Cómo se transformó un campo ganadero en agrícola con manejo conservacionista en Uruguay

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Ignacio Sáenz, un productor argentino que se radicó en el 2009, cuenta la experiencia en primera persona. El rol que jugaron las terrazas en los lotes con pendiente y la maquinaria. “En este ambiente los suelos resultan muy parecidos a los de la provincia de Entre Ríos, son vertisoles, pesados y la topografía ofrece bastante pendiente rondando desde el 3% al 5%, es decir algo pronunciada. Tenemos terrazas de base ancha sembrables, y trabajamos con nuestros propios equipos”. Así se expresa desde Paysandú en Uruguay, Ignacio Sáenz quien recuerda que llegó a la zona desde Argentina en el año 2009, con 27 años. Las rotaciones fluyen de manera que si se hizo soja al año siguiente se hará maíz, e intercalan un cultivo de cobertura o trigo. Los cultivos de servicio son vicia villosa como antecesor de maíz y centeno antes de soja.

“Los rindes en trigo van de 3.000 a los 4.000 kg/ha, en soja entre 3.500 a los 4.000 kg/ha, claro que de ser un año sin buenas lluvias como fue la campaña 2019 – 2020 en el que faltó agua durante el llenado y los rindes fueron de 2.900 kg/ha. Y en maíz, se logran a cosecha entre 6.000 a 8.000 kg/ha más o menos”, precisa el productor. Al principio el campo era ganadero, pero se fue volcando lentamente a la agricultura con un poco de trigo, girasol y sorgo. El cambio fue a partir de la llegada de Sáenz y primero comenzaron con 120 hectáreas de soja, y luego sumaron la producción de maíz, para dejar de lado el girasol y sorgo por el problema de los pájaros. La paloma y la cotorra causaron impresionantes destrozos en esos cultivos.“El manejo es todo en siembra directa y las pulverizaciones y fertilizaciones se hacen con maquinaria propia para lo cual tenemos una pulverizadora Metalfor Futur 4000 con 32 metros de barral. Recientemente incorporamos una fertilizadora 4500 también de Metalfor, con sistema de distribución precisa y anchos óptimos de trabajo de 28 metros con urea y 32 metros en materiales con mayor peso. Para las 630 hectáreas de agricultura que manejamos, esos equipos se ajustan perfectamente a nuestras necesidades”, detalla. Para siembra cuentan con una sembradora con dosificación neumática, de 10 surcos a 52,5 cm con la que sembramos soja y maíz, y para los cultivos de invierno una monodisco y dosificación a chorrillo de 24 líneas. En lo que hace a fertilizantes aplican urea para aportar nitrógeno, a razón de 150 kg/ha cada aplicación y hacemos dos por año. También usan súper fosfato triple, en dosis de 150 kg/ha y al voleo entre 3 y 4 meses antes de la siembra de fina. Los operadores de equipos somos tres con mi hermano y un colaborador, que nos subimos a los tractores de acuerdo a los planes de trabajo y a como organizamos los turnos. En realidad, son equipos muy amigables además de que nos mantenemos actualizados con la información que recibimos de la fábrica”, destaca. Con anticipación a que comenzara en el país, la vigencia de los Planes de Uso y Manejo Responsable del Suelo del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca de Uruguay, ya aplicaban una definida rotación de cultivos. Debido a ello no les significó esfuerzos extra seguir la normativa de las autoridades. Tienen prácticamente 200 hectáreas con terrazas en los lotes con mayores pendientes, condición que permite sembrarlas, ya que el ministerio aplica la ecuación universal de pérdidas de suelo, en la que se incluyen entre otros factores los rastrojos y la pendiente, y de allí resulta que se puede hacer agricultura o no. “Y por ello, en algunos lotes podemos sembrar precisamente en función de las terrazas. En esta zona somos unos de los pocos que tenemos estas terrazas de base ancha, que las hace sembrables”, consigna Sáenz. Para construir las terrazas contrataron un agrimensor que las trazó en el terreno, y ellos en dos años de trabajo las construyeron. “En el primer año hicimos 100 hectáreas y en el segundo el resto. Fue con una pala de arrastre que adquirimos precisamente para hacer este movimiento de tierra y de ello resultó uno de los recursos que nos permitió la conversión a la agricultura. En verdad no resultó un trabajo complicado, pero lo hicimos en dos años debido a la inversión de dinero y tiempo que significaron fue algo fuerte, con lo cual se buscó el momento oportuno para su construcción”, recuerda el productor. Luego vino la incorporación de la maquinaria nueva y moderna, que fue otro salto tecnológico ya que lo que se tenía era muy rudimentario. El resultado es que ahora cuentan con buenos equipos y pueden hacer todos los trabajos en tiempo y forma incluida la cosecha. “Es un proyecto en el que las tareas iniciadas hace años van dando sus resultados y el suelo está muy bien estructurado, fruto del tiempo dedicado a los rastrojos y los cultivos de cobertura. Todas las cosas y tendencias tecnológicas que se dan en Argentina y que observo desde acá las voy siguiendo. Lo mismo la maquinaria prefiero la de Argentina, más allá que hay mucha máquina de otros lugares del mundo”, explica Ignacio para finalizar. https://www.clarin.com/

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