INTERESES ESENCIALES

Por Juan Oribe Stemmer

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Por Juan Oribe Stemmer

Nuestros puertos mueven unos veinte millones de toneladas de carga anualmente. Ese movimiento se concentra en los puertos de Montevideo (carga general en contenedores y un volumen creciente de graneles) y Nueva Palmira (básicamente graneles). Una proporción sustancial de ese tráfico consiste en mercaderías que no forman parte del comercio exterior uruguayo, atraídas a los puertos de nuestro país debido a sus mejores costos y funcionamiento, en comparación con sus competidores regionales. El año pasado, Montevideo movió 888.115 teu que se dividieron en 374.602 teu pertenecientes al comercio exterior uruguayo (42,2% del total) y 513.513 teu en los tráficos de tránsito y transbordo (57,82%). Esta composición de la demanda por servicios portuarios es característica de nuestros puertos. Los demás puertos de la región manejan principalmente cargas pertenecientes al comercio exterior de su país. A medida que mejoran las comunicaciones fluviales y terrestres en el interior de la Cuenca, y que los gobiernos de la región abandonan sus prácticas discriminatorias, toma forma un mercado regional de servicios portuarios cada vez más integrado, en el cual compiten terminales portuarias en diferentes países. Esta situación es ventajosa para los exportadores e importadores quienes pueden elegir entre varias terminales portuarias. También es ventajosa para las compañías navieras que, cada vez más, tienen la posibilidad de elegir los puertos más eficientes para cargar y descargar aquellas cargas y, desde ellos, alcanzar todo el hinterland de la Cuenca del Plata. A ello debe sumarse otro elemento. Predomina un importante proceso de concentración entre las principales compañías navieras dedicadas al transporte de contenedores (el sector más interesante desde el punto de vista de la venta de servicios portuarios). El equilibrio de capacidad de negociación entre los puertos y los armadores ha cambiado a favor de estos últimos. Las decisiones tomadas por una de estas grandes empresas pueden tener serias consecuencias para el futuro de un puerto. La exportación de servicios portuarios que realiza Montevideo apareja considerables beneficios económicos y políticos para nuestro país. Incluyendo tanto a los proveedores de servicios portuarios (que son muchos) como a los exportadores uruguayos que, gracias a ese tráfico adicional de contenedores y cargas, tienen acceso a servicios de transporte marítimo de una calidad y a un costo que no justificaría exclusivamente el comercio exterior uruguayo. Con gran sensatez, la Administración Nacional de Puertos realiza esfuerzos considerables para atraer cargas del resto de la Cuenca del Plata, especialmente del Paraguay.

Todo lo anterior es obvio.

Pero, ahora nos encontramos con que un sindicato uruguayo se embarca en una campaña dirigida contra las barcazas paraguayas que acuden a Montevideo. Las mismas que tanto necesitamos atraer a nuestros puertos. La prensa paraguaya informa que las trabas a la operativa de las barcazas en Montevideo han causado demoras a embarques de exportaciones perecederas. También se ha informado que una de las principales compañías navieras ha anunciado que las cargas con destino final al Paraguay serán transbordadas en el puerto de Buenos Aires, en lugar del de Montevideo.

¿No hemos aprendido nada?

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