Entre los altos aranceles y las ventajas sanitarias que se acortan

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Básicamente, Uruguay completa las cuotas y exporta a China que solo nos cobra 12%. Ahí va toda nuestra producción cárnica, para el resto de los mercados ya somos caros. Hace unos pocos días, el MGAP divulgó cifras al primer semestre de este año que reflejaban un aumento del stock vacuno, con más de 12 millones de animales y más de tres millones de terneros, éste último dato señalado como cifra récord. Paralelamente, el Presidente Luis Lacalle Pou afirmó que el país “saldrá a pelear” por cuotas de ingreso a los mercados que sea necesario. Precisamente, el principal producto de exportación del país, la carne vacuna, necesita en forma urgente de esa apertura de mercados. El economista Alvaro Pereira Ramela, Jefe de Acceso e inteligencia de Mercado del Instituto Nacional de Carnes, explicó de qué forma operan hoy las barreras de acceso a los mejores mercados y los costos que tienen esas limitantes para la producción bovina nacional. A continuación, un resumen de la entrevista.

—Para la exportación de carne vacuna, la agenda sanitaria parece superarse poco a poco para Uruguay, pero no ocurre lo mismo con las barreras de los aranceles…

—La agenda de acceso para Uruguay, en términos arancelarios, tiene muchas cosas pendientes. Los trofeos más importantes pueden estar en acuerdos con China, con Estados Unidos, algo con Corea y Japón que son los grandes premios. Luego queda Reino Unido, que una vez que se vaya de la Unión Europea nuestra relación se modifica: vamos a tener una cuotaparte de la Hilton muy chica; por otro lado, Reino Unido es deficitario en proteína vacuna, le importa casi todo a Irlanda y una vez fuera de la UE esa relación comercial cambia, por tanto, tenemos terreno para ganar allí.

Corea y Japón son dos países por los que luchó mucho Uruguay venciendo barreras sanitarias; pero lo cierto es que la barrera arancelaria sigue estando ahí. Nuestros competidores pagan 20% menos de aranceles y por tanto nuestro acceso en términos de volumen sigue siendo bajo. La barrera arancelaria en esos mercados es altísima para Uruguay.

—¿Podemos profundizar en los costos que tiene esa barrera?

—Uruguay accede al 75% del mercado importador de carne vacuna en el mundo. Nos restan mercados interesantes como los países del sudeste asiático, caso de Indonesia, Vietnam, Filipinas, mercados que importan muchísimo y tienen aranceles bastante bajos, porque son deficitarios en producción de proteína animal. Pero ese es el acceso que se ha logrado, en base, fundamentalmente, a un buen trabajo desde el punto de vista sanitario.

Pero si lo vemos desde el punto de vista arancelario, la realidad es totalmente distinta. Más del 80% de las exportaciones de carne vacuna que hace Uruguay no tienen ningún tipo de preferencia arancelaria, la mayoría de ello se destina a China, EE.UU y UE (en ambos casos, extracuota). Hay un 8% que se coloca en cupos de uso exclusivo para Uruguay (es el caso de la cuota Hilton a la UE y el cupo en Estados Unidos). Y el 10% restante es con preferencia en cupos que pueden usar todos los países habilitados sanitariamente (cuota 481, cuota de carne congelada en Estados Unidos [GATT/Bilan] y cuota Canadá)

En resumen, llegamos a muchos mercados, tenemos un perfil sanitario muy bueno de nuestra producción, pero la mayor parte de lo que vendemos lo hacemos en desventaja arancelaria. Y ese es el gran desafío por delante. Porque el diferencial sanitario se va agotando, en la medida en que todos avanzan.

—Compitiendo con otros productores que no tienen estas restricciones…

—En esta cancha de la carne bovina, jugamos, por ejemplo, contra Australia y Nueva Zelanda que tienen todos los deberes hechos; no se les escapa ninguna cuestión que pueda otorgar ventajas. Entre otras cosas, esos mercados del sudeste asiático que nos interesa mucho entrar, ellos ya tienen acceso preferencia, vía TLC, con Indonesia, Tailandia, Vietnam.

—Por tanto, vamos bien en lo sanitario, pero en lo arancelario estamos muy atrás.

—El diagnóstico es muy negativo en cuanto a aranceles; pero debemos mirarlo por lo que tenemos adelante: si pensamos en la relevancia de la cadena cárnica en el país, siendo le principal rubro exportador en situaciones de desventaja tan severas, hay una agenda para ganar que es muy importante.

Avanzar en acuerdos que permitan abatir aranceles puede generar procesos muy virtuosos en la ganadería nacional. Un ejemplo claro es la cuota 481; lograrla cambió la ganadería nacional…

—¿En qué sentido cambió la ganadería?

—Es muy particular, son pocas toneladas, compitiendo con otros países, en una ventana que se abre cada tres meses. Es un proceso complicado, pero impulsó un cambio muy importante en la ganadería local.

La UE es un bloque muy protegido; uno de los mecanismos que tiene para asegurar eso es poner barreras arancelarias; si se quiere exportar carne a Europa fuera de las cuotas, se pagan aranceles de entre 40-50%. Por tanto, abren pequeñas cuotas. Desde hace años, vía la cuota Hilton, Uruguay accede pagando 20% de arancel. Cada tonelada que se exporte por esta cuota es un ahorro al país por aranceles de casi 2 mil dólares. Con la cuota 481, que surge de un litigio entre la UE y EE.UU. y en la medida en que no podía excluirse de un mecanismo de esa naturaleza a terceros países, allí entro Uruguay, entre otros países exportadores. Los que utilizan ese canal, con arancel cero, en forma intensa son Uruguay, Argentina y Australia.

Las oportunidades que se disparan, con características específicas, el tiempo en corral, la alimentación del animal. Básicamente enviar un animal joven que haya estado en corral 100 días.

Eso cambió la forma de producir, estar pronto para aprovechar las ventanas de oportunidad con animales de las características demandadas, se establece una dinámica de acuerdos trimestrales entre los frigoríficos y los productores para cumplir con los envíos, etc. Muchos cambios para bien en el sector, sólo con la apertura de una cuota de esas características. Es un círculo virtuoso. Imaginemos qué puede pasar con más cuotas similares con otros mercados, o acuerdos arancelarios más amplios…

—Eventuales cambios en el acceso, ¿qué nuevas dinámicas dispararían?

—Dos dinámicas: desvío de comercio y producción nueva. Por un lado, una ganancia de precios nos lleva a elegir un mercado sobre otro y orientar la producción hacia los que mejor pagan. Lo otro son los incentivos a producir más y poder aprovechar más las oportunidades que se presenten. Un ejemplo. Canadá y México exportando a Estados Unidos no tienen límite, con arancel cero. Nueva Zelanda tiene una cuota de 200 mil toneladas y Australia 440 mil; sin embargo, solo usan la mitad de esa cuota debido al tamaño que tiene. Para Uruguay es a la inversa, tienen una cuota de 20 mil y exporta 30 mil, se excede. Es el único país que exporta a EE.UU. fuera de cuota y por la diferencia, paga arancel completo. Una lógica de discontinuidad donde comenzamos pagando cero y terminamos con 26% de arancel. Es al único país al que le pasa. Los países que tienen acuerdos más profundos pueden pensar en aumentar la producción y hacer negocios sin restricción de volumen en Estados Unidos. En Uruguay, al revés, tienen que pensar en no pasarse de la cuota, porque la ecuación cambia. Es una limitante muy grande que tenemos.

—Esas cuotas especiales que tiene Uruguay no se mejoran sino en base a una negociación general país-país…

— Exacto, Es difícil pensar que un país importador nos vaya a bajar un arancel sin que Uruguay de algo a cambio. No opera así. Para obtener una ventaja, hay que dar algo a cambio y eso es un tratado de libre comercio, por ejemplo. Hay que negociar, firmar acuerdos y poner todo sobre la mesa.

—¿Podemos poner números más específicos sobre la distancia que ponen esas barreras arancelarias de nuestros competidores?

—Veamos un ejemplo. Según cifras de 2019, tanto Uruguay como Australia le exportan a más de 50 países. Sin embargo, los cinco mayores importadores del mundo concentran el 90% de las exportaciones de ambos países: China, Estados Unidos, Japón, Corea y la Unión Europea.

Si Uruguay tuviera las mismas condiciones de acceso y la canasta exportadora de Australia, o sea más ventas a Japón, Corea y Estados Unidos y menos a China, nuestras exportaciones netas (exportaciones – aranceles), aumentarían 15%.

Y si tuviéramos las condiciones de acceso que tendrá Australia en 2025 y la canasta exportadora de Australia hoy, las exportaciones netas aumentarían 20%.

Esto es así porque Australia está en calendario de desgravación con Japón, Corea y China. Sus aranceles son más bajos que los nuestros y están bajando más.

—¿Existe la capacidad para producir más, en la medida en que se logren mejores condiciones de acceso?

—No es mi especialidad, pero los números divulgados recientemente parecen remitir a ello. La producción que tiene un país se define por la velocidad de engorde y la tasa de reproducción de animales. Se trata de mejorar esos indicadores sin vulnerar otras cosas que son importantes; por ejemplo, mejorar los engordes sin hormonas. No cruzar líneas rojas, respetar la biodiversidad y llegar lo más lejos que se pueda entendiendo esos límites, que a la postre son un gran diferencial para el país.

Aumentar la productividad en la medida que se pueda, pero al mismo tiempo abrir oportunidades para colocar más producto en mejores condiciones de acceso, va de la mano.

—A su vez, los competidores se mueven…

—Ya hablamos de productores que exportan más y a precios más caros por las ventajas arancelarias. Pero después hay otros: Brasil y Argentina tienen ventajas de costos y nos vienen cerrando la brecha sanitaria que fue un diferencial a favor nuestro. Se van agotando aquellos mercados a los que, en la región, entrábamos solos. Además, Brasil está en Indonesia, Argentina en Filipinas, y nosotros no. Y está México, que nos viene compitiendo en los dos ejes, tienen ventajas arancelarias y en lo sanitario avanzan mucho. Las ventajas con los vecinos se van agotando.

—¿Cómo avizora el futuro para la producción vacuna?

—Es muy promisorio para la carne vacuna sin duda. En el mundo se producen más de 300 millones de toneladas de proteína animal. Uruguay en carne bovina produce medio millón de toneladas. La gente quiere consumir más proteínas, pero a la vez es más exigente y, en ese sentido, nuestra producción cumple por sus características naturales, bienestar animal, respeto a la biodiversidad. En el mundo, aumenta fuerte la producción de carne porcina y aviar, mientras la vacuna se presenta como un bien más escaso. Y carne con las características de la nuestra, aún más. Por tanto, hay mucho espacio de futuro para crecer, sin ningún lugar a dudas. Uruguay representa el 4% de la carne bovina; en 85% de la carne bovina que se produce en el mundo no se comercializa fuera de fronteras, es decir, se consume en los mismos mercados en que se produce. No tenemos que tener miedo de producir más, en la medida en que se puedan abatir las barreras arancelarias somos hiper competitivos. Lo vemos en las cuotas especiales que tenemos. Tenemos enormes posibilidades de producir más, vender más y a mejores precios. La demanda será fuerte. China creció a más del 50% anual en los últimos cinco años; después está el sudeste asiático con un alza de 6% en la importación de carne vacuna. También Japón y Corea vienen creciendo. Y además, hay nichos pequeños que crecen muy fuerte, como puede ser la producción de carne a pasto para Estados Unidos. Lo mismo pasa con carne orgánica, o sin hormonas, que configura sustitución de productos. En esos nichos, tenemos grandes ventajas.

Pero claro, básicamente, Uruguay completa las cuotas y exporta a China que solo nos cobra 12%. Ahí va toda nuestra producción. Para el resto de los mercados ya somos caros.

—Por otro lado, esa imagen que Uruguay tiene hay que cuidarla mucho, evitar episodios que generen rechazo o recelo del comprador por experiencias negativas…

—Hay que ser sumamente confiable desde lo sanitario y en términos de comunicación, trasmitir de forma fiel qué es lo que producimos y cómo lo hacemos, y ese mensaje mantenerlo en el tiempo. https://www.elpais.com.uy/

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