchachos juntos escuchando música y tomando alcohol… Eso no es responsable. Los gimnasios son de alto riesgo, cerrados, con muchos aparatos que tendrían que higienizarse inmediatamente después de ser usados… Estamos estudiando todo, también cines y teatros de cara al futuro, pero no es el momento ahora. Hasta las reaperturas religiosas fueron objeto de un protocolo”.

– Al otro lado del Río de la Plata, con gente muy parecida a los uruguayos, se ha creado un enfrentamiento entre los pro deportes y los anti deportes. ¿Qué consejo daría?

– Sería un atrevimiento de mi parte darle un consejo a mis hermanos argentinos porque tienen técnicos excelentes. Lo que sí, acá hemos trabajado en protocolos para el regreso de la actividad futbolística y en condiciones para el ejercicio solitario al aire libre. País de Premios Nobel de Medicina, de Química, el país de Favaloro… ¿Qué les voy a decir yo a los hermanos argentinos? Nada. Que estamos para ayudar en lo que se pueda, pero no para hacer polémica al santo botón.

– ¿Qué futuro avizora? – Esto le va a costar a la humanidad un tiempo de recuperación, y atención con la caradura del mundo financiero, que puede endurecer las condiciones crediticias. Ahí hay todo un juego muy complejo, por suerte Uruguay gracias a su estatus sanitario colocó deuda en plena pandemia, 2.000 millones de dólares con las tasas de interés más bajas de los últimos doce años, eso quiere decir que la credibilidad del país estaba muy alto. Por eso pongo el acento en el trabajo multidisciplinario, le hablo de salud, pero me interesa mucho lo laboral y lo económico, porque parte de la salud es el bienestar físico, psíquico y social, y el trabajo es parte fundamental de eso. La visión del ser humano tiene que ser global, hay que atender sus necesidades religiosas, psicológicas, laborales. Y la dignidad que te da el trabajo. No es lo mismo recibir un subsidio que tener tu trabajo. Tu trabajo te da dignidad.

– Lo que usted está diciendo es que ni hay una dicotomía entre salud y economía.

– Hay complementación. La economía es salud y el buen estado sanitario te da una buena economía. Es un círculo virtuosos que se retroalimenta. Y la economía es la economía real y la financiera. De esto tenemos que salir con una gran inversión de obra pública y privada para que todos remonte rápidamente. Carreteras, puertos, infraestructura, que tires a 30 años la inversión, pero el trabajo esté ya mismo.

– ¿Cómo definiría la experiencia uruguaya? ¿Cuarentena voluntaria responsable, confianza cívica, gobierno que confía en sus ciudadanos?

– Son todas esas apreciaciones. Y hay un presidente joven, con mucho empuje y liderazgo y una responsabilidad social de la población. Hasta cierto punto, porque ahora que bajan los casos a algunos, en especial fuera de Montevideo, cuesta convencerlos de usar tapabocas. Definimos protocolos de actuación en un primer nivel de asistencia muy contenedor. Tenemos emergencias móviles prehospitalarias, atención a domicilio… Hicimos acuerdo con la medicina privada para que atienda a domicilio al sistema público, que no tiene atención a domicilio. Aprovechamos la red celular de 4G y 5G para la telemedicina, tenemos además una red de saneamiento muy buena, con un 99,9 por ciento de agua potable, algo que para la higiene es muy bueno. Se hizo una vacunación antigripal que llevó a cero la atención de infecciones respiratorios graves. Pasamos de medio millón de vacunas a un millón de vacunas, imagine lo que es eso en un país de tres millones de habitantes. Lo hicimos por franjas de riesgo: primero los que tenían condiciones mórbidas preexistentes, los mayores de edad, los penados de libertad, las residencias de ancianos… Fuimos a domicilio a vacunar cosa que ni se había hecho nunca. Cerramos la enseñanza, las grandes superficies comerciales, las fronteras, hicimos el acuerdo binacional con Brasil para usar los mismos medios de diagnóstico, de criterio epidemiológico, hasta los mismos tests. Y después apuntamos a la protección del personal de la salud, creamos un mapa sanitario de recursos humanos y materiales en tiempo real. Al terminar cada día tenemos toda la información de cada ciudad y la red de emergencias móviles en ese mapa. Geolocalizamos los asentamientos para vacunación y darles prioridad alimentaria, porque esto tuvo un abordaje no solo sanitario, sino económico, con una serie de medidas de exención de impuestos, diferimiento de pago de obligaciones hipotecarias, alquileres, aportes a la previsión social… Se extendió el seguro de paro, se atendió lo social y nutricional con decenas de miles de canastas de alimentación. El ministro podría seguir hablando horas, y Moratorio y Moreno, también. Pero la vida es más que coronavirus y los científicos son seres humanos. ¿Peñarol o Nacional? “Siempre Nacional. Para trabajar en nuestro laboratorio hay que ser Bolso”, dice al instante Moratorio. “Bo… Nacional. La pregunta final en nuestras entrevistas de trabajo es de qué cuadros sos”, añade Moreno. El ministro se ríe. En cierto modo Pilar Moreno miente, no siempre es así. “Soy de Peñarol”, dice Salinas. “Y me entendí perfectamente con Gonzalo y con Pilar”. https://www.uypress.net/

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