De un pigmeo a un gigante en solo una generación

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Por: EMILIO CAZALÁ

 

En 1930 cargaban 5 mil toneladas, hoy un containero carga más de 400 mil. Sin más merito que nuestra longevidad, llevada de la mano por el Creador, nos parece que hemos sido testigos privilegiados de cuantiosos y asombrosos cambios tecnológicos que antes de nosotros otros peregrinos de la vida hubiesen requerido por lo menos dos o tres generaciones para sentir avances como los vistos por nosotros. Ciertamente tenemos la sensación de haber dejado atrás la Edad Media cuando experimentábamos con 11 años la famosa radio galena aunque ya convivíamos con la radio Telefunken a válvulas, cuyas conexiones en una plaqueta no usaban cables como sí ocurrio 42 años más tarde. Los cambios los hemos visto todos, los que se han dado casi sin tregua en el transporte marítimo, terrestre, aéreo, en las comunicaciones —que más vale úselas sin preguntar—, en la fotografía con placas de vidrio, con película 9×12, 36 mm, flash con magnesio, que por excedernos en la carga un día nos expulsaron del salón del barco “Cabo de Buena Esperanza” por la nube de humo que provocamos, y por último la cámara electrónica. Vimos por TV los viajes a la Luna en 1969 y de hecho hemos visitado otros planetas. Hemos visto los aviones “Fortalezas Volantes” de la II Guerra Mundial a los Boing de hoy.

Los barcos.

Pero hablemos de barcos. También durante la II Guerra Mundial y en los siguientes 10 años conocimos los barcos “Liberty” que se construyeron en Estados Unidos a razón de uno por día, con capacidad para 10 mil toneladas. En los 60/70 se agrandaron un poco los barcos pero ya por esos años estaban viniendo los barcos portacontenedores para 400 teus. El primer containero puro que llegó a Montevideo en junio de 1980 fue el alemán “Monte Sarmiento” para 1.200 contenedores que venía con sus propias grúas gantry. Fue un formidable acontecimiento: un barco para más de 20 mil toneladas de capacidad de carga. Ya estaban apareciendo los barcos graneleros de 50 mil toneladas y hemos conocido los mineraleros de 350 mil toneladas. Hoy tenemos los pospanamax para 80 mil toneladas, y en cuanto a los barcos containeros para nuestra área los tenemos de 10 mil contenedores. Los puertos, nuestros puertos latinoamericanos, no han tenido el mismo crecimiento; en realidad Montevideo cambió físicamente en el 2002 cuando apareció la Terminal TCP.

Sorpresa.

Ya no hay nada que nos asombre, aunque la verdad son solo palabras sin el beneficio de la racionalidad, porque si estuvimos otra vez asombrados por la foto de un barco portacontenedores francés, ver su imagen corta la respiración por todo lo que uno puede imaginar. Y pasamos de la seriedad del asunto a la caricatura trayéndolo a nuestro ambiente marítimo portuario: 400 metros de eslora, 59 metros de ancho, 16 metros de calado, 21 mil contenedores, o sea una capacidad de carga de más de 400 mil toneladas equivalentes a 30 barcos de los años 1980. Así que ni soñar con traerlo al Río de la Plata. Primero que no tenemos canales de navegación ni tan anchos ni tan profundos, no tenemos suficiente área acuática para dar vuelta el barco y, sobre todo, se precisarían grúas portainer para descargar este barco que pudieran levantar la pluma 20 metros más arriba de las que tenemos, y para instalar una de estas características habría que reforzan los muelles. Por último, ni por asomo tenemos suficiente carga para llenar este barco ni para una sola vez. Este barco es el “Antoine Saint-Exupéry”, buque insignia de la empresa francesa CMA-CGM, una de las cuatro más grandes del mundo, que hace el servicio Asia-Europa-USA. Con otros barcos de dimensiones más racionales, la empresa CMA-CGM hace servicios al Río de la Plata. La última noticia que tenemos de esta clase de barcos gigantes es que otra de las cuatro empresas más grandes del mundo, que todos sabemos cuáles son, ha ordenado la construcción de varias naves similares a esta.

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