Capitana entrena marinos y aspira a ser “sabia”

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Por Emilio Cazalá

Con Janke Kingma, capitana del Buque Escuela holandés “Europa”. Ni lo piense por un instante, por el contrario ella es alta, elegante, joven, de ojos azules con la figura que toda mujer querría tener, diríamos que con un poco de cosmética entraría en una zona perturbadora; ella es Janke Kingma, (38) capitana del Buque Escuela holandés (privado) “Europa” que por dos días visitó Montevideo. No espere encontrar detrás de ella a la Mujer Maravilla, sino simplemente una mujer inteligente, muy profesional, educada, dueña de sí misma, y sobre todo nos pareció una mujer, culta, de reflexiones ponderadas, con una fuerte vocación por la lectura de la Historia, una materia que al parecer está en sus objetivos de futuro, más allá de su profesión marinera. Las preguntas se sucedieron y las respuestas, transparentes vinieron en un tono de voz amable, suave, própio de una médica en su clínica.

Experiencia.

Pero vamos a la experiencia personal vivida en esta entrevista que no careció de sorpresas. La habíamos pactado para el martes 13, a las 10 horas, considerando que la nave zarparía al día siguiente por la mañana la que sería sustituida por un capitán. Llegamos al costado de la nave y vimos su cubierta por debajo del nivel del muelle, El velero lleva 50 personas en total, tiene un largo de 40 metros, pero para uno de afuera todo está apretado, no sobra el espacio, los tres mástiles ocupan lo suyo, y los aparatos auxiliares comparten el resto del espacio, Entretanto, la lluvia no daba tregua, recorrimos parte de la cubierta y una escalera que llevaría a otra cubierta para llegar al camarote de la capitana muy empinada para un periodista mayor sin entrenamiento, que puso fin al objetivo. Subimos como pudimos, desandamos el camino, desembarcamos y nos metimos en el auto, bajo lluvia torrencial. Minutos más tarde llega a nuestro remise la capitana acompañada de Laura Olazábal y Gabriela Elefteriuu, representantes de agencia Marítima Universal Shipping y todos nos protegimos de la intensa lluvia que por momentos arrecia sin piedad. Esto es insólito, porque de pronto nos encontramos en el asiento trasero del remise haciendo un reportaje periodístico. A los dos minutos, la realidad nos envuelve a todos y aparecen las primeras sonrisas con las presentaciones formales. La capitana encantada por lo original de la entrevista, se presenta: “Bueno, soy la capitana, tengo padre, madre, hermanos y no tengo marido”. Nos pareció entender hacia el final de la frase que “era difícil para una mujer que estaba poco en la casa”. A bordo se enseña a los viajeros que toman el curso por dos, tres o cuatro meses todo lo concerniente a la navegación deportiva, incluso manejarse en las exigencias de un velero como el que navegan. Se enseña prácticamente los principios de la navegación pero se comienza y muy fuertemente por cursos de seguridad personal para preservar la vida. Se adquiere entonces la habilidad de moverse con riesgos mínimos. Luego se pasa a los cursos habituales que incluye desde izar las velas hasta la limpieza del barco, maniobras con los cabos en navegación, las cosas del mar y los vientos, entrada y salida de puertos y hacer guardias a bordo como lo hace cualquier marinero, No se obliga a nadie hacer lo que no desea. Los viajeros aspirantes pagan un promedio de 100 dólares por día cuando se navegan los océanos y un poco más cuando se va a la Antártida. Se afirma que quien hace el curso a bordo está en condiciones de comandar su propia nave.

Capitana.

La tripulación consta de 16 personas, 8 hombres y 8 mujeres y a todos los gusta navegar, así que se divierten junto a los aspirantes que a mediados del curso todos se conocen y se sienten integrados como un equipo disfrutando del viaje en confraternidad. Son cursos mayormente para quienes han comprado una embarcación deportiva o tienen el proyecto de adquirirla y necesitan tener los conocimientos para dominarla con un manejo seguro. Son personas comunes, no necesariamente ricas, que además sin tener embarcación alguna desean experimentar la emoción de vivir y trabajar a bordo de un Buque Escuela donde se aprende de todo incluso a templar el espíritu. Pero como dijimos, la seguridad personal es el aprendizaje primero de los aspirantes, y luego viene cómo se hacen las cosas.  Por lo que pudimos concluir tras la entrevista, en la capitana no hay nada dramático ni siquiera en la fortaleza de su vocación marinera, sino más bien un profundo sentido de responsabilidad por la profesión elegida. Sus padres y familiares estaban en el tema marinero, y cuando ella tenía 14 años los padres le construyeron una embarcación donde pasaba los fines de semana y en las vacaciones y eso la hizo marinera. Cuando llegó a los 18 años y suponemos cursado el bachillerato, se decidió por la carrera de Piloto Mercante. Así que sin dramatismos optó a los 18 años por esa camino, se recibió y un buen día entró de capitana en esta nave. ¿Qué va a hacer con tanto dinero y sola? Tras una carcajada nos dice que por ahora se acaba de comprar una casa que terminó de pagar y apenas retorne a su pais, en dos días más, la habitará por primera vez. “Es el principio, si surje algo ya tengo la casa”, dijo con cierto humor. Le comentamos que lo normal sería que por la acción de Dios o de la casualidad, le surja el gran amor y eso le cambiaría la vida. Con un gesto de cabeza afirmativo así lo cree, entretanto seguirá trabajando como capitana. Pero como esperanza de futuro -fue otra de las preguntas-, nos respondió que “desea ser una mujer sabia”. Creemos que quiso decir seguir agrandando sus conocimientos en áreas humanísticas. “Yo ya hice cursos de Historia, de hecho tengo un doctorado, en un tema que me apasiona y a lo mejor me focalizaré en la Historia”. La idea que nos dejó es que por ahora seguirá en el tema de capitana, la paga es muy buena, pero su horizonte es otro. Es una mujer joven con tiempo y esperanzas.

La nave.

Esta nave pertenece a una compañía establecida, que sostiene el barco como Buque Escuela sin fines de lucro o sea que todo lo que recauda lo invierte en salarios y en mantener y mejorar el estado de la nave. Ella navega en esta nave unos tres meses y vuelve a su casa. Preguntamos a la capitana que es lo que más extrañaba si el barco o el hogar y expresó que siempre es lo mismo, cuando falta una semana para dejar el barco está deseando llegar a su casa y lo mismo a la inversa. También preguntamos donde se sentía más libre si a bordo o en su casa; al parecer estar en el medio del océano sin nada alrededor, sin la abrumadora edificación de la ciudad que por momentos parece oprimir, a ella el barco le da más aunque nos parece que a esta respuesta le falta algo más. En el barco, los tripulantes y los viajeros y en su casa es casi lo mismo.  https://negocios.elpais.com.uy

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